Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Los costes de la transición energética

Los derechos de emisión de CO₂ encarecen la factura eléctrica y generan rechazo social. Hay que adaptar la regulación a la nueva realidad climática y tecnológica.

Paneles solares en Andalucía, en una imagen de archivo.
Paneles solares en Andalucía, en una imagen de archivo.Gabriel Navas (Europa Press)

Los expertos del panel intergubernamental de cambio climático han publicado su informe actualizado. El pequeño planeta Tierra tiene en su atmósfera la mayor acumulación de dióxido de carbono de los últimos dos millones de años. El despegue económico del siglo XX no tiene precedentes en la historia, especialmente desde la Segunda Guerra Mundial. Somos los humanos los causantes de estas emisiones y la temperatura de la Tierra aumenta más rápido de lo previsto.

La recomendación es reducir las emisiones y hay consenso social. El problema es decidir cómo hacerlo. Y aquí el consenso es complejo de alcanzar. Los fondos europeos priorizan esa transición y la nueva administración Biden en EE UU también abandera la transición verde. Desde 2007 y hasta 2019, antes de la pandemia, tanto Europa como EE UU habían reducido sus emisiones de CO₂. El reto exigirá inversiones billonarias, públicas y privadas, y generará millones de empleos en nuevos sectores.

Pero China las ha aumentado un 50% y la India las ha doblado. No obstante, las emisiones por habitante en ambos gigantes siguen estando muy lejos de las europeas y de las estadounidenses. En Occidente se ha creado un mercado de emisiones y las empresas contaminantes deben comprar esos derechos. El mercado permite internalizar los efectos externos de esas empresas con el objetivo de incentivar la producción con menos emisiones. Ese mercado en Europa atrae a muchos inversores que huyen de los tipos negativos de la deuda pública y la presión de demanda ha doblado sus precios. Esto afecta principalmente a los precios de la electricidad y pone en riesgo cientos de miles de empleos industriales.

China y la India siguen teniendo cientos de millones de personas en la pobreza extrema y en Europa y en EE UU la nueva economía aumentará el empleo y el nivel de vida. Pero en la transición habrá perdedores. Es un dilema similar al del proceso de globalización. Europa y EE UU tienen sistemas democráticos y los científicos emiten sus recomendaciones a los gobiernos. Pero serán los ciudadanos en las urnas los que decidan el camino y la velocidad de la transición.

Los efectos de las emisiones sobre el clima son complejos y no lineales. Y los costes sociales de la transición también lo son. Por ambas razones la línea recta hacia el objetivo único de reducción de emisiones a cualquier coste es muy probable que no sea el camino más eficaz y rápido para conseguir el reto. El anuncio de una subida del impuesto al diésel en Francia puede convertirse en la tumba política de Emmanuel Macron.

En Europa y en España lo estamos viendo con la subida del precio de la luz. La presión del consumo en China ha subido los precios del gas hasta máximos desde 2017 y eso explica la mitad de la subida del precio de la luz. Y los derechos de emisión de CO₂ también lo encarecen y generan rechazo social. Hay que adaptar la regulación a la nueva realidad climática y tecnológica. El riesgo es pasarte de planificación, cargarte las señales de precios y parar en seco la inversión, lo cual nos llevaría a fracasar en el reto de reducir las emisiones.

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