EL FUTURO ECONÓMICO DE AMÉRICA LATINA

Adriana Arreaza: “El impacto económico de la covid en América Latina será mayor que en cualquier otro lado”

La directora de macroeconomía del CAF asegura que muchos países deberán enfrentar problemas estructurales como la informalidad o el acceso a la educación

Adriana Arreaza, directora de estudios macroeconómicos del CAF
Adriana Arreaza, directora de estudios macroeconómicos del CAFCAF

Adriana Arreaza estaba en un viaje de trabajo en Brasil cuando se reportaron los primeros casos de coronavirus en América Latina. Antes de regresar a su Venezuela natal, viajó también a Colombia y a Panamá; un itinerario que, apenas unos días después, ya no sería posible. “A la semana comenzaron las cuarentenas estrictas acá y ahí me di cuenta de que esto ya era otro nivel de pandemia”, dice por videollamada desde su casa en Caracas. Impecablemente vestida con un saco blanco, Arreaza habla con EL PAÍS un viernes por la mañana. “La región todavía no ha logrado dominar la pandemia y cada vez más uno cae en cuenta de que esto, quizás, es algo con lo que vamos a tener que convivir por más tiempo de lo que inicialmente pensábamos”, dice la economista.

Su trabajo como directora de estudios macroeconómicos en CAF-Banco de Desarrollo de América Latina se volvió de pronto mucho más sensible al tiempo. Tratar de estudiar el impacto económico a mediano y largo plazo en la región tomó el ritmo vertiginiso de la incertidumbre. Desempleo, déficits fiscales, apoyos sociales, inversión productiva: los datos e indicadores de cada país son su materia de trabajo y, cuando fluctúan cada día, se vuelve más difícil pronosticar lo que viene. “Como a América Latina le ha pegado de una manera tan fuerte, más que a otras economías emergentes, eso ha determinado que el impacto económico acá en la región será mayor que en ningún otro lado”, dice Arreaza, también profesora en la Escuela de Economía de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

P. Hemos visto que bancos y organizaciones multilaterales han actualizado sus pronósticos de crecimiento económico muchas veces en estos últimos meses por la pandemia, algo que no solían hacer. ¿El CAF ha tenido que hacer lo mismo?

R. Nosotros estimamos una caída de 8,6% para este año y una recuperación de alrededor del 4% para 2021. Como dices, progresivamente las estimaciones han ido cambiando en nuestro caso también. Hace unos meses estimamos una caída un poco mayor al 9%, pero recientemente lo que hemos visto es que la recuperación en algunas economías ha sido más acelerada, en particular en Brasil, que es la economía más grande de la región. Y cuando sacas el promedio ponderado eso influye en la cifra. Pero hay una dispersión inmensa que en la región. Tienes países con caídas de dos dígitos, como el caso del Perú, donde en estos momentos esperamos una caída del récord de 13%, y países que solamente van a caer alrededor de un 3%, como los casos de Uruguay y Paraguay, donde no pegó tan fuerte la pandemia.

Lo que es innegable es que el impacto ha sido muy fuerte y, hasta tanto no se logre controlar la pandemia, no va a retornar de manera sólida la confianza de las empresas y los consumidores para hacer lo que las empresas y los consumidores que es salir a la calle, comprar bienes y servicios. Eso no va a ocurrir hasta tanto no se logre controlar. Y por supuesto, va a haber impactos muy distintos en la región. Quizás, por ejemplo, los productores de energía, porque el precio de la energía no se ha recuperado, van a tener una recuperación un poco más aletargada. Los países que dependen mucho del turismo como los del Caribe también tendrán una recuperación un poco más lenta que en un país donde las políticas públicas fueron bastante agresivas en términos de inyectar gasto a las economías o políticas monetarias laxas. Ahí también hay un espacio para que durante esta fase de hibernación, donde la actividad ha estado más o menos detenida, no hayan muerto una cantidad importante de empresas y una vez que la demanda se reactive, pues tenga capacidad de oferta para responder a esa demanda.

P. Durante esta pandemia y desde los incendios forestales en Australia, luego en Brasil y ahora en Estados Unidos, ha surgido una discusión sobre el costo y la viabilidad del crecimiento económico sin fin. La activista ambiental Greta Thunberg lo llamó un “cuento de hadas”. ¿Cuál cree usted que es en el futuro de esta idea del crecimiento económico?

R. Esto es algo que ha venido ocurriendo de una manera muy heterogénea en el mundo. Pero yo creo que hay una mayor conciencia de la importancia de tener un crecimiento que sea ambientalmente sostenible. El tema de energías limpias, del reciclaje, el tema de la eficiencia en el uso de la energía es algo que hace un par de décadas ni siquiera estaba presente en el debate y en este momento sí. Por supuesto que hay ciertas dificultades en algunas economías emergentes que quizás no son muy eficientes en el uso de energías limpias y que desde Occidente se dice que esto no es viable. La repuesta suele ser: ‘Para llegar hasta donde están, ustedes también tuvieron que contaminar por dos siglos. Ahora es nuestro turno’. Ahí hay una complicación.

Los temas ambientales generan externalidades muy negativas en las ciudades. Tú que estás en Ciudad de México conoces el problema. Hay ciertas cosas que te comienzan a tocar directamente y es aquí donde se comienza a reaccionar. Quizás aquí yo soy un poco optimista, en la medida en que veo que hay capacidad para adaptarse, que el tema del cambio climático está presente en las discusiones. Quizás hay países que estén más o menos dispuestos a moverse, pero creo que al final del día todos vamos a terminar moviéndonos hacia un crecimiento un poco más sostenible de lo que estamos viviendo en estos momentos y que efectivamente se van a hacer algunas de las reformas necesarias.

P. Hablando del futuro, ¿cómo se verá la economía de América Latina? ¿Cuál es el futuro de la región?

R. La región venía de un período de bajo crecimiento y estaba en marcha una recuperación relativamente moderada. La covid descarriló esa recuperación. Pero eso no fue lo único que descarriló, sino que puso al descubierto problemas estructurales de la región, la debilidad de los sistemas de salud pública, las capacidades del Estado. Esto fue en América Latina quizá es más evidente, pero no solo pasó aquí. Ha habido temas de corrupción en las compras de emergencia en muchos países. La desigualdad en términos de ingreso, en términos de acceso a la educación. Hoy la región va a tener que, de golpe, enfrentar algunos de estos temas estructurales que tenía pendiente.

Y para algunos países la situación fiscal también se ha hecho mucho más complicada. Hemos visto como algunas economías que estaban en la situación de liquidez comprometida pasaron a una situación de insolvencia y han tenido que estructurar sus deudas. Otros países van a convivir con niveles de endeudamiento más elevado y van a tener que recurrir a cierta austeridad a mediano plazo. Y otras economías que tenían más espacio fiscal, no van a tener quizás sus problemas sustanciales, pero eso es una minoría de países.

Hay una situación muy compleja hacia adelante y yo creo que una tarea importante de la región es ese desempleo que vamos a tener. El problema de la informalidad es muy delicado, es grave en la región, porque son trabajos no solamente de poca productividad, sino de bajos ingresos y sin acceso a sistemas de seguridad social. Por lo tanto esta es una oportunidad para hacer algunas de las reformas que tiendan a elevar la productividad de la economía y a tener una mayor formalización.

En la mayoría de los países, muchas de las ayudas del Gobierno se hicieron a través de los programas de transferencias condicionadas que tenías anteriormente, como en el caso de Brasil. En Perú ocurrió algo parecido. Solamente en países que tienen sistema de seguridad social más o menos consolidado, como el caso de Uruguay, eso funcionó como un estabilizador automático de la economía. Entonces tienen una tarea. La informalidad es un problema en la región que afecta directamente a las personas. Hay esta tarea, esta oportunidad, por decirlo así, de hacer algunos de los cambios para formalizar más a las economías.

Hay un equilibrio bastante complicado porque tienes esta tarea de preservar la sostenibilidad fiscal, tienes esta tarea de hacer malabarismos con el gasto hacia algo que te permita un mayor crecimiento y el cierre de las brechas de infraestructura. Y por otro lado, deberías tener una serie de reformas para alentar un crecimiento más sostenido a mediano y largo plazo. Esto es una tarea difícil para la región, que deberá enfrentarla en los próximos años.

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