La chequera pública echa humo en Canadá

El Gobierno de Trudeau tira de gasto público para luchar contra la covid, generando un gran desequilibrio presupuestario

Una de las tiendas de la ciudad de Toronto que se ve obligada a echar el cierre por el impacto de la pandemia.
Una de las tiendas de la ciudad de Toronto que se ve obligada a echar el cierre por el impacto de la pandemia.NurPhoto

Justin Trudeau ha señalado en distintos momentos que su Gobierno hace todo lo necesario para apoyar a los canadienses y a su economía durante la pandemia. Canadá ha sido uno de los países que más ha sacado la chequera para contener los estragos de la covid-19. Aunque este río de dinero ha producido un nivel de desequilibrio en sus cuentas que no se veía desde la Segunda Guerra Mundial.

En 2019, el déficit público fue de 34.400 millones de dólares canadienses (22.300 millones de euros). El Gobierno calculaba unos 28.100 millones en 2020, pero el coronavirus alteró seriamente la hoja de ruta. El 29 de septiembre, la Oficina del Director Parlamentario del Presupuesto (ODPP) anunció que este año el agujero llegará a 328.500 millones de dólares. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), el déficit de Canadá es el que más se ha disparado en 2020 entre las economías desarrolladas: 19,9% del PIB.

El colosal incremento del déficit se explica por distintos programas. Por ejemplo, prestaciones de urgencia a autónomos y estudiantes, apoyos al alquiler comercial, préstamos al sector agroalimentario y subsidios salariales. A esto se suman, entre otras iniciativas, acondicionamiento de escuelas, inversiones en investigación y compra de material de protección y pruebas de detección.

“Ontario y Alberta, donde gobiernan los conservadores, nos dan una idea de qué habría hecho un Gobierno conservador federal. En estas provincias se optó, por ejemplo, por posponer el pago de impuestos y reducir facturas de ciertos servicios. Trudeau recurrió a ayudas directas. Muchos no habrían sobrevivido económicamente a la crisis sin esta gran inyección de dinero, pero con dos consecuencias: el déficit y la falta de controles más estrictos para distribuir las ayudas. Son puntos criticados por los conservadores, aunque los liberales sostienen que había que actuar con rapidez”, comenta Geneviève Tellier, profesora de finanzas públicas en la Universidad de Ottawa. El Parlamento aprobó una propuesta conservadora (secundada por el Bloque Quebequés y el Nuevo Partido Democrático) para examinar la estrategia y las medidas gubernamentales por la covid-19.

El FMI señala en sus previsiones de octubre que el PIB canadiense caerá un 7,1% este año, en vez del 8,4% anunciado en junio. “Ya estamos viendo algunos beneficios. La recuperación en el mercado laboral en casi todas las mediciones ha sido mucho más fuerte que en EE UU, donde la incertidumbre fiscal y la inacción han propiciado un viento en contra en los últimos meses”, según escribieron en una nota a clientes Warren Lovely, Taylor Schleich y J. Paquet, economistas del National Bank of Canada.

Iniciativas

El 23 de septiembre tuvo lugar el Discurso del Trono, un acto que reinicia los trabajos parlamentarios y donde se escucharon los puntos del plan de Trudeau para la segunda fase de la pandemia. Destacaron elementos como la prolongación de los subsidios al empleo y al alquiler comercial, al igual que ayudas a sectores específicos (como el turismo y la cultura). Sin embargo, también se anunció la intención de crear una red canadiense de guarderías públicas (similar a la de Quebec), un seguro de medicamentos y un fondo para las empresas poco contaminantes.

Cuando la ODPP indicó que el déficit llegaría a 328.500 millones de dólares, también precisó que en esta cifra no consideraba los proyectos enumerados en el Discurso del Trono. “Las nuevas medidas probablemente agregarán otros 30.000 millones de dólares, mientras que el déficit del próximo año podría ser de alrededor de 200.000 millones”, advertía en un informe Doug Porter, economista de BMO Capital Markets. La ODPP considera que el crecimiento podría alcanzar niveles anteriores a la pandemia a principios de 2022, pero con una pérdida en la productividad por el efecto combinado de la covid-19 y la caída del precio del petróleo.

Trudeau ha dicho que los bajos tipos de interés permiten al Gobierno continuar ayudando a ciudadanos y empresas. La ODPP indicó que la deuda pública fue de 721.000 millones de dólares en 2019; este año llegará a 1,05 billones y rondará los 1,30 billones en 2025. Chrystia Freeland, ministra de Finanzas, declaró: “El riesgo de retirar nuestro apoyo demasiado pronto es más grande que el de gastar mucho”, lanzando enseguida un mensaje contra la imagen de un barril sin fondo: “Pero nuestra perspectiva presupuestaria por la covid-19 será limitada y temporal”.

Luc Godbout, profesor en la Escuela de Gestión de la Universidad de Sherbrooke, comenta: “Antes de la pandemia, Canadá tenía una tasa de endeudamiento más débil [25,9% de su PIB en 2019] que la media entre los miembros de la OCDE o del G20. Esta situación envidiable y los tipos bajos permitieron al país financiar los programas por la covid-19. La deuda llegó al 46,9% del PIB en 2020, poco más de la mitad de la media entre las economías desarrolladas”. Godbout precisa que una parte considerable del déficit consistió en ayudas no recurrentes (como las prestaciones de urgencia a autónomos). “Sería una buena idea trazar un camino de retorno al equilibrio para enviar un mensaje sobre el grado de control y asegurarse, en caso de un nuevo golpe duro, de que hay margen de maniobra para actuar adecuadamente. Sin embargo, no debe darse a costa de restricciones rápidas o inmediatas en los gastos”, agrega.

Para Pedro Antunes, economista jefe de la Conference Board of Canada, el plan de Trudeau presentado en septiembre busca cambios de gran calado en seguridad social, medio ambiente y capacitación, “en un momento en que el gasto público ya se encuentra en niveles poco vistos para evitar los efectos de una crisis económica masiva inducida por la covid-19”. De acuerdo a Antunes, “esto solo puede financiarse, a largo plazo, ampliando la base de ingresos del Gobierno”.

El Discurso del Trono solo hizo somera referencia a las grandes fortunas. Por ejemplo, limitar las deducciones por compra de acciones y reducir la evasión fiscal de los gigantes digitales. El Instituto Broadbent propone ir más allá y sugiere eliminar las exenciones fiscales para las ganancias de capital y los dividendos, así como un aumento (postpandemia) en impuestos al consumo. “Las grandes reformas fiscales en Canadá se produjeron en periodos de crisis importantes. Pensemos en las dos guerras mundiales. La pandemia puede ser una buena ocasión para sopesarlo”, expresa Geneviève Tellier.

“Corresponde a la ministra Freeland tranquilizar a las agencias de calificación y a los inversores mediante un plan de recuperación a largo plazo”, según los economistas del National Bank of Canada. Freeland sostuvo un encuentro con los parlamentarios el 5 de noviembre respecto a la prolongación de los subsidios al empleo y al alquiler comercial, ya que Trudeau presentó una iniciativa pocos días atrás sobre estos puntos. Sin embargo, la ministra no adelantó cifras sobre el incremento del déficit o de la deuda por estas ayudas. Dijo que esas proyecciones vendrían en una actualización fiscal a finales de este otoño, pero no fijó una fecha concreta. Tampoco hizo referencia a los demás proyectos de los liberales mencionados en el Discurso del Trono. Se espera que la ministra brinde mayores respuestas al cúmulo de dudas cuando presente dicha actualización.

Hasta el momento, sólo la agencia Fitch ha reducido la nota de crédito de Ottawa. Una encuesta de la firma Maru/Blue, publicada el 13 de octubre, arrojó que el 67% de los canadienses consultados quiere que el Gobierno ponga atención en el crecimiento desmesurado del déficit. Sin embargo, en otra pregunta el 57% está de acuerdo en que aún no es momento de controlar el gasto.

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