Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Los retos del sistema de pensiones ante la covid

La consecuencia inmediata de la repentina reducción de la actividad es la generalización de vacíos de cotización

MARAVILLAS DELGADO

La emergencia sanitaria provocada por la covid-19 y el parón de actividad motivado por el confinamiento han asestado un duro golpe a la economía mundial y han provocado una crisis sin precedentes desde la Gran Depresión de los años treinta del siglo XX. Al margen de las dolorosas consecuencias humanitarias de esta pandemia, la crisis económica tendrá también un enorme impacto presupuestario en todos los programas de bienestar, incluidos los sistemas de pensiones.

Una de las consecuencias inmediatas de la repentina reducción de la actividad entre los meses de marzo y mayo es la generalización de vacíos de cotización en la carrera laboral de muchos trabajadores debido al desempleo. Y aunque la generalización de los ERTE ha amortiguado el impacto de la crisis en el empleo, la tasa de paro media en 2020 podría aumentar al 17,4%, según las últimas previsiones de BBVA Research.

En un estudio reciente sobre el impacto de la pandemia, el Foro de Expertos del Instituto BBVA de Pensiones alertaba de que los ceses de actividad pueden acabar siendo muy negativos tanto para los derechos futuros de pensión de los trabajadores como para la sostenibilidad instantánea del sistema de pensiones. La Seguridad Social española ya arrastraba un déficit de en torno al 1,4% del PIB a finales de 2019; un déficit que aumentará en 2020 como resultado de la crisis y el descenso de las cotizaciones sociales por el aumento del desempleo. A medio y largo plazo, si no se toman medidas, ese déficit seguirá al alza como consecuencia del incremento de la esperanza de vida y de la jubilación de la generación del baby boom.

Una vez agotado el fondo de reserva de la Seguridad Social, que cumplió su cometido durante la crisis de 2008 a 2013, a corto plazo el sistema necesita recursos adicionales para poder pagar las pensiones. Pero es necesario abordar reformas estructurales del sistema de pensiones para garantizar su sostenibilidad y, al mismo tiempo, su capacidad para pagar pensiones suficientes.

Ante esta situación, ¿qué perspectivas tienen los españoles sobre su jubilación? En la última encuesta del Instituto BBVA de Pensiones, un 64% del total de los jubilados o perceptores de alguna pensión afirmaban que durante el periodo de confinamiento no temieron por el pago de la prestación que reciben. Sin embargo, un 50% de ellos considera probable o muy probable una congelación de las pensiones en los próximos dos años. Entre la población mayor de 18 años, la percepción generalizada es la de que es necesario ahorrar para la jubilación. De hecho, solo un tercio de los entrevistados declara que ha comenzado a ahorrar para su jubilación. Pero tres cuartas partes de quienes no lo han hecho consideran conveniente hacerlo.

Hay mucho margen de maniobra para realizar reformas de nuestro sistema de pensiones como las realizadas por otros países. Recientemente hemos visto cómo ha salido adelante en España una iniciativa como la del ingreso mínimo vital y perfectamente podría prosperar una reforma del sistema de pensiones que resolviera los problemas de su sostenibilidad de una manera eficiente y equitativa, y que tuviera en cuenta a todas las generaciones.

Claves para la reforma

La reforma debería incluir mecanismos automáticos que blinden el sistema de reparto ante los cambios demográficos, económicos y sociales. Deberíamos transitar cuanto antes a un sistema de reparto con cuentas nocionales individuales, con edad flexible de jubilación y pensiones mínimas que crezcan con la renta per cápita media. El sistema se hace así más contributivo, justo, transparente, eficiente y permite que el poder adquisitivo de las pensiones quede blindado. Además de asegurar la sostenibilidad del sistema, todo esto contribuiría a mejorar su eficiencia, incentiva la prolongación de las carreras laborales, la creación de empleo y el aumento de la productividad, los salarios y las pensiones.

Debemos empezar ya a trabajar en el sistema de pensiones, estar ya diseñando las pensiones de 2030, porque necesitamos que los cambios sean graduales en el tiempo, dar un plazo suficientemente amplio para que toda la sociedad se pueda adaptar progresivamente, dado el carácter intergeneracional del sistema. No hacer nada sobre el sistema de pensiones español no es una opción, dados los importantes retos que afronta tanto a corto como a medio plazo.

Luis Vadillo es director del Instituto BBVA de Pensiones.

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