FONDO DE RECUPERACIÓN EUROPEO

Los líderes europeos debaten una propuesta con menos subsidios y con más control sobre el dinero del fondo de recuperación

La nueva oferta de Charles Michel rebaja en 50.000 millones de euros las ayudas previstas. España recibiría unos 5.000 millones menos con la nueva fórmula

El presidente del Consejo Europeo (en el centro a la izquierda) charla con la canciller alemana, Angela Merkel; el presidente francés, Emmanuel Macron, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen (los tres a la derecha), este sábado.
El presidente del Consejo Europeo (en el centro a la izquierda) charla con la canciller alemana, Angela Merkel; el presidente francés, Emmanuel Macron, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen (los tres a la derecha), este sábado.Francisco Seco / AP

La cumbre europea se ha complicado mucho más de los previsto, y no era poco. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ha ofrecido este sábado un reajuste de las ayudas del fondo de recuperación y un control más estricto de su desembolso para intentar esquivar el veto del primer ministro holandés, Mark Rutte. La nueva propuesta rebaja en 50.000 millones los subsidios previstos, recortando drásticamente partidas como la de apoyo al plan de inversión de la Comisión Europea y sacrificando el capítulo destinado a la recapitalización de empresas en dificultades, pero mantiene en 750.000 millones de euros el volumen total del plan de relanzamiento económico para luchar contra los efectos de la pandemia. La negociación es intensa. España e Italia tratan de lograr una cantidad de subsidios que se acerque lo máximo posible a la cifra inicial defendida por Alemania y Francia de 500.000 millones, pero cada hora que pasa parece más difícil evitar las concesiones ante la resistencia en especial de Rutte. Fuentes españolas admiten la enorme dificultad de resistir el embate de los llamados frugales pero confían en que el resultado sea aceptable sobre todo gracias al margen que da el hecho de que la propuesta inicial de la Comisión Europea, respaldada por los cuatro grandes países del euro -Alemania, Francia, Italia y España- y varios aliados más, era tan voluminosa que permite margen de negociación.

El documento de Michel, fechado este sábado 18 de julio, llega tras una primera jornada de la cumbre que el viernes acabó en un completo bloqueo. Rutte exigió que el desembolso del fondo se autorice por unanimidad, una hipótesis que para el resto de socios equivale a condenarlo a la inoperancia. Y el holandés, junto a sus aliados autodenominados frugales —Suecia, Austria y Dinamarca—, reclamaron también una rebaja en la cuantía de las ayudas previstas y un cheque de descuento multimillonario en su aportación al presupuesto de la Unión Europea durante el período 2021-2027.

La canciller alemana, Angela Merkel, con su homólogo francés, Emmanuel Macron, en la cumbre de Bruselas. En vídeo, la propuesta a Holanda.EFE | VÍDEO: ATLAS

La segunda jornada de la cumbre ha arrancado este sábado con una reunión previa, convocada por Michel, entre las principales partes enfrentadas, representadas por Rutte y por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, representantes de los dos países más golpeados por la crisis económica de la covid-19. Al encuentro han asistido también la canciller alemana, Angela Merkel, el presidente francés, Emmanuel Macron, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

La cita ha redoblado la presión sobre Rutte para que renuncie a su demanda de unanimidad, pero también sobre Sánchez y Conte para que acepten un control más estricto sobre las reformas que deberán acometer a cambio de las ayudas.

Tanto la reunión como la propuesta de Michel han sido fruto de una noche de contactos, que se iniciaron tras la suspensión del plenario poco antes de la medianoche del viernes. Los 27 se disolvieron y regresaron a sus hoteles tras constatar que las negociaciones no solo no avanzaban sino que el ambiente entre ellos se deterioraba peligrosamente.

El grupo “estaba más irritado que esta tarde”, reconocía Rutte al abandonar la sede del Consejo Europeo, donde los 27 se vieron cara por primera vez en cinco meses. El liberal holandés admitía que en el tema de la unanimidad se había encontrado prácticamente solo. Pero advertía de que en otras cuestiones, como el control más estricto, la rebaja de los presupuestos y la exigencia de cheques de descuento contaba con el apoyo de otros socios, en particular, de los autodenominados frugales. Por el contrario, el Italiano Conte, en una intervención grabada a media tarde para su página de Facebook, admitía que la negociación estaba siendo “más complicada de lo previsto” y señalaba a los italianos que el gran problema era Holanda pero también otros frugales. Sánchez se mantuvo en absoluto silencio durante las dos jornadas, después de una breve intervención antes de empezar la cumbre el viernes. Por el contrario, Rutte y la delegación holandesa multiplicaban sus intervenciones en prensa o redes sociales para tratar de utilizarlas como mecanismo negociador.

Michel intentó durante todo el sábado satisfacer esas demandas de Rutte. Su nueva propuesta reequilibra el reparto del fondo y lo deja en un 60% de subsidios (450.000 millones) y un 40% de créditos (300.000 millones), en lugar de 66%-33% como proponía la Comisión.

La cuantía total, sin embargo, se mantiene. Y la joya de la corona, que es el Instrumento de Recuperación y Resistencia, sale reforzada, con un aumento de 15.000 millones hasta los 325.000 millones. Esa es la partida que los cuatro países más grandes —Alemania, Francia, Italia y España— consideran esencial para que el fondo sea efectivo.

La Comisión Europea, en cambio, vería recortadas casi todas las partidas que tienen un carácter más comunitario, como el programa de inversión InvestEU, que pasaría de los más de 30.000 millones reclamados por Bruselas a solo 11.500 millones. También se suprimiría una de las mayores novedades del plan de la Comisión: un fondo de 26.000 millones de euros para la recapitalización de empresas en los países con menos margen fiscal para conceder ayudas de Estado, como es el caso de España o Italia.

En cambio, aumentan los cheques de descuento para algunos de los contribuyentes netos al presupuesto comunitario, como pedían Rutte y sus aliados. El de los Países Bajos se mantendría en 1.576 millones anuales, como ofrecía la primera propuesta de Michel, pero el de Austria subiría 50 millones y los de Suecia y Dinamarca, 25 millones. A ello se une el cheque de Alemania, que se mantiene en 3.671.

En total, la factura de las rebajas, una distorsión presupuestaria, según la Comisión, ascendería a 46.000 millones de euros durante el próximo período presupuestario de siete años. Una factura para todos los socios, incluidos los más castigados por la pandemia, que, en el caso de España, podría rondar los 5.000 millones de euros. Fuente españolas admitían que en este punto de la negociación constantemente se hacían cálculos para ver cuál sería el resultado final para evitar que el impacto del fondo, restados los cheques, fuera mucho menor de lo esperado. España no quería ningún tipo de cheque pero todo indica que tendrá que aceptar algunos muy cuantiosos.

Fuentes oficiales de la delegación española señalaron como “positivo” que la propuesta de Michel mantenga el nivel del fondo en 750.000 millones y que se haya reforzado el instrumento para la recuperación y la resiliencia. Pero a falta de estudiar todos los detalles, creen que “la gobernanza sigue siendo un obstáculo”. Michel concede a los Países Bajos y, por tanto, a cualquier otro socio, un derecho de veto indirecto que podría retrasar o incluso frenar la llegada de los subsidios. A última hora, después de una agotadora jornada negociadora, estas fuentes insistían en mantener el “optimismo” sobre el final de la negociación pero admitían que eran inevitables las concesiones a los frugales.

Más control

En cuanto al control de las ayudas, Michel propone que los planes nacionales de reforma se aprueben por mayoría cualificada en el Consejo de la UE (donde se sientan los 27 Gobiernos), pero que los desembolsos los autorice la Comisión tras escuchar al comité económico financiero (representantes de los ministerios de Economía de los 27). En caso de que ese comité no logre un consenso sobre el cumplimiento de las reformas, un Estado podría pedir que la autorización del pago se elevase al Consejo Europeo y la Comisión debería comprometerse a no ejecutar el pago hasta que los 27 líderes europeos den su consentimiento por unanimidad.

Ese freno de emergencia disgusta a muchas delegaciones y a la propia Comisión Europea, porque podría exponer el uso del fondo al chantaje de cualquier socio que desee lograr otros objetivos políticos o diplomáticos aunque no estén relacionados con las ayudas. Pero Michel confía en que la fórmula sirva, al menos, para esquivar el riesgo de un veto holandés a un plan de recuperación que la mayoría de los socios consideran urgente.

Fuentes diplomáticas holandesas han considerado que la propuesta de Michel “es un paso serio en la buena dirección”. “Todavía sigue habiendo muchos asuntos pendientes y en las próximas 24 horas veremos si lo conseguimos”, advierten. Fuentes españolas admitían que no les gusta la idea de ese freno de emergencia que podría utilizar indiscriminadamente Holanda u otro país, pero insistían en que lo importante es que quede claro que no es imprescindible la unimidad para aprobar los planes, una línea roja para Italia y España.

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