CRISIS DEL CORONAVIRUS

España reafirma su apuesta por América Latina en el momento más crítico de la pandemia en la región

El Gobierno español no ve razones para pensar que esta vez vaya a ser diferente a la crisis económica de 2008, cuando la recesión aumentó la inversión de las empresas españolas en el bloque

El paseo de la Reforma de la Ciudad de México, uno de los principales destinos de las inversiones españolas en el exterior, durante el confinamiento.
El paseo de la Reforma de la Ciudad de México, uno de los principales destinos de las inversiones españolas en el exterior, durante el confinamiento.Gladys Serrano

La crisis de 2008 rozó a América Latina, pero golpeó a España dos veces: en 2009, cuando el PIB de los países occidentales se hundió a plomo, y en 2012, con la crisis de deuda soberana que se cebó con el sur de Europa. Pero la apuesta de las empresas españolas por la región, lejos de debilitarse, se fortaleció aún más. Había argumentos de peso: ante el inexorable declive del mercado interno, con el consumo de las familias y la inversión picando claramente a la baja, muchas compañías miraron al otro lado del Atlántico para equilibrar sus fuentes de ingresos. La apuesta surtió efecto, y de qué manera: en una etapa muy compleja en lo económico para el bloque europeo y de muy bajo crecimiento en América Latina, las firmas españolas más que duplicaron sus inversiones en la región y los exportadores —clave en la salida española de la recesión— se hicieron fuertes en un terreno históricamente abonado. Ese movimiento salvó las cuentas de resultados de muchas en los siguientes años. Una década más tarde, de nuevo con la palabra crisis mucho más presente en la conversación pública de lo que a nadie le gustaría, la pregunta es clara: ¿qué ocurrirá esta vez con las inversiones españolas en América Latina?

“No hay razones para pensar que en esta ocasión vaya a ser diferente”, ha remarcado la secretaria de Estado de Comercio del Gobierno español, Xiana Méndez —quizá el alto cargo de la Administración que tiene un contacto más estrecho con las empresas españolas, especialmente aquellas con vocación internacional— en un debate virtual organizado este lunes por la Casa de América. “Con independencia del impacto de la crisis, España ha venido jugando un papel clave a través de sus empresas, y esa apuesta es una apuesta ganadora y bidireccional. En esta recuperación y en esta crisis no va a ser diferente: no podemos entender nuestro sector exterior y nuestra inversión sin América Latina”. Casi la tercera parte de las inversiones de firmas españolas en el extranjero va hacia el bloque y el número de empleados en su nómina en la región supera ya los 360.000.

“La región es absolutamente vital para España", ha completado en la misma línea Manuel Muñiz, secretario de Estado para la España Global. “Nuestras empresas están muy posicionadas, contribuyen con 20.000 millones de euros a las arcas públicas de los países latinoamericanos y tienen un sello de sostenibilidad ambiental muy importante. Somos un actor responsable que está haciendo cosas de valor”. También como en 2008, la internacionalización de las compañías españolas vuelve a ser prioridad. “Es, nuevamente, el sector que puede funcionar como motor para la recuperación de la economía española. Hoy, incluso, desde una posición más sólida y más competitiva. Es una política casi de Estado, que forma parte de nuestro ADN y sobre la que hay consenso un Gobierno tras otro", ha profundizado Méndez, que ve en los sectores de infraestructura, logística, transporte, atención sanitaria, telecomunicaciones, digitalización y abastecimiento alimentario los nichos más atractivos para la nueva inversión española en el bloque.

Si las oportunidades que ofrecen la región son grandes, los retos también son enormes. Aunque, como ha deslizado el exministro de Exteriores y de Industria Josep Piqué, no se puede hablar de América Latina como un ente único, “sino de muchas Américas Latinas diferentes", hay una serie de rasgos y desequilibrios comunes a prácticamente todos los países: cierto desaprovechamiento de la bonanza de las materias primas, baja recaudación fiscal, altas tasas de informalidad laboral y sistemas sanitarios débiles, rasgos todos ellos que la pandemia exhibe con toda su crudeza y que, en cierta medida, exacerba. “Esta crisis acelera la fractura de precarización y destrucción de empleo, así como un aumento de la desigualdad y la desinformación, con el consecuente vaciado de la clase media y del centro político", ha diagnosticado Muñiz. “Golpea más a los colectivos más vulnerables y en América Latina hay un serio riesgo de aumento de la desigualdad que puede derivar en una mayor desafección política de los ciudadanos”.

En este contexto, el futuro regional, ha agregado Piqué, hoy presidente de la Fundación Iberoamericana Empresarial, “dependerá en buena medida del papel de los organismos multilaterales, sobre todo el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y de la CAF [banco de desarrollo regional]”. “Y hay que seguir apostando por la integración, el multilateralismo, el libre comercio y las economías abiertas. Si no, nos vamos a equivocar gravemente”.

Con China convertida ya en un actor de enorme relevancia en el subcontinente (primer o segundo socio comercial en la mayoría de países del área), la alargada sombra de Pekín planee sobre cualquier debate en torno a la región. Más aún cuando el país asiático, según Herrán, “se está llevando ahora contratos en América Latina que antes se llevaban empresas españolas”. "La presencia de China ya es ya muy importante y si no hacemos bien las cosas seguirá creciendo, con un mayor mimetismo en los comportamientos políticos y democráticos”, ha advertido Piqué. “Hay un consenso en EE UU y Europa en torno a la idea de que el gran adversario es China y, en ese contexto, una relación más estrecha entre Europa y América Latina es fundamental”. En un plano más amplio, Muñiz cree que la sima económica abierta por el coronavirus va a “agravar la colisión geopolítica y geoeconómica entre EE UU y China”. “Vivimos en un G2 tecnológico de fuerte competencia y a Europa nos pone en una posición incómoda, compleja: debemos configurar nuestra propia posición respecto a China, con nuestros propios intereses”.

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