La crisis del coronavirus

Colombia debate eliminar sus numerosos feriados después de la cuarentena

El turismo, uno de los sectores más golpeados por la pandemia, descarta de plano una idea que juzga inconveniente

Las calles vacías del centro histórico de Cartagena, una inusual postal en medio de la cuarentena.
Las calles vacías del centro histórico de Cartagena, una inusual postal en medio de la cuarentena.RICARDO MALDONADO ROZO / EFE

El calendario de 2020 prometía 18 días festivos en Colombia. Ninguno caía en fin de semana, de manera que era un año pleno de los llamados puentes, toda una institución en uno de los países con más feriados en el mundo y en Latinoamérica –aunque seguido de cerca por Argentina y Chile, con México en el otro extremo–. Pero en medio de la tormenta económica que representa el coronavirus, y con una cuarentena nacional obligatoria que el Gobierno de Iván Duque ha extendido hasta el próximo 26 de abril, no todos celebran esas oportunidades de descanso con el mismo entusiasmo.

El viceministro de Hacienda, Juan Alberto Londoño, puso sobre la mesa el espinoso debate. El funcionario propuso que los festivos del segundo semestre “en algún momento” se conviertan en jornadas laborales, “dado que en materia de producción cada uno de estos días tiene un costo alto”. Colombia, como muchos otros países sacudidos por la pandemia, intenta aumentar contra reloj la capacidad de su sistema de salud al tiempo que hace cuentas sobre la mejor estrategia para recuperar el impetu productivo y se esfuerza en conservar los empleos.

La propuesta divide opiniones. “Nos ha tocado quedarnos en casa mucho más de lo que muchos hubiéramos querido. Esa sería, en mi opinión, una idea muy interesante que tendríamos que considerar”, manifestó Bruce Mac Master, presidente de la Asociación Nacional de Industriales (ANDI), en una entrevista con la emisora Blu Radio. Aunque en sectores manufactureros pueda tener alguna acogida, desde las empresas vinculadas de una u otra manera con el turismo, uno de los renglones golpeados con mayor ferocidad por la pandemia, la rechazaron de plano.

“Los días festivos son indispensables para reactivar el turismo interno y el comercio regional”, manifestaron varios gremios en una carta a los ministros de Comercio, Industria y Turismo, José Manuel Restrepo, y al de Trabajo, Ángel Custodio Cabrera. “Cualquier medida implementada en esta crisis debe tener un impacto transversal a todos los sectores económicos”, alegaron en la misiva. En la misma dirección apuntaron los comerciantes, agrupados en Fenalco, pues sus ventas aumentan en los festivos con respecto a los fines de semana regulares. Algunos feriados particulares, como el 8 de diciembre, desatan temporadas de compra.

Colombia tiene ese alto número de sus añorados puentes con el propósito original de estimular el turismo. La ley Emiliani, de 1983, trasladó 10 de esos 18 festivos a los lunes, para no partir la semana y mantener el día de descanso, con lo que llegaron para quedarse. Ya en 2015, un proyecto legislativo que buscaba eliminar algunos precisamente en aras de la productividad naufragó estruendosamente.

Parajes como la isla caribeña de San Andrés, las ciudades portuarias de Cartagena o Santa Marta, el paisaje cafetero o el montañoso departamento de Boyacá, por citar unos pocos ejemplos, disfrutan la activación económica que les proporcionan los puentes. “El turismo y toda su cadena de valor es muy importante para unas regiones del país, que ya han desarrollado productos y servicios. Muchas personas que hicieron parte de esos sectores son los primeros golpeados con la crisis”, apunta Francisco Miranda Hamburger, director del periódico económico y de negocios Portafolio. En un ejemplo ilustrativo, uno de los decretos de emergencia del ministerio de Comercio busca garantiza un alivio para los guías turísticos y que así puedan sobrellevar la cuarentena. Adicionalmente, muchos trabajadores y empresas están alcanzando acuerdos voluntarios para anticipar vacaciones durante el llamado “aislamiento preventivo obligatorio” con el propósito de garantizar la sostenibilidad de las empresas. Más adelante, la falta de disponibilidad de días de descanso puede afectar al turismo.

La industría sin chimeneas ya ha sido una de las mayores damnificadas. Colombia viene apostándole decididamente para diversificar su economía desde hace años. El expresidente Juan Manuel Santos (2010-2018) se esmeró en presentar el acuerdo de paz que selló con la extinta guerrilla de las FARC a finales de 2016 como una oportunidad para tranformar la Colombia profunda y visitar territorios antes inaccesibles. Duque, a pesar de mostrarse crítico con los diálogos de La Habana y con muchas otras políticas de su predecesor, ha mantenido la apuesta por el turismo como motor de desarrollo. Incluso suele repetir de que es “el nuevo petróleo”.

El sector cerró un histórico 2019, con más de 4,5 millones de visitantes no residentes, un crecimiento de 2,7 por ciento. La ocupación hotelera también obtuvo cifras récord, y la conectividad aérea estaba al alza con varias nuevas frecuencias. El país incluso había sido elegido como destino turístico del 2020 por la Asociación de Operadores Turísticos de Estados Unidos. Todo se frenó en seco con la pandemia. Avianca, la centenaria aerolínea bandera del país y una de las mayores de Latinoamérica, que emplea a más de 20.000 personas, mantiene en tierra sus 150 aviones de pasajeros pues el espacio aéreo sigue cerrado. Y aunque el sector contribuye en torno al 2 por ciento del PIB, un porcentaje que palidece frente a las potencias turísticas, es un importante generador de empleo –en un país con una tasa de desocupación tradicionalmente alta–, de atracción de inversiones y de encademientos productivos locales, como destaca Miranda Hamburguer.

“Yo no he visto ninguna tracción de esa idea, no ha cogido vuelo”, valora el director de Portafolio, aunque advierte que podría resurgir. “La discusión económica es cómo vamos a prender sectores del aparato productivo colombiano que hoy se encuentran apagados, o semiparalizados”, subraya. El Gobierno concentra sus esfuerzos en diseñar la siguiente fase del confinamiento a partir del 27 de abril. La etapa que el presidente Duque sin ofrecer grandes detalles ha llamado un “aislamiento inteligente” que permita reactivar gradualmente actividades productivas, más no actividades sociales. Como ha advertido, los estadios, discotecas y aglomeraciones en general permanecerán restringidas.

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