La crisis como oportunidad para la reindustrialización

Varios sectores empresariales presionan al Gobierno para que aproveche la coyuntura y modernice el tejido productivo.

Planta de Opel en Figueruelas, parada por la pandemia de coronavirus.
Planta de Opel en Figueruelas, parada por la pandemia de coronavirus.Javier Cebollada / EL PAÍS

Los datos difundidos esta semana por el FMI proyectan que la economía española sufrirá un retroceso del 8% este año por el impacto de la crisis sanitaria y el déficit tendrá un aumento también considerable. Casi en paralelo con esos vaticinios, se han encadenado proclamas de colectivos empresariales para que el Gobierno tome medidas que permitan revitalizar la economía. O, dicho de otra forma, plantean que se aproveche la crisis como oportunidad para abordar cuestiones pendientes. Llama la atención, en todo caso, que tenga que saltar una alarma de sopetón para que unos y otros reaccionen.

Ha ocurrido con la Alianza por la Competitividad de la Industria Española, que forman siete grandes patronales sectoriales (Anfac, de automoción; AOP, refino; Aspapel, papel; Feique, química y farmacia; FIAB, alimentación y bebidas; Oficemen, cemento, y Unesid, siderurgia). Este grupo, cuyo peso en el PIB supera el 13% y el 12% del empleo directo (43% y 30% de forma indirecta), reclama medidas centradas en cinco ejes (inversión pública en infraestructuras; vivienda pública y rehabilitación; estímulos de la demanda de automóviles; reducción de las cargas impositivas; recorte de los costes vinculados a la energía y mejor acceso a los mercados internacionales) para modernizar el tejido productivo. Es decir, peticiones cabales que exigen a los responsables de la política industrial ponerse las pilas y poner en marcha una urgente reindustrialización. Pero la realidad se topa con que en Europa la proporción de la industria ha caído por debajo del 20% del PIB.

Conviene detenerse, al respecto, en la conferencia que Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol (una de las empresas involucradas en ese grupo), pronunció el 16 de enero en un acto de UGT en Vitoria y que ahora viene a cuento. El ejecutivo de Zumarraga se preguntaba lo que es un clamor en la industria manufacturera: “¿Queremos realmente tener industria? ¿Estamos dispuestos como sociedad a establecer las prioridades necesarias en nuestras políticas públicas a todos los niveles, sean vinculadas a la ordenación del territorio, al urbanismo, al medio ambiente, a las infraestructuras, a la educación…, para acoger proyectos industriales?”.

Una descarga sobre la línea de flotación de los Gobiernos español y europeos. Imaz, para quien en la caída del peso de la industria tiene mucho que ver con que “hay personas que han reivindicado la sociedad de servicios frente a la industrial”, defiende la industria como clave para la innovación y para tener superávit comercial y de cuenta corriente. “Las sociedades avanzadas son las que están ancladas en la industria”, afirma. En ese sentido, destaca que el superávit que la economía española tiene desde hace cuatro años se debe a la mejora de las exportaciones, de las que el 80% son industriales. Por eso es muy importante que se hable de reindustrialización, además de otra poderosa razón: los salarios en la industria son mejores y permiten tener personas formadas, con empleo y con capacidad de consumo.

Todo eso supone que las Administraciones se impliquen, pero también que haya empresarios dispuestos a invertir y a crear empleo. Pero el empresario necesita un reconocimiento social, que habitualmente brilla por su ausencia. Aunque, además de ese reconocimiento, para que esté dispuesto a invertir necesita un entorno competitivo, en el que haya costes moderados, como los energéticos, y una política fiscal “al servicio de la inversión y de la innovación”.

Así lo destaca el expolítico vasco, que también incluye como factores clave la educación, la seguridad y el sistema sanitario. “Hay una correspondencia entre un sistema educativo y universitario de calidad, un sistema de ciencia, tecnología e innovación eficiente, una industria competitiva, y el PIB por habitante de los países. Si queremos reindustrializar España, debemos invertir en estas materias, y hacerlo con políticas sostenidas en el tiempo”, incide el ejecutivo, que añade que “la robotización y la inteligencia artificial no tienen por qué destruir empleo”.

Pero reindustrializarse hoy también requiere estar preparados para los retos que vienen. “Las tecnologías digitales, la inteligencia artificial, la industria 4.0, las nanotecnologías, la conectividad… nos avanzan un escenario en el que van a surgir nuevas actividades económicas, en el que las líneas divisorias entre algunos sectores van a ir diluyéndose y en el que ni siquiera hoy en día las empresas sabemos quiénes van a ser nuestros competidores en nuestros actuales mercados”, sostiene Imaz, para quien “no debemos tener miedo a este escenario”.

LOS CORROS

Polémica venta de Alu Ibérica. La compra de las factorías de Avilés y A Coruña de Alu Ibérica por Riesgo sorprendió esta semana. No sólo porque pone fin a un largo proceso de esta industria en crisis, sino también porque se hizo sin conocimiento de la ministra de Industria, Reyes Maroto. Tampoco los sindicatos conocían las negociaciones con el fondo Parter Capital, que se hizo con ambas plantas de Alcoa el pasado verano con el compromiso de mantener el empleo y la actividad al menos durante dos años. Han tachado la operación de falta de transparencia pidiendo explicaciones también a la ministra, que ha comentado que exigirá que se cumplan los pactos.

Por una reconversión activa. Hostelería de España, que representa a más de 270.000 restaurantes, bares, cafeterías y pubs del país; Aecoc, que integra a más de 30.000 fabricantes y distribuidores, y FIAB, Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas, consideran que tienen que participar en el diseño de un plan de reactivación y reconversión del Ejecutivo. Para ellos es necesario “para que se tengan en cuenta las particularidades de un sector con más de 300.000 establecimientos, que genera más de 1,7 millones de puestos de trabajo y que puede quedar seriamente afectado”.

El comercio pide ayuda para el alquiler. Las organizaciones de comercio han encendido la alarma y piden ayuda para afrontar lo que es su mayor coste, el alquiler de locales. Ante la perspectiva de que siga más semanas el confinamiento, varias asociaciones, cuyo portavoz es Carlos Moreno, denuncian que se enfrentan a una situación sin precedentes que provocará el cierre de hasta el 50% de las empresas según los sectores y la destrucción de cientos de miles de puestos de trabajo a corto y medio plazo, y reclaman la adopción de medidas económicas que faciliten un sistema de subvenciones.

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