Opinión
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Especuladores, no; empresarios, sí

El Gobierno puede completar el alivio a las pymes con un rescate completo tipo FLA, amén del apoyo a las familias

Una pantalla muestra el índice bursátil IBEX 35, en Madrid, el pasado 9 de marzo.
Una pantalla muestra el índice bursátil IBEX 35, en Madrid, el pasado 9 de marzo.GABRIEL BOUYS / AFP

Las decisiones adecuadas, si son tajantes, concitan resultados espectaculares. Sucedió este viernes con la prohibición de las ventas en corto —las apuestas especulativas bajistas, que ganan más cuanto más se hunde un título— por la autoridad bursátil, como reclamaba este periódico. La Bolsa española y las demás europeas rebotaron gracias a ese acierto.

Conviene ahora que esa prohibición se mantenga el tiempo suficiente. Y que todos tengamos más memoria de la necesidad de expulsar a los especuladores del mercado, pues si no, por la ley de Gresham, la moneda mala expulsa a la buena, y no al revés.

Ese episodio nos ilustra que las reacciones en manada de los grandes inversores no siempre aciertan. Y de que las medidas de liquidez (sobre todo para pymes) y de expansión cuantitativa del BCE, aunque mejorables (podían ser más ambiciosas duplicando los 120.000 millones previstos; y debieran contar más con el BEI, el ICO y sus pares, monetizando sus compromisos) apuntaban en la buena dirección, aunque fueran mal recibidas por el mercado.

Pero no porque fueran torpes, sino porque algunos ansiosos buscaban reducciones adicionales del tipo de interés extemporáneas, para hacer su agosto; y porque la bisoñez de Christine Lagarde minimizando los diferenciales de las primas de riesgo fue nefasta. Por suerte, el arrojo del gobernador español, Pablo Hernández de Cos, reclamando/augurando financiación ilimitada para los países en apuros como Italia, resitúa bien el problema.

Así que en tiempos de turbación se requiere acertar y además que los profesionales de la especulación no te arruinen apoyándose en tus debilidades colaterales: hay que cortarles las alas de antemano.

Así ha sucedido con el plan de alivio de Pedro Sánchez por 18.225 millones de euros. Aunque exhibe la mella de apenas dispensar dinero nuevo, las moratorias de impuestos y los anticipos a las autonomías son efectivos: y fueron diseñados en complicidad con los empresarios y los sindicatos, blindándolos del ataque de los especuladores políticos a río revuelto, el universo inverso de los agentes sociales. Ya los políticos catastrofistas cedieron frente a la sensatez de las voces de la economía real.

Pero urge completar el paquete del plan de alivio. Con él, las pymes afectadas pueden hoy colocar temporalmente a los trabajadores redundantes en el seguro de desempleo, merced al decreto ley del lunes que los asume automáticamente en concepto de accidente laboral y no de enfermedad. Y enfrían su tesorería gracias al aplazamiento de impuestos del jueves. Para asegurar su supervivencia falta garantizar, si los talleres y restaurantes no cuentan con reservas, el resto de sus compromisos (gastos estructurales, alquileres, cuotas fijas de fluidos...). Solo así reabrirán en el futuro.

De aquí la urgencia de un programa para familias y de un FLA para empresas. En 2012, en lo peor de la segunda fase de la Gran Recesión, los mercados cerraron las puertas en las narices a las comunidades autónomas y estas apenas lograban financiar su deuda. Se activaron unos mecanismos extraordinarios de financiación para aliviar su ahogo financiero.

Eran los fondos de liquidez autonómica (FLA), unos créditos en condiciones muy ventajosas (tipos reducidos, con dos años de carencia y un vencimiento a 10 años). La crisis del coronavirus tiene poco que ver con la de hace 12 años. Pero concuerdan en la falta de liquidez. En este caso para pymes y autónomos. El Gobierno dispondría de una herramienta potente para ayudar a las pymes. Puede poner en marcha, con el Tesoro Público o el ICO, unos fondos de liquidez para empresas, el FLE: créditos a 5 o 10 años con algún periodo de carencia y con intereses muy reducidos.

Sería fácil. La Agencia Tributaria dispone desde hace tres años del Sistema Inmediato de Información, que le permite conocer la facturación casi en tiempo real de casi el 90% del tejido productivo español. Con esos datos, puede determinar cuánto dinero necesitarían las empresas para cubrir un trimestre de emergencia sanitaria. Podría vincular los créditos al mantenimiento del empleo. Y sería un alivio adicional: un alivio total: un verdadero rescate.

Todo eso sintoniza con lo que otros planean. Concuerda con el más sugestivo paper alumbrado sobre el efecto económico del virus, por un grupo de destacados economistas europeos, entre ellos Jean Pisany-Ferry, Agnes Bénassy y el español Ramon Marimón (“Europa necesita un plan de auxilio contra la catástrofe”).

El informe periodifica el ataque a la crisis, que estima durará en su fase aguda hasta el verano, y propugna un gasto público del 2%/2,5% del PIB. El paquete Sánchez va en línea: le falta seguramente un desembolso de al menos un 1%, del PIB, otros 12.500 millones. De momento.


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