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Nissan y Renault tratan de superar la era Ghosn

Los fabricantes, que mantienen su alianza, siguen enfocados en aflorar sinergías aunque cambian sus cúpulas directivas

Fábrica de Renault en la ciudad francesa de Maubeuge.  
Fábrica de Renault en la ciudad francesa de Maubeuge.  

Renault, Nissan y Mitsubishi fueron capaces de ahorrar 5.700 millones de euros en 2017 gracias a su alianza conjunta. Pese a ser de hace dos años, esa es una de las cifras que continúan destacadas en la página web que comparten los tres fabricantes de automóviles. Poco importa que la lanzara Carlos Ghosn antes de ser detenido en noviembre del año pasado ­—primero de cuatro arrestos—, acusado de cometer irregularidades fiscales y de apropiación indebida. De hecho, el máximo responsable de la alianza se encargó de recordar entonces —julio de 2018— que todavía no habían llegado a su mejor momento y se mostró convencido de poder lograr unas sinergias de 10.000 millones de euros en 2022.

Hace apenas once días, Nissan nombró nuevo consejero delegado: Makoto Uchida se convirtió en primer ejecutivo para relevar a Hiroto Saikawa, que también tuvo que renunciar a su cargo tras conocerse que había inflado su salario, y el consejo de administración convirtió a Ashwani Gupta y Jun Seki en sus escuderos. Solo dos días después, y también por sorpresa, Renault realizaba un movimiento similar, aunque calificó su decisión de temporal mientras buscaban un perfil definitivo. Clotilde Delbos asumía el máximo cargo ejecutivo en sustitución de Thierry Bolloré. Sus hombres de confianza serán el español José Vicente de los Mozosnúmero dos de facto, afirman desde la compañía gala— y Olivier Murguet.

Caían así de un lado Kaisawa y del otro Bolloré, ambos directivos sobre los que Ghosn había ejercido cierta tutela y con quienes mantenía una relación muy próxima. Y pese a que podría parecer lo contrario, estos cambios permiten pensar que ni en el cuartel general de Renault ni en el de Nissan se han olvidado las sinergias anunciadas por Ghosn hace ya más de un año ni la relevancia de la alianza para ambas marcas. Si no está más fuerte que nunca, parece que así lo será en los próximos años, consideran fuentes de ambas compañías consultadas por este diario.

'Profit warning' y fuerte castigo en Bolsa

El pasado viernes las acciones de Renault se desplomaron un 11,7% en Bolsa. El motivo fue la alerta de resultados peores de los previstos (profit warning en la jerga empresarial) que comunicó el fabricante francés. En concreto, la firma del rombo reconoció a los inversores que este año las ventas cerrarían con una caída entre el 3% y el 4%. Además, el margen operativo de 2019 será de en torno al 5% frente a la previsión anterior que lo situaba un punto porcentual por encima. Renault justificó el empeoramiento de las previsiones por los mayores gastos en el área de investigación y desarrollo, los problemas que arrastra el sector automovilístico y dificultades puntuales en algunos mercados como Argentina y Turquía.

Los seis nuevos ejecutivos ascendidos conocen sus propias compañías, pero también a sus socios de alianza y son garantes de esa unión. De hecho, son unos fervorosos defensores de esa unión que aglutina diez marcas distintas de coches y, algunos de ellos —el caso de Delbos—, incluso trabajaron en el pasado para intensificar esos lazos. Sus fichajes son un mensaje mucho más contundente que el lanzado poco después del arresto de Ghosn, con el que se trataba de despejar dudas acerca el futuro de esa colaboración de dos décadas. “Los últimos días el consejo de administración de Grupo Renault, Nissan y Mitsubishi han reiterado enfáticamente su fuerte compromiso con la Alianza”, se limitaron a decir. La necesidad de mostrar ese compromiso conjunto confirmaba para algunos unas discrepancias internas que generaban nervios en todas las empresas con las que tienen alguna relación: Google, AvtoVAZ, Samsung Motors, Daimler, Coord, Tekion, Enevate, Ai…

Nada se ha detenido en este tiempo, defienden desde Renault. Las dudas acerca esa relación que han planeado durante el último año parecen superadas. “En el último año han pasado muchas cosas en la alianza y al mismo tiempo no ha pasado nada. Las diferencias entre japoneses y franceses han quedado expuestas, con sus celos mutuos, y pese a todo siguen unidos y siguen desarrollando productos conjuntamente”, explica Felipe Muñoz, analista de la consultora especializada en automoción Jato, quien vaticina que lo primero que va a suceder en los próximos meses va a ser un refuerzo de esos dos fabricantes (Mitsubishi siempre queda un poco al margen). Después se verá si entra en el baile FCA, el grupo italoamericano que puso en peligro la alianza cuando empezó a negociar una fusión con Renault.

Fuentes de Nissan, como sus socios, explican que los trabajos conjuntos entre ambas compañías han seguido en la misma línea. “Se ha trabajado como si nada, aunque se ha deshecho la inflación de estructuras internas que Ghosn construyó para manejar la alianza”, explican las mismas.

Desde que iniciaron en 1999 su camino conjunto, Nissan y Renault han pugnado por ser el primer grupo global del automóvil. En 2018 lograron unas ventas conjuntas de 10,8 millones de vehículos. Se han hecho fuertes en el principal segmento que permite a la industria rentabilizar su negocio, el de los todocaminos, y han avanzado con cierta determinación en el desarrollo del vehículo eléctrico. Comparten una plataforma conjunta que les permite ahorrar costes y han lanzado programas conjuntos para el coche autónomo y el compartido. Tienen alianzas internacionales (y participaciones accionariales) con Daimler —propietaria de Mercedes— y con la china Dongfeng. Y, pese a todo, la vida no es tan fácil en un grupo de difíciles equilibrios y en el que han predominado las desconfianzas mutuas.

Participaciones cruzadas

Nissan, que fabricó 5,66 millones de vehículos el año pasado, controla un paquete del 34% de las acciones de Mitsubishi (1,22 millones de vehículos) y a la vez un 15% de las acciones en Renault. Por su parte, el grupo francés, que produjo 3,88 millones de coches con sus diferentes marcas y está participada por el Estado francés, controla un 43,4% de Nissan.

El último año no solo ha cuestionado la alianza, sino que ha reducido su valor. Las acciones de Renault se han dejado un 20% y las de Nissan un 31,6% en Bolsa en solo doce meses, afectadas por una baja rentabilidad en términos comparativos con sus competidores. La cuestión es qué sucederá ahora con los planes apuntados en este año: si la marca de Yokohama ejecutará sus planes de recortar 12.500 empleos, el 10% de su plantilla, hasta 2023. O si Renault relanzará una posible fusión con FCA, una operación que justamente apareció en plena desestabilización de la alianza, cuando la caída de Ghosn, pero que los expertos vaticinan como positiva, pese a los riesgos. La operación abriría, de la mano de Dodge y Jeep el mercado estadounidense a Renault y podría generar unas sinergias de unos 3.000 millones de euros. Pero, como destacaba recientemente Reuters, esa operación no haría más que generar nuevas suspicacias sobre Nissan, así que antes Renault tendría que reducir su participación en la automovilística japonesa por debajo del 40%.

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