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ANÁLISIS i

La ‘trumpificación’ de la Reserva Federal

El principio común es sencillo: la política monetaria debería ser aquello que satisfaga los intereses del presidente

El presidente de la Reserva Federal de EE UU, Jerome Powell.
El presidente de la Reserva Federal de EE UU, Jerome Powell. AP

A finales de 2015, el por entonces candidato Donald Trump acusaba a Janet Yellen, la presidenta de la Reserva Federal (Fed), de formar parte de una conspiración política. Yellen, insistía Trump, mantenía los tipos de interés injustificablemente bajos en un intento de ayudar a Hillary Clinton a conseguir la presidencia. Pero resulta que existían muy buenas razones para que la Fed mantuviera los tipos bajos en aquella época. Algunos indicadores del mercado laboral, sobre todo el empleo de personas en edad de máximo rendimiento, seguían siendo muy inferiores a los niveles anteriores a la crisis, y la inversión empresarial experimentaba un retroceso significativo, una especie de minirrecesión.

Volvamos al presente. La situación del empleo es mucho mejor ahora que en aquel momento. Hay indicios de que se está produciendo una desaceleración, en parte por la incertidumbre creada por la guerra comercial de Trump, pero son bastente más leves que los de 2015-16. Y el propio Trump sigue presumiendo de la fortaleza de la economía. Sin embargo, está presionando abiertamente a la Fed para que baje los tipos, y supuestamente está buscando una manera de destituir a Jerome Powell, el hombre al que él mismo eligió para sustituir a Yellen, tras renunciar a nombrarla de nuevo, según algunos informes, porque pensaba que no tenía la altura suficiente.

Pero esperen, porque todavía hay más. Aunque existen, como he dicho, indicios de que se está produciendo una desaceleración, hay señales mucho más claras en Europa, donde la actividad industrial está disminuyendo y aumenta la preocupación por una recesión. Pero aunque intenta presionar a la Reserva para que recorte los tipos de interés, Trump montó en cólera por las noticias de que el Banco Central Europeo, el homólogo europeo de la Reserva Federal, se plantea bajar por su cuenta los tipos, lo que debilitaría el euro y haría que la industria estadounidense fuese menos competitiva. Si estas distintas posturas les parecen incoherentes, es porque no las están analizando correctamente. El principio común es sencillo: la política monetaria debería ser aquello que satisfaga los intereses de Donald Trump. Lo demás no importa.

Y el actual cabreo de Trump con la Fed debería entenderse principalmente como la expresión de su frustración por el fracaso de su bajada de impuestos de 2017.

Sí, la bajada de impuestos dio un empujón a la economía, como cabría esperar de unas políticas que ampliaron el déficit presupuestario por el pleno empleo anual en unos 400.000 millones de dólares. (Imagínense cómo habría sido la economía de Obama si el Congreso le hubiera permitido gastar 400.000 millones de dólares al año en, pongamos por caso, infraestructuras.) Pero fue un empujón bastante suave si tenemos en cuenta que gran parte de la bajada de impuestos se empleó únicamente para recomprar acciones de empresas.

Más concretamente, el recorte fiscal fue un descalabro político: el mérito de las buenas cifras económicas no se le está atribuyendo a Trump, y la mayoría de los votantes blancos de clase trabajadora de los que depende el tuitero en jefe creen (acertadamente) que sus políticas benefician principalmente a gente más rica que ellos.

De modo que, a efectos prácticos, Trump está exigiendo a la Fed que le exima de las consecuencias de sus propios fracasos políticos. Y si toda la historia fuese esa, la respuesta adecuada sería alguna versión educada de “Váyase al infierno” en la jerga de la Fed. Pero resulta que Trump y sus pataletas no son toda la historia. De hecho, existen sólidas razones para creer que la Reserva Federal subió demasiado rápido los tipos de interés entre 2015 y 2019, y que subestimó la debilidad de la economía estadounidense en ese momento y sobrestimó su fortaleza subyacente (que es lo que ha hecho sistemáticamente durante la última década).

Y por consiguiente, existen razones para revertir parcialmente las recientes subidas de tipos de la Fed y bajar los tipos ahora para protegerse de una posible crisis en el futuro, adelantándose a ella. Trump es la peor persona para esgrimir este argumento, pero eso no significa que sea un argumento equivocado.

Entonces, ¿qué debería hacer la Fed? Los gobernadores de los bancos centrales, como los que dirigen este organismo, intentan mostrarse como personas apolíticas y tecnocráticas. Esto nunca es del todo cierto en la práctica, pero es un ideal que se esfuerzan por alcanzar. Sin embargo, gracias a Trump, haga lo que haga la Fed a continuación se considerará profundamente político. Si recorta los tipos a pesar del bajo desempleo, se considerará que renuncia a su independencia y permite que Trump dicte la política. Y si no lo hace, Trump arremeterá contra ella con más dureza todavía.

Si yo fuese Powell, me preocuparía un escenario incluso peor. Supongamos que bajase los tipos, y que el crecimiento y la inflación acabasen siendo más elevados de lo previsto. La política convencional exigiría revertir la bajada de tipos, justo antes de las elecciones de 2020. La tormenta política sería terrible. Y lo siento, pero en el EE UU de Trump ninguna institución puede ignorar las ramificaciones políticas de sus actos, aunque solo sea porque esas ramificaciones afectarán a su capacidad de realizar su trabajo en el futuro.

Lo que esto significa para la política monetaria, creo, es que aunque la economía pura y dura diga que la Reserva debería intentar adelantarse a los acontecimientos, la trampa política que ha creado Trump dicta que debería dar tiempo al tiempo e insistir en que su política “depende de los datos” y esperar a que haya pruebas claras de que se está produciendo una desaceleración grave antes de actuar. Ahora bien, esto podría significar que si la Fed bajase finalmente los tipos, sea cual sea el estímulo que esto proporcione a la economía (que en cualquier caso sería limitado, dado que los tipos ya son bastante bajos de por sí), llegaría demasiado tarde para ayudar a Trump en las elecciones de 2020. Pero si eso es lo que ocurre, la culpa solo será de Trump.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía.  © The New York Times, 2019. Traducción de News Clips

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