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La inspección del Banco de España se enteró por la prensa de la salida de Rato

Según el ex director de inspección, Pedro González, también se enteraron por los medios de la presentación de las cuentas de 2011sin auditoría

El inspector del Banco de España, Pedro González
El inspector del Banco de España, Pedro González EFE

El exdirector del departamento de inspección del Banco de España, Pedro González, durante 13 horas de declaración, entre este martes y el lunes, ha desgranado en la Audiencia Nacional los pormenores de las últimas semanas de Rodrigo Rato como presidente de Bankia. El testigo narró la tensión con la que vivieron desde el 17 de abril hasta el 7 de mayo, cuando dimitió Rato. Explicó, con gran conocimiento de los detalles, reuniones que mantuvo con directivos de Bankia y el propio Rato, así como con el auditor de Deloitte, Francisco Celma. Sin embargo, González admitió que no supo nada de la dimisión de Rato ni de que Bankia presentó sus cuentas de 2011 ante la CNMV sin auditar. "Me enteré por la prensa de ambas cuestiones y nos causó una ansiedad importante", afirmo.

Pedro González, responsable de la inspección de Bankia ante la cúpula del Banco de España, aseguró que cuando se enteró de que la entidad había presentado las cuentas ante la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), "porque lo publicó EL PAÍS el 4 de mayo, me causó una gran sorpresa. No tuve información previa y creo que Jerónimo Martínez Tello, director general de Supervisión, tampoco lo sabía. Me pareció una noticia muy importante porque no es habitual que una empresa haga eso... estábamos tan atacados aquellos días por la situación final que podía ocurrir..., fue una sorpresa y nos provocó ansiedad por lo que significaba y cómo se lo podían tomar los mercados".

En el juicio que investiga la salida a Bolsa de Bankia y que se celebra en la Audiencia Nacional de San Fernando de Henares (Madrid), la fiscal, Carmen Launa, realizó más preguntas sobre esta situación y González recordó que aquellos días "pasamos de estar en una situación de calma a, a una de huracán", que se acentuó el 7 de mayo, con la dimisión de Rato. "Nos quedamos un poco como, ¿qué ha pasado aquí?", ha dicho. El gobernador, Miguel Fernández Ordóñez, declaró que el entonces ministro de Economía, Luis de Guindos, le quitó "los mandos" de la gestión de la crisis de Bankia. De hecho, recordó que Guindos convocó la reunión de Rato con Francisco González, presidente del BBVA, Emilio Botín, del Santander, e Isidro Fainé, de La Caixa, el fin de semana del 5 y 6 de mayo, sin comunicarlo al gobernador que estaba fuera de Madrid.  

González justificó que Celma no le dijera que no iba a realizar la auditoría por falta de la información necesaria por el trabajo y la tensión de aquellos días y porque podía estar esperando hasta el último momento a recibir los datos. "Hablé con Celma varias veces, en el último trimestre de 2011 y a principios de 2012, no me acuerdo muy bien de las fechas, han pasado siete años... pero si recuerdo que me habló de que no tenía las tasaciones de los activos por lo que tenía previsto poner salvedades en la auditoría". Posteriormente, el abogado defensor de la que fuera consejera de Bankia, Araceli Mora, insistió en la sorpresa que le causó las cuentas sin auditar, "pero no buscamos culpables", comentó.

González, que está jubilado desde hace un año, explicó que le pidieron dos planes a Rato para sanear el banco. El primero, el 17 de abril de 2012, en el que se le piden 4.000 millones de nuevos saneamientos para limpiar el balance de Bankia. Diez días después, el 27 de abril le presentan otro en el que, ante el deterioro de la economía y las malas previsiones, le incrementan las necesidades de provisiones hasta 10.000 millones. Con este planteamiento, el 4 de mayo les comunican desde Bankia por correo electrónico, según González, que iban a pedir unos 7.000 millones al FROB como ayudas públicas para cumplir con estos requisitos y la entidad aportaría el resto con ventas de activos.

"Pero este plan ya no lo analizamos porque pasó lo que pasó", en referencia a la dimisión de Rato."Si el consejo de Bankia se hubieran reunido antes, por ejemplo el 30 de para tomar las medidas que pedíamos y aprobar operaciones... igual hubieran cambiado las cosas", afirmó haciendo referencia a una medida que pudiera haber cambiado la historia. 

La fiscal le preguntó qué le pareció la cantidad que, una vez dimitido Rato, y tras la llegada de José Ignacio Goirigolzarri a la presidencia, pidió al Estado el nuevo equipo, que ascendía a 22.000 millones, 12.000 millones más de los que pidió el Banco de España. Pedro González reconoció que le pareció "un tanto excesivos" esta inyección solicitada en la reformulación de las cuentas correspondientes al ejercicio 2011, pero ha dicho que, con todo, "había que entenderlo". Afirmó que buena parte de estas mayores peticiones del nuevo equipo se debían a los dos decretos Guindos que exigían más saneamientos, el deterioro de las inversiones inmobiliarias, la depreciación de las inversiones bursátiles y a las peores perspectivas macroeconómicas.

Se necesitaban más dotaciones

No obstante, González hizo una autocrítica en este tema. Según González, el entonces responsable de supervisión del organismo, Jerónimo Martínez Tello, pidió endurecer los requisitos a Bankia porque las perspectivas macroeconómicas empeoraban por semanas. Sin embargo, González afirmó que no pidieron formalmente que se aumentaran las dotaciones. "Tendríamos que haber dicho, tenéis que dotar más. Reconozco que eso debíamos haberlo puesto en el informe", admitió González a la fiscal. 

En este sentido, explicó que si el auditor, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y el mercado no ponían pegas a que se incrementaran las provisiones, no iba a hacerlo el Banco de España. "A un supervisor no le importa si se ha dotado de una forma u otra, solo que se registre. Si se añade mayores coberturas y se mejora, para nosotros mejor", remarcó.

En relación con la fusión de Bancaja y Caja Madrid, y su posible imposición por parte del supervisor, González explicó que "a nadie se le ha obligado a integrarse, aunque sí se le puede decir que si no lo hacen, tendrán problemas y pueden acabar en situación dramática, pero yo no estuve en la reunión donde supuesta se produjeron estos hechos". Lo cierto, dijo, es que las fusiones entre cajas, conocidas como SIP, "eran una ventana de oportunidad para algunas entidades, pero obligarles, no creo de Fernández Ordóñez ni Javier Aríztegui, subgobernador, lo hayan hecho. Era una manera de advertirles de la situación para que luego no crean que se les dá una puñalada de pícaro" e hizo una referencia al Banco de Valencia que acabó intervenido.

González también afirmó que la morosidad de Bancaja era mucho mayor que la de Caja Madrid, según vieron por los informes de inspección y la auditoria de Deloitte. Sobre Bancaja también realizó una autocrítica al decir que tuvieron un "error de diagnóstico. No tuvimos toda la información y no supimos o no pudimos ver los problemas, pero no dudo del trabajo de los inspectores", afirmó.

Contra la relevancia de los correos de Casaus

Por la tarde, el exjefe del grupo de Inspección del Banco de España en BFA-Bankia Pedro Comín relativizó las críticas que vertió uno de sus inspectores, José Antonio Casaus, sobre el proceso de integración de las siete cajas, unas dudas que se basaron en "cálculos muy básicos".

"No es que no se tuvieran en cuenta, sino que hubo otros elementos que tenían más rigor", aclaró Comín en calidad de testigo en el juicio por la salida a Bolsa de Bankia, donde sostuvo que la principal advertencia de Casaus se basó en un aislado test de estrés sobre Caja Madrid "que no tenía sentido".

En concreto, se ha referido al correo electrónico remitido por Casaus al entonces jefe de grupo Javier Del Río, entre otros, en el que el inspector cifraba en 8.000 millones de euros las necesidades de saneamiento de la entidad madrileña, frente a los 4.000 millones de los que se hablaba en el informe de inspección.

Para Comín, "no se pueden poner en el mismo valor" ambas magnitudes en tanto que el mensaje de Casaus se trataba "más de una opinión que de un trabajo riguroso realizado con la calidad requerida", ya que no se justificó "adecuadamente sobre la base de los planes de negocio de la entidad, de la cartera crediticia y de la evolución macroeconómica".

No obstante, aunque destacó su "admiración" por el inspector, ha recordado que éste fue "una de las personas que valida los resultados" del plan de integración de las antiguas cajas que conformaron el grupo BFA-Bankia.

Graves problemas de solvencia, rentabilidad y liquidez

El exgobernador del Banco de España Miguel Fernández Ordóñez conoció en julio de 2010 los problemas de solvencia, liquidez y rentabilidad de las siete cajas que dieron lugar a Bankia, según consta en un correo electrónico remitido el 5 julio de 2010 por el inspector José Antonio Casaus a sus superiores.

En este correo, cuyo contenido íntegro se ha conocido esta semana, Casaus relata a sus superiores una reunión que había mantenido en esa misma fecha con Fernández Ordóñez, en la que le describió un negro panorama de Bankia al gobernador.

Casaus dijo que el diagnóstico era que el grupo de cajas  -Caja Madrid, Bancaja, La Caja de Canarias, Caja de Ávila, Caixa Laietana, Caja Segovia y Caja Rioja-, tenían "graves problemas de solvencia, liquidez y rentabilidad. Tienen activos deteriorados notablemente, hasta comprometer no ya la rentabilidad sino la solvencia" del grupo.

El inspector concretó los problemas: el 40% de los activos tenían baja rentabilidad, el grupo sufría problemas de liquidez, "que en el mejor de los casos provocaría altos costes financieros" y estaban sobredimensionados en plantillas y oficinas. Antes esta situación, que la resumió hablando de las tres espadas que presionaban a Bankia, Casaus propuso medidas drásticas, como la inyección del FROB y fuertes reducciones de costes. El problema fue que aunque la Bankia de Rato lo intentó por estas dos vías, ni siquiera así lo consiguió.

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