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El ingeniero que inventó una alarma para alertar de erupciones volcánicas

Mitiga desarrolla un sistema para paliar los problemas que las erupciones generan en

el sector aéreo

Alex Martí, consejero delegado de Mitiga. 
Alex Martí, consejero delegado de Mitiga. 

Con su erupción de 2010, el volcán islandés Eyjafjallajökull dio un fuerte golpe a la economía global, equivalente a 4.700 millones de dólares (4.086 millones de euros). Pero la amenaza que generó su nube de ceniza emponzoñó sobre todo al sector aéreo: más de 100.000 vuelos cancelados, unos siete millones de afectados y unas pérdidas de 1.600 millones de dólares para las aerolíneas. Parte de ese impacto fue por motivos preventivos, ante la falta de datos más precisos sobre cuáles eran las zonas más afectadas por la expansión de la ceniza expulsada a la atmósfera.

Aquella fuerte afectación se encuentra en el origen de Mitiga Solutions. La spin-off surgida del Barcelona Supercomputing Center (BSC) quería dar con un sistema que limitara esas afectaciones y parece haberlo hecho. De momento ha conseguido suscitar el interés de compañías aéreas, fabricantes de motores y aseguradoras para integrar sus soluciones. La idea (tener un sistema de predicción válido para que los actores de la industria aeronáutica decidieran si se puede volar o no) surgió en 2016 y en 2017 empezaron a desarrollar un software que permitiera delimitar esos riesgos.

El programa, basado en modelos meteorológicos de simulación, ya está listo y la compañía ha empezado a cerrar acuerdos con algunos clientes, entre los que se encuentran la aerolínea Volotea, el fabricante de reactores Rolls-Royce y el grupo asegurador Willis. Es capaz de delimitar con detalle cómo evoluciona la nube de ceniza surgida de una erupción volcánica.

“Nuestro objetivo es poder hacer una detección temprana de cómo afectará una nube volcánica o una tormenta de arena”, explica Alex Martí, un ingeniero ambiental de extenso currícu­lo que ha publicado un par de artícu­los en la revista Nature deconstruyendo erupciones volcánicas y que ahora es el consejero delegado de la compañía. La experiencia de la empresa se basa en un histórico de erupciones volcánicas para poder asegurar una predicción a 48 horas y delimitar en qué posición geográfica habrá lava volcánica, a qué altura, a qué hora exacta y con qué concentraciones. De esa forma, subraya, se podrán minimizar los 500 millones de dólares que se pierden cada año por cancelaciones de vuelos por erupciones, de las que se producen unas 80 al día.

Según Martí, la aplicación permite realizar nuevas fórmulas para computar riesgos en el sector aeronáutico. Las aerolíneas tendrán una zona más acotada de riesgo y ganarán poder de decisión, los fabricantes de turbinas podrán controlar si sus motores han pasado por zonas de riesgo y aplicar recargos en función de esa sobreexposición y las aseguradoras, hasta ahora muy interesadas en poder predecir terremotos y tsunamis, tendrán más información sobre las circunstancias de las incidencias en los vuelos y cómo valorar sus primas.

Primeras pruebas

Mitiga, que ha captado 1,1 millones de euros en una ronda de financiación con la participación de Sabadell Venture Capital, ha iniciado el trabajo con los primeros clientes en pruebas. Su objetivo es alcanzar un negocio de entre 22 y 23 millones de euros en los próximos cinco años y un resultado de explotación (ebitda) de 15 millones en el mismo periodo. Valorada la compañía en seis millones, Martí considera que podría requerir de más capital en un plazo de entre 12 y 18 meses, aunque no descarta que los propios ingresos le permitan obviar esa nueva fase de financiación.

Para segmentar su negocio, la compañía ha dividido el globo terráqueo en nueve regiones de control. Las empresas que contraten sus servicios podrán seleccionar una, diversas o la totalidad de las zonas. Su ventaja es que se trata de la primera compañía que asalta un mercado de ese tipo, valorado en 2017 en unos 35.000 millones de dólares entre el sector de la aviación, los seguros y los motores, según los cálculos de la compañía.

El BSC, accionista de la empresa con un 15% del capital, le ha cedido su tecnología y Mitiga puede beneficiarse aún del acceso al superordenador Marenostrum, el segundo más potente que existe actualmente en Europa. Su uso ha sido imprescindible para el análisis de los datos que le han servido para crear su modelo de negocio.

 

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