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EP Firmas BLOGS Coordinado por Daniel Leguina

Lecciones europeas frente al populismo

La negociación del Brexit es un triunfo de la Unión Europea: el coste de dejar de figurar entre sus Estados miembro es elevadísimo y nadie puede o quiere pagarlo

La primera ministra británica, Theresa May, interviene en el Parlamento. MARK DUFFY (AFP)
La primera ministra británica, Theresa May, interviene en el Parlamento. MARK DUFFY (AFP)

Imposible imaginar a día de hoy cómo terminará el Brexit o, lo que es lo mismo, cómo acabará el Reino Unido tras el tremendo error del referéndum de 2016. Inútil pararse a especular sobre si el Consejo Europeo, tras el portazo a May del 13 de diciembre, terminará adoptando alguna decisión (“garantía”) para ayudar a salvar –de llegar a producirse- la votación del acuerdo entre Bruselas y el Gobierno británico en los Comunes.

Porque lo fundamental a estas alturas es subrayar que cuando se actúa con una firmeza inteligente, la capacidad de la UE para argumentar a favor de su proyecto, que ha dado tanto y bueno a los europeos a lo largo de más de seis décadas, es imbatible, por muchas mentiras o falsas verdades que se utilicen en sentido contrario.

El ejemplo de los antieuropeos británicos es paradigmático. A pesar de tener a su favor el resultado del referéndum –consecuencia de muchas cosas, pero desde luego de dos fundamentales: décadas de propaganda insidiosa contra la UE en la mayor parte de los medios de comunicación y los efectos de la crisis económica-, un arma poderosísima, no han conseguido su objetivo.

Sea porque finalmente se adopte el Acuerdo de Salida ya negociado, sea porque haya un segundo referéndum en el que una mayoría decida quedarse, sea porque unas elecciones generales anticipadas lleven al poder a los laboristas de Corbyn con alguna solución tipo Noruega, sea porque lisa y llanamente se retire sin más la carta que activó el Artículo 50 del Tratado de la UE, el abandono británico de la UE seco, directo, sin contemplaciones con el que soñaban y mentían Farage, Boris Johnson y compañía, posiblemente no tendrá lugar.

Se trata de un triunfo de la UE, sin duda, por la vía más directa: demostrar que el coste de dejar de figurar entre sus Estados miembro -lo mismo, aunque a otro nivel, de no haber accedido todavía a estarlo- es elevadísimo y nadie puede o quiere pagarlo.

La lección es oportuna: con lo que hay, la UE puede encarar con convicción el combate contra el populismo antieuropeo de cara a las próximas elecciones

Algo en la misma dirección le ha ocurrido al Gobierno de Roma, en el que el tronitronante Mateo Salvini ha tenido finalmente que modificar el Presupuesto para ajustarse a los estándares fijados por la Comisión Europea, no tanto por la previsible multa comunitaria, sino por la factura que los mercados estaban pasándole a Italia cada día que el disparate de la coalición 5 Estele-Liga Norte arrancaba una hoja del calendario.

La lección es oportuna: con lo que hay, la UE puede encarar con convicción el combate contra el populismo antieuropeo de cara a las próximas elecciones. Todavía más si introduce las reformas necesarias para convertirse en una unión política federal, con una unión económica y una unión social completas que, abandonando la austeridad por la austeridad, responda a los problemas cotidianos de la ciudadanía con una política de inversión y crecimiento.

Pero sobre todo es imprescindible que las familias políticas europeístas más expuestas a la tentación populista para amarrar votos o poder (como la conservadora) aprendan esa lección y no la contraria. En toda la UE, incluyendo España.

* Carlos Carnero es director gerente de la Fundación Alternativas y ex eurodiputado

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