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¿Qué se crea en el único laboratorio de economía circular de Europa?

Investigadores de TheCircularLab (Logroño) presentan un nuevo plástico compostable, reciclable y biodegradable a partir de restos de frutas y verduras

ENRIQUE OÑATE/PAULA D. MOLERO

Un plástico fabricado a partir de restos de frutas y verduras que se puede reciclar, compostar y biodegradar en el mar es la novedad más importante presentada por los investigadores de TheCircularLab, un laboratorio de economía circular pionero en Europa en el que se desarrollan más de 100 proyectos con un objetivo: dejar atrás la era del usar-tirar y responder al reto ambiental que plantea el planeta. "Está claro que vamos tarde, es una realidad. Ahora la urgencia nos hace pensar fuera de la caja", analiza Óscar Martín, consejero delegado de Ecoembes, la entidad que cobija este centro de iniciativa abierta ubicado en Logroño (La Rioja). En él, trabajan más de 50 estudiantes, 20 startups y 200 colaboradores externos en proyectos relacionados con el envase del futuro, la gestión inteligente de los residuos, la ciencia ciudadana y el emprendimiento.

Plástico desde la piel de una fruta

"Un ejemplo de cómo serán los envases del futuro". Así define Zacarías Torbado, director de TheCircularLab, el trabajo de Jorge García y su equipo, que en seis meses han creado un plástico bio-bio que nace de la naturaleza y puede volver a ella sin impacto ambiental alguno. "El primer bio es por biobasado. Partimos de un recurso natural como son los residuos de frutas y verduras, que es la primera vez que se hace. El segundo es por biodegradable, ya que este plástico, al final de su vida útil, se puede descomponer en CO2, agua y biomasa", explica García, que añade que el material, además, es reciclable y se puede compostar por los medios habituales.

Desarrollado junto al centro tecnológico AINIA, el compuesto servirá en el futuro para fabricar diversos productos, como muestran las pruebas de producción: platos, botellas, fundas de móvil, cajas. "Otra ventaja es que sirve para fabricar envases de un solo material", amplía García, "una característica que facilita su recuperación posterior". Según los investigadores, la materia prima necesaria para su producción provendrá de los excedentes del sector restauración y de mercados municipales, entre otros generadores de basura orgánica. El bioplástico se someterá ahora a distintos controles y certificaciones para su aprobación, un proceso que podría alargarse hasta los cinco años.

Un cerebro del reciclaje

A.I.R-E es un asistente virtual con una misión: aclarar cualquier duda cotidiana sobre reciclaje. Integrable en dispositivos como Alexa de Amazon y disponible para Facebook Messenger, IOS y Android, el bot responde a las preguntas de viva voz del usuario y reconoce fotografías que se le envíen, como por ejemplo la de un desecho que un ciudadano no sepa dónde depositar. "Posee una base de datos de más de 6.000 productos y materiales con la que lo hemos entrenado", asegura Lucho Palombarani, responsable del proyecto, que señala que esta inteligencia artificial aprende por retroalimentación: "Si el bot es incapaz de responder una pregunta, te lo dice abiertamente. Después, un operario le enseñará la respuesta correcta y cada vez será menos probable que falle".

El asistente, desarrollado junto a Accenture, se apoya en Google Translate para ofrecer respuestas en castellano y el resto de lenguas cooficiales. Según Palombarani, será compatible con Twitter e insertable en cualquier página web de manera gratuita.

¿Cuánto afecta un envase al planeta?

En colaboración con el Instituto Fraunhofer, Ana Rivas y su equipo han establecido una metodología, llamada ACV, para conocer con exactitud el impacto ambiental de un envase en todo su ciclo de vida y mejorar así las decisiones sobre su diseño. "Es algo que Europa está demandando. La propia directiva marca que hay que facilitar al usuario el conocimiento de la sostenibilidad de los envases", explica Rivas.

La materialización de su metodología sería similar a la calificación energética que reciben las viviendas. "En este caso, es una etiqueta que pondera cuatro categorías: impacto ambiental, tratamiento (lo fácilmente seleccionable en planta que sea el residuo), segunda vida (su reciclabilidad y el valor de la materia prima obtenida) y funcionalidad (el papel esencial que tiene el envase para evitar sobreenvasados y añadidos superfluos)", detalla la investigadora. "El fin es dar dar esa información a empresas y usuarios para que después ellos tomen las decisiones adecuadas".

Envases, big-data y universidades

Entre el centenar de proyectos activos del centro destaca el observatorio del envase del futuro, una herramienta para estar al tanto de los avances del sector que ofrece información analizada y filtrada por expertos. También Smartwaste, una plataforma abierta a administraciones que se nutre de información socioeconómica para analizar la calidad del reciclaje por barrios e incluso por edificios, y curar así posible puntos ciegos de reciclaje o acometer eventos de gran generación de basura. La aplicación ya se está probando en varios lugares, entre ellos La Rioja, Cantabria y Baleares.

TheCircularLab, en el que se ha invertido se han invertido ya 6,9 millones de euros de los 10 millones planeados inicialmente, acoge también talleres de emprendimiento joven organizados por Campus Íberus, un proyecto de las universidades públicas de las Comunidades Autónomas de Aragón y La Rioja, de la Comunidad Foral de Navarra y de la provincia de Lleida en Cataluña. En ellos, se proponen retos a los estudiantes para que ideen soluciones para un mejor reciclaje y se estudian líneas formativas relacionadas con disciplinas como el ecodiseño.

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