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No esperes la primera ola de calor: así se elige un aparato de aire acondicionado

¿Cómo elegir el dispositivo más eficiente? Los expertos contestan

Todas las previsiones apuntan a que, en un par de semanas, España pasará de una corta primavera muy lluviosa y excepcionalmente fría a un verano cálido como de costumbre. Hace un año, la primera ola de calor llegó muy pronto, el 15 de junio. En aquellos días las grandes cadenas de distribución registraron incrementos en la venta de artículos de climatización de más del 800% con respecto al mismo período del año anterior.

Los responsables señalaron que muchos clientes, acuciados por el calor, no esperaron los dos o tres días que puede tardar la instalación del aire acondicionado con aparato fijo exterior o por doble conducto, lo que les llevó a decantarse por las soluciones alternativas, es decir, el aire acondicionado portátil o los ventiladores de techo. O a pagar un extra por aparatos más caros porque eran los que estaban disponibles.

Si todavía no tienes aire acondicionado en tu casa y te planteas su instalación o deseas cambiar el que ya tienes, para adelantarse al calor y acertar la elección del mejor aparato convendrá seguir los consejos de los expertos en climatización. El objetivo será conseguir el dispositivo más eficiente, es decir, el que mejor enfría la vivienda con el menor gasto de energía eléctrica.

¿Mejor fijo o portátil?

Existen tres grandes tipos de aparatos: los acondicionadores de conducto único, que son portátiles; los de conducto doble, equipos unitarios compactos que se comunican con el exterior mediante dos tubos y son fijos; y los acondicionadores de aire que tienen uno o más motores fijados en el exterior de la vivienda y disponen de diferentes unidades interiores de difusión. En esta última categoría se incluyen también “equipos que enfrían o calientan agua que luego es utilizada en diferentes elementos interiores como, por ejemplo, superficies radiantes”, señala el vicepresidente del comité técnico de la Asociación Española de Climatización y Refrigeración (Atecyr), Ricardo García San José.

Los aparatos con varias particiones interiores son más eficientes que los compactos de doble conducto o los portátiles de conducto único, según el Instituto para la diversificación y ahorro de la energía (IDAE). Por ello, “los equipos portátiles deberían limitarse a locales con muy poco uso o con necesidades de climatización esporádicas”, indica San José.

La importancia de la etiqueta ecológica

En cualquier caso, desde 2013 todos los dispositivos con una potencia nominal de refrigeración (o de calefacción) inferior a 12 kW y que no utilizan agua como fluido de transporte térmico deben llevar obligatoriamente una etiqueta energética. Es fundamental saberla leer, ya que en ella se encuentran datos muy importantes.

Etiqueta energética. Clic para agrandar. ampliar foto
Etiqueta energética. Clic para agrandar.

Después del nombre del proveedor y la identificación del modelo, se encuentran dos grandes apartados, uno para la eficiencia energética estacional en refrigeración (SEER, por sus siglas en inglés) y otro en calefacción (SCOP). En ambos casos, una flecha negra posta en el lado derecho estará a la misma altura de la clase de eficiencia energética que se indica en el lado izquierdo. La clase A+++ se corresponderá con la mayor eficiencia y la G con la menor, aunque desde hace más de cuatro años en Europa está prohibida la comercialización de equipos con bajo rendimiento, es decir, con una calificación inferior a B.

“Si en calefacción la calificación puede ser triple (una –obligatoria– para el uso del aparato en una región de clima medio, y otras facultativas para las zonas de clima más frío o más cálido), en refrigeración es única”, explica San José. En la etiqueta se tienen que incluir también las potencias de refrigeración y calefacción y los coeficientes de eficiencia estacionales. Por el contrario, “no es obligatorio añadir el consumo anual en kWh, si bien se puede incorporar una estimación para un uso estándar”, agrega San José.

Consumo y potencia

A este respecto, el equipo menos eficiente, es decir, uno de clase G, “puede consumir el triple que el más eficiente”, subrayan desde el IDAE, aunque por la exclusión de venta de aparatos de clasificación tan baja, la comparación más pertinente es entre un dispositivo de clase A+++ y B, en la que “la relación entre los consumos respectivos es de 1,85 veces”, agrega San José. Evidentemente, el consumo efectivo de cada aparato concreto y el ahorro que se puede realizar en consumo eléctrico dependerá del tamaño y las características de la vivienda en el que esté instalado y de la zona climática.

En este sentido, y pese a que IDAE subraye que “la potencia debe ir ligada a los metros cuadrados de cada habitación que hay que refrigerar”, San José insiste en que este factor “depende de las condiciones exteriores propias de cada localidad y las características de los cerramientos del edificio”. De esta forma, y de manera puramente indicativa, una potencia de entre 80 y 100 W por metro cuadrado será suficiente en refrigeración, así que serán necesarios entre 2 y 3 kW para un salón de 30 metros cuadrados.

El parámetro con mayor incidencia en la potencia para refrigeración, sin embargo, es la radiación solar sobre las superficies acristaladas y la cubierta. Así, se revelan “fundamentales elementos como toldos y persianas, entre otros”, en palabras de San José, y se procurará que los elementos eléctricos que se usan en casa, y cuyo uso se convierte en calor, desde el sistema de iluminación hasta los ordenadores, sean eficientes. Lo importante, para este experto, es no sobredimensionar la instalación, lo que conllevaría un mayor consumo.

Potencia acústica y obsolescencia programada

Por último, se prestará atención a la potencia acústica, que también aparece en la etiqueta. “Lo recomendable sería que fuera la más baja posible”, destaca el vicepresidente del comité técnico de la Atecyr, “siendo lo habitual un valor de entre 65 y 70 decibelios para las unidades exteriores, y de entre 55 y 60 decibelios para las interiores”.

Y, para sortear de alguna manera la llamada obsolescencia programada, IDAE sugiere buscar “un fabricante que garantice una larga vida útil del aparato”. Desde el instituto aconsejan también preguntar por “las marcas que dan menos problemas de fuga de gas”.

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