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La crisis de los opiáceos: veneno para la economía estadounidense

El consumo masivo de medicamentos y drogas acorta la esperanza de vida en Estados Unidos, merma el mercado laboral y obliga a las empresas a tomar medidas extraordinarias

Servicios sanitarios atienden a un hombre con sobredosis el pasado vernao en Salem, un suburbio de Boston. En vídeo, declaraciones de Donald Trump, el pasado octubre. VIdeo: REUTERS

Estados Unidos se topó la semana pasada con un dato desolador, su esperanza de vida se había contraído en 2016 por segundo año consecutivo, una anomalía entre los países desarrollados. De hecho, el estadounidense medio ya vive menos que la población de otros países ricos. En el centro de este fenómeno figura la epidemia de opiáceos que asuela a la mayor potencia del mundo, una emergencia sanitaria declarada. El mes pasado la Casa Blanca calculó que la crisis se había comido en un año más de 500.000 millones de dólares, el equivalente a casi la mitad de todo el PIB anual de España, por las muertes (64.000 por sobredosis de drogas en 2016), los gastos médicos y la pérdida de horas trabajadas. Pero también supone un lastre para el crecimiento en sí mismo.

El impacto más inmediato y evidente de esta epidemia se percibe en el mercado laboral. Alan Krueger, que fue presidente del Consejo Económico de Barack Obama, ha investigado el asunto a fondo. El año pasado publicó que casi la mitad de los hombres que no estaban en la población activa tomaban medicamentos para el dolor a diario, un dato que le llevó a seguir tirando del hilo y establecer, en un informe de este otoño de la Brookings Institution, la penosa relación entre opiáceos y actividad laboral. El repunte de las prescripciones de este tipo de medicamentos registrados entre 1995 y 2015 podría haber causado el 20% del declive de la tasa de participación (porcentaje de la población empleada o en búsqueda de empleo) de los hombres experimentado en el mismo periodo. En el caso de las mujeres, explicaría el 25% del mismo descenso.

La caída de la población activa es un problema que Estados Unidos arrastra desde hace años y que está lastrando el crecimiento potencial del país, más allá de los ciclos económicos. Si al principio de la década de los 2000 estaba en el 67,3%, en septiembre de 2015 tocó el mínimo en cuatro décadas, del 62,4%, si bien ahora ha mejorado algo. Influye el envejecimiento de la población y la desaparición de cierto tipo de empleo, pero el trabajo de Krueger sugiere que los opiáceos han desempeñado un papel más relevante de lo percibido hasta ahora. En esos 15 años estudiados, la tasa de actividad cayó más precisamente en aquellos condados donde más prescripciones de estos fármacos se habían detectado.

El fentanilo y otros opiáceos sintéticos, cuando no directamente la heroína, ya empieza a afectar a algunas empresas a la hora de encontrar trabajadores. El pasado septiembre, Jonathan Rupert, contó a la cadena televisiva CNBC que de los 49 empleados que había en su empresa de Ohio, que fabrica e instala encimeras para baños y cocinas, 15 eran exadictos. Había comprado la compañía, Distinctive Surfaces, dos años atrás y, según cuenta, por aquel entonces no dejaba de recibir llamadas de gente buscando empleo. El negocio fue creciendo y empezó a necesitar mano de obra. Cuando se puso a buscar, se dio cuenta de que muchos candidatos tenían problemas de drogas. Hace seis meses decidió contratar a un hombre que estaba en rehabilitación, este le presentó a otros y también ficharon por la empresa. “No me importa el pasado de un tipo, sino lo que hace hoy, y a lo que va en el futuro”, explica Rupert, para añadir que, a su juicio, “un tipo que desea invertir su tiempo en su futuro y una vida sana es un tipo al que vale la pena traerse”.

Más consumo de drogas entre trabajadores

Ohio es una zona especialmente castigada por el problema, pero no hay una industria especialmente identificada como más perjudicada. En respuesta a este periódico, Alan Krueger señala que “los trabajadores menos formados son más vulnerables, también es más entre la población blanca que la afroamericana o la latina, pero la adicción está muy extendida”. Hay un círculo vicioso potencial en el adicto a los medicamentos, el que lo sufre se ve expulsado del mercado laboral, la adición empeora y la vuelta al mercado se pone cuesta arriba. “Esa espiral es un riesgo, desde luego, pero espero que el hecho de que se esté prestando una mayor atención al problema ayudará a frenar la expansión de las prescripciones de opiáceos”, concluye.

Otros datos apuntan también al repunte del consumo de drogas en general entre los trabajadores estadounidenses. La empresa Quest Diagnostics, que se dedica a realizar análisis al personal en empresas y elabora un índice anual, halló en 2016 la mayor tasa de uso de drogas por parte de empleados en 12 años. Llevan cuatro años seguidos registrando aumentos en el caso de la cocaína, aunque el repunte más drástico en el año corresponde a la marihuana y el de la de heroína se mantuvo estable.

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