El Eurogrupo enfría el plan de Juncker para ampliar la eurozona con rapidez

Dijsselbloem se muestra dispuesto a ampliar la eurozona, pero "de forma gradual, sin forzar a ningún país"

El ministro de Economía, Luis de Guindos con el ministro de Finanzas griego, Euclid Tsakalotos
El ministro de Economía, Luis de Guindos con el ministro de Finanzas griego, Euclid Tsakalotos Valda Kalnina (EFE)

La crisis del euro se convirtió en una crisis existencial en toda regla cuando reveló las formidables dificultades de la eurozona para capear la Gran Recesión. Bruselas acaba de trazar un ambicioso plan para reformar el euro de arriba abajo: para que la próxima crisis no vuelva a provocar destrozos en el proyecto europeo. Jean-Claude Juncker, jefe de la Comisión Europea, propuso el miércoles que todos los países de la UE se adhieran al euro con rapidez, que el Mecanismo de rescate (Mede) se convierta en un Fondo Monetario Europeo con capacidad para apagar fuegos, que lo dirija un superministro de Economía que además presidiría también el Eurogrupo, y que la eurozona disponga de un presupuesto anticrisis. El Eurogrupo informal de Tallin (Estonia) ha revelado hoy las primeras reacciones políticas en las cancillerías: no tan rápido, señor Juncker.

Al euro siempre le han perseguido las advertencias que nadie se toma en serio. Toda Europa es consciente de la necesidad de tener una institución equivalente al BCE en el plano de la política fiscal, que podría ser ese Fondo Monetario Europeo con artillería para lidiar con crisis graves. Y toda Europa sabe que una de las grandes fracturas de la Unión es la brecha entre países de la eurozona y países que no comparten la moneda única: es mucho más difícil un divorcio como el Brexit si los países comparten su divisa. Los planes de Juncker pasan por abordar esas dos líneas de falla para evitar futuros seísmos: por ampliar la eurozona con rapidez y por un FME poderoso. Berlín y París llevaban un par de días bailando la danza de la cautela. Pero el Eurogrupo (la reunión de ministros de Finanzas del euro) ha sido más directo, con una ráfaga de declaraciones que en la práctica es un jarro de agua fría sobre las propuestas de la Comisión.

“La ampliación del euro tiene que ser un proceso natural, gradual, sin forzar a nadie”, ha asegurado el presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem. “Si la eurozona y la unión bancaria funcionan estoy seguro de que más países querrán unirse”, ha añadido. El problema de ese argumentario es que nada de eso termina de funcionar. La eurozona ha tardado casi una década en recuperar los niveles de PIB precrisis, y sigue con cifras de paro mareantes. Y la unión bancaria está incompleta (no hay fondo de garantía de depósitos ni respaldo fiscal al fondo de resolución para cerrar bancos) y tampoco funciona, como han demostrado las diferencias de trato entre el Banco Popular y las entidades italianas.

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El Eurogrupo cree que para entrar en la eurozona no basta con el mecanismo de ayuda técnica y financiera que propone Juncker. Más allá de ese ímpetu político que quiere imprimir Bruselas, los ministros abogan por hacer cumplir a rajatabla los criterios de convergencia para ingresar en el euro (relacionados con la inflación, el tipo de cambio y el estado de las finanzas públicas) y evitar así una nueva Grecia. Y ahí los números no salen. Reino Unido y Dinamarca optaron por referéndum por quedarse fuera. Y ni uno solo de los países que podrían solicitar un hipotético acceso al euro (Bulgaria, Rumanía, República Checa, Polonia, Croacia y Hungría) los cumple.

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Bruselas ha hablado: ahora es el turno de París y Berlín; de quienes mandan de veras. Tras las elecciones alemanas de la próxima semana, el presidente francés, Emmanuel Macron, tiene previsto desgranar sus planes sobre el futuro del euro. Alemania y Francia se verán después con Italia y España para esbozar un plan más preciso a lo largo del otoño. Nadie espera nada ni remotamente tan ambicioso como lo que quiere Juncker: Berlín cederá a algunas de las peticiones de Macron, como un presupuesto –no demasiado abultado—, y también está dispuesto a crear un Fondo Monetario Europeo, pero que podría quitarle la supervisión presupuestaria a la Comisión Europea y exigir reformas y reestructuración de deuda antes de salir al rescate de los países con problemas. Alemania, en fin, plantea darle aún más fuerza a un régimen intergubernamental (mandan los Estados más que las instituciones) con la flexiausteridad que caracteriza los últimos años en Europa por bandera. Y en esa batalla política solo Bruselas se atreve, de momento, a llevarle la contraria.

"Hay que hacer una Europa política y económica más fuerte y capaz de actuar", ha dicho el ministro de Finanzas germano, el poderoso Wolfgang Schäuble, que tiene intención de repetir si Angela Merkel repite como canciller. "¿Cómo hacerlo? Esa es la tarea más urgente", se ha cuestionado. La respuesta, después del 24 de septiembre: tras las elecciones alemanas, que hoy más que nunca son elecciones europeas.

Guindos aplaude (con matices) los planes de Bruselas pero enfatiza el presupuesto del euro

La prioridad de España no es que todos los países de la UE se incorporen al euro. Ni un Fondo Monetario Europeo, ni un superministro de Finanzas, ni siquiera completar la unión bancaria. El ministro Luis de Guindos ha asegurado hoy al acabar el Eurogrupo de Tallin que lo más urgente, a juicio del Gobierno español, es "un instrumento presupuestario común de la eurozona que permita actuar contra shocks asimétricos". En plata: un presupuesto anticrisis.

Guindos se alinea con la Francia de Macron, con la Comisión Europea y con el Mecanismo de rescate (Mede) en esa petición. Incluso han empezado a circular algunas cifras: el Mede considera que la potencia de fuego de ese fondo anticíclico debería estar entre el 1% y el 2% del PIB de la zona euro: entre 100.000 y 200.000 millones de euros, nada menos. El problema es, como siempre Berlín: Alemania no acepta esas cifras ni de lejos. Apenas una décima, quizá una vigésima parte de esas cifras, según el think tank Eurasia Group.

"El planteamiento español es que los países deben seguir haciendo reformas, pero hay que mejorar también el marco institucional. Es imprescindible terminar la unión bancaria. Puede funcionar un Fondo Monetario Europeo. Y Bruselas hace bien en recordar que el euro es la moneda de la UE y la eurozona debe seguir ampliándose, pero necesita un instrumento presupuestario" para luchar contra las crisis. España planteó la pasada primavera que ese podría ser un fondo anticrisis o incluso un seguro de desempleo europeo, pero fuentes del ministerio de Economía apuntan que para ello es imprescindible que Alemania esté de acuerdo, algo que en este momento no está asegurado. Guindos, en fin, apoya –con matices—los planes de Juncker, pero a la vez se alinea con algunas de las ideas de Berlín: Economía, por ejemplo, no ve mal que el nuevo FME despoje a la Comisión de la supervisión fiscal. "Habría que ver cómo se hace", apuntan fuentes ministeriales con deliciosa ambigüedad. En una entrevista con este diario, Guindos fue más claro hace justo un año: estaría a favor de la propuesta alemana "si ese cambio viene acompañado de una mayor integración fiscal y de medidas para compartir riesgos".

Sobre la firma

Claudi Pérez

Director adjunto de EL PAÍS. Excorresponsal político y económico, exredactor jefe de política nacional, excorresponsal en Bruselas durante toda la crisis del euro y anteriormente especialista en asuntos económicos internacionales. Premio Salvador de Madariaga. Madrid, y antes Bruselas, y aún antes Barcelona.

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