Japón da un giro a su programa de estímulo monetario

El regulador nipón actuará para controlar el interés del bono a diez años y decide mantener los tipos

El gobernador del Banco de Japón, Harukiro Kuroda.TORU HANAI (cnbc)

A mediados de 2013 Japón puso en marcha un programa de expansión monetaria cuantitativa y cualitativa sin precedentes, basado en una ingente inyección de dinero a través de un programa de compra de deuda pública y otros activos, para lograr dejar atrás la deflación y relanzar una economía que lleva dos décadas estancada. Más de tres años después, la tercera economía mundial sigue prácticamente igual: durante el segundo trimestre se expandió apenas un 0,2% a un ritmo anualizado, la inflación en julio se situó en el -0,4% y el yen se ha apreciado frente al dólar hasta niveles similares a los de 2013. Para revertir la situación, el Banco de Japón ha decidido usar nuevas herramientas.

Hasta ahora la estrategia del regulador nipón se basaba en aumentar la base monetaria —la cantidad de dinero en circulación más las reservas de las entidades financieras en el banco central— a un ritmo primero de entre 60 y 70 billones de yenes anuales que finalmente se amplió hasta los 80 billones de yenes (unos 700.000 millones de euros). Tras la reunión del organismo de este miércoles, el gobernador del Banco de Japón, Harukiro Kuroda, anunció que el nuevo objetivo del organismo será mantener la rentabilidad del bono nipón a diez años cerca de los niveles actuales.

El objetivo es el de siempre, lograr que Japón alcance cuanto antes una inflación cercana al 2% durante un periodo estable. Pero en vez de centrarse en un objetivo fijo a corto plazo, el regulador pretende ahora controlar el mercado de la deuda a largo plazo: “La nueva prioridad, que se centra en un control de la curva de rendimiento de los tipos de interés de los bonos, será más flexible con los precios y las condiciones financieras comparado con los métodos anteriores de control del crecimiento de la base monetaria y la cantidad adquirida”, dijo Kuroda. Este principio implica que el organismo podría comprar deuda a largo plazo por valor de hasta 80 billones de yenes en caso de que la demanda se desplomara o a no hacerse con ni un bono si, por el contrario, los inversores se lanzaran a adquirirlos.

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En un intento de lanzar un mensaje a los mercados de que esta vez Japón sí lo logrará, el gobernador aseguró que con esta medida hasta se podría superar el umbral del 2% de inflación. Tampoco ha renunciado a dar otra vuelta de tuerca a la receta de los últimos tres años largos, dejando la puerta abierta a ampliar aún más la base monetaria o a rebajar de nuevo los tipos de interés, situados en un inédito -0,1%.

Kuroda quiere mantener a raya el interés del bono a diez años para mejorar las expectativas sobre la economía japonesa y sobre todo para atender las quejas de las entidades financieras. La decisión del organismo en enero de dejar los tipos de interés en terreno negativo, que pretendía abaratar el crédito y espolear la economía, tuvo un efecto contrario al esperado porque redujo drásticamente los márgenes bancarios y los beneficios.

La curva de rendimiento indica el interés que recibirán los inversores al comprar deuda pública dependiendo de su vencimiento. Lo habitual es que sea una línea ascendente, porque los bonos a largo plazo se asocian a un mayor riesgo y, por lo tanto, se retribuyen mejor que los que vencen a corto plazo. En el caso japonés, esta curva se ha ido aplanando de forma significativa en los últimos años: si en abril de 2013 el bono a diez años tenía una rentabilidad del 0,6%, ahora se sitúa en torno al 0%.

Una curva más plana afecta directamente a la rentabilidad bancaria, porque las entidades tienen que pagar más intereses a corto plazo a sus clientes mientras que reciben menos por sus préstamos a largo plazo. No es de extrañar, pues, que tras el anuncio de los nuevos planes de Kuroda este miércoles, las acciones de los principales bancos japoneses lideraran las subidas en la Bolsa de Tokio, que cerró con un avance del 1,9%.

No todos los inversores, sin embargo, ven factible que con este movimiento Japón logre dejar atrás la deflación. El yen, que en un principio respondió debilitándose frente al dólar, reculó a las pocas horas y se situó en máximos de tres años. "Resulta complicado ver el anuncio realizado como algo más que un mero ajuste al programa en curso", asegura Mitul Patel, responsable de tipos de interés de Henderson Global Investors en un comunicado. "La curva de rendimiento es como un termómetro que indica la salud de una economía", ilustró Lim Say Boon, jefe de inversiones del Banco DBS en Singapur, a la agencia Reuters. "En lugar de curar al paciente, Kuroda 'arregla' el termómetro para que ya no registre la fiebre".

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