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La inversión extranjera en España cae un 29% entre enero y junio

El descenso obedece a la comparación con un excepcional primer semestre de 2015

El ministro de Economía, Luis de Guindos.
El ministro de Economía, Luis de Guindos. EL PAÍS

La inversión extranjera en España se desploma un 29% en el primer semestre del año. Según las estadísticas del Registro de Inversiones Exteriores publicadas este martes por el Ministerio de Economía, en términos brutos la inversión productiva foránea cayó entre enero y junio desde los 9.415 millones hasta los 6.716 millones de euros. Sin embargo, según los expertos consultados, el dato no se antoja un motivo de alarma. Por más que en un primer momento dé esa impresión, la incertidumbre política no parece perjudicar la entrada de inversores foráneos. En realidad, la caída de un año para otro obedece a un efecto estadístico al comparar con un primer semestre de 2015 excepcionalmente bueno en el que la economía se disparaba y los precios de los activos eran todavía bajos.

Cuatro operaciones significativamente grandes, una de mucho volumen en energía y tres en distribución y comercio, elevaron la cifra muy por encima de lo normal. De hecho, los 6.716 millones registrados entre enero y junio simplemente suponen una vuelta a los niveles de años anteriores: 5.276 millones en el primer semestre de 2014; 6.789 millones en el primer semestre de 2013 y 7.022 millones en el primer semestre de 2012. 

Esta interpretación prudente también se comprueba cuando se examinan las desinversiones. Tan sólo se han desinvertido unos 1.700 millones en los seis primeros meses del año, la misma cifra que se viene produciendo en los ejercicios precedentes... Salvo en 2012, un año de crisis de caballo en el que se fugaron de España 19.133 millones sólo en el primer semestre.

Estos flujos compilados por la Secretaría de Estado de Comercio no son financieros, es decir, no recogen compras de cartera, participaciones de empresas por debajo del 10%, sociedades de tenencias de valores, capital riesgo o bonos. Así que no se trata de un capital que sale con suma rapidez al menor atisbo de inestabilidad. Al contrario, estas inversiones constituyen inyecciones en vena destinadas a abrir una fábrica, establecer una filial o contratar personal. Tardan más en llegar, pero tienen unos objetivos más a largo plazo vinculados a la marcha del PIB. En definitiva, tardan más en irse porque representan una apuesta por una economía que aún avanza a ritmos del 3%.

Por regiones, ocurre exactamente lo mismo: la inversión bruta en Cataluña se hunde un 59% y en Madrid un 39%. Sin embargo, estos descensos también suponen un retorno a parámetros más habituales. En Cataluña se regresa a los 1.000 millones obtenidos en un semestre, el doble de los 515 millones que se anotaron en 2014, cuando en pleno desafío soberanista apenas se llevaron el 9% de todas las inversiones a pesar del mayor peso que tiene la región en la economía española.