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Las exportaciones de Japón caen un 14%, su mayor ritmo desde 2009

Las ventas al exterior encadenan 10 meses de descensos y las importaciones bajan un 24,7%

Camiones en la terminal de carga de Yokohama, al sur de Tokio (Japón)
Camiones en la terminal de carga de Yokohama, al sur de Tokio (Japón) EFE

Japón registró un superávit comercial de 513.510 millones de yenes (4.548 millones de euros) en julio. Es su segundo saldo positivo consecutivo, según informó el Gobierno este jueves. Es decir: que Japón logra vender más en el exterior de lo que compra. Aparentemente es una buena noticia. Sin embargo, el detalle de las cifras es otra preocupante muestra de la debilidad de la economía japonesa: el pasado mes de julio las exportaciones japonesas se contrajeron un 14% interanual hasta los 5,72 billones de yenes (50.829 millones de euros), un ritmo de bajada que no se registraba desde 2009. Las importaciones decrecieron todavía más, un 24,7%. Y, de ahí, que el país registrara superavit comercial.

El principal culpable de este brusco descenso del comercio exterior es la fuerte revalorización del yen frente a las monedas de los principales socios comerciales de Japón, principalmente con el dólar estadounidense. Si hace tres meses el billete verde se cambiaba a casi 109 yenes, ahora solamente son 99, un nivel similar al de agosto de 2014. Y esto encarece enormemente los productos japoneses fuera del país, por lo que los beneficios de las potentes empresas exportadoras se reducen y la tercera economía mundial sufre.

Tras conocerse los datos sobre comercio exterior, la Bolsa de Tokio cerró con una caída del 1,55%. Compañías como Toyota o Nissan cedieron un 1,8% y un 2,6%, respectivamente. Los sectores más afectados por las caídas han sido el automovilístico, la electrónica y los productos de acero.

Ante la fortaleza del yen, las autoridades han insinuado en varias ocasiones que están dispuestas a intervenir el mercado de divisas para frenar el alza de la moneda. Representantes del Gobierno liderado por el primer ministro Shinzo Abe como del Banco de Japón se reunieron este jueves tras conocerse los datos y reafirmaron su voluntad de "tomar las medidas que sean necesarias" en caso de que se especule con la divisa nipona y se mantenga la volatilidad. Una acción de este tipo, sin embargo, aumentaría la confrontación con otros socios y potencias comerciales del mundo. De hecho, uno de los compromisos de los países del G-20, del que Japón es miembro, es no llevar a cabo devaluaciones de divisas con fines competitivos.

En una nota a clientes, el economista para Japón de Capital Economics Marcel Thieliant asegura que la previsión es que la moneda japonesa dé un respiro a finales de año, lo que haría mejorar las tasas de crecimiento del volumen de comercio exterior en los próximos meses. Pero también advierte de "una demanda exterior débil que evitará que se produzca una recuperación sólida".

La tercera economía mundial pasa por un momento delicado a pesar de estar inmersa en el mayor programa de estímulo monetario de su historia y haber aumentado el gasto fiscal en varias ocasiones. Japón creció un exiguo 0,2% entre abril y junio gracias a la inversión pública, pero el impulso inicial de la expansión cuantitativa se está diluyendo: los tipos de interés están situados en el -0,1% y podrían bajarse más y Abe aprobará próximamente un paquete de medidas fiscales por valor de 120.000 millones de euros, pero ya casi nadie confía en que estas medidas tengan un impacto significativo a medio plazo en el crecimiento económico.

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