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Populismo: comunismo 2.0

Si Europa reacciona y hacemos políticas socialdemócratas que disminuyan el paro y suban los salarios, el populismo volverá a ser una fuerza marginal

Alberto Garzón, izquierda, y Pablo Iglesias, líderes de Unidos Podemos.
Alberto Garzón, izquierda, y Pablo Iglesias, líderes de Unidos Podemos.

El Manifiesto Comunista de Marx y Engels describe los problemas del sistema capitalista, el principal su incapacidad para conseguir una distribución de la renta justa compatible con la democracia y la estabilidad social. Pero el comunismo como alternativa generó más problemas a los ciudadanos de los que pretendía resolver.

Marx pronóstico que el capitalismo moriría de éxito. Las empresas eficientes se convertirían en monopolios, se apropiarían de toda la renta y alienarían a los empleados. Los trabajadores alienados harían la revolución y llegaría el comunismo que se aprovecharía de la tecnología y la eficiencia del capitalismo para redistribuirla.

El comunismo llegó en Rusia, país agrícola que no había desarrollado la burguesía ni tenía empresas exitosas con tecnología. Marx había muerto pero Engels sentenció que los caminos de la revolución eran inescrutables.

El mayor experimento comunista fue el muro de Berlín en 1945. Ambas Alemanias estaban asoladas por el nazismo y la guerra en 1945. En 1990 Alemania del Oeste con un modelo socialdemócrata era una de las economías más prósperas del mundo. No había empresas monopolísticas que dominaran el sistema y el peso de los salarios de los trabajadores había aumentado significativamente en detrimento del capital. Alemania del Este, con un modelo comunista, tenía una renta por habitante la mitad que la de un alemán del Oeste.

El fracaso del comunismo fue tan estrepitoso que los comunistas negaron serlo, salvo algunos nostálgicos como Julio Anguita o Alberto Garzón. No es que los comunistas abandonaran el comunismo, es que el comunismo les abandonó a ellos.

Pero lejos de reconocer el fracaso de sus ideas se reconvirtieron en populistas, especialmente en América Latina. Ya no eran comunistas, ahora eran antiglobalización y antiliberales. Para ellos, hasta los socialdemócratas que vencieron a Thatcher y a Reagan, pasaron a ser neoliberales. Pero los latinoamericanos, tras 15 años de populismo, también han descubierto que genera más problemas de los que intenta resolver. Venezuela es el caso extremo, donde la hiperinflación ha empobrecido a los de abajo, a los funcionarios y los pensionistas hasta niveles de los años ochenta.

En Argentina, donde Kirchner ha perdido las elecciones tras una grave crisis económica donde la pobreza y la desigualdad han vuelto a aumentar. Y en Ecuador, donde la economía destruye empleo y Correa aplica duros recortes en sanidad y educación. En Europa el populismo es inviable dentro del marco democrático y jurídico de la UE. Syriza lo intentó y acabó rescatando a los bancos y aplicando duros recortes como Rajoy en 2012.

En España Podemos y sus confluencias ni lo podrán intentar, al tener unos 80 escaños de 350. En sus alcaldías ya pagan la deuda que prometían no pagar, continúa la austeridad, los jóvenes siguen cabreados y sigue habiendo los mismos pobres.

La otra opción es salir del euro. Anguita la defiende con pasión, y provocaría más pobreza e infelicidad. Si Europa reacciona y hacemos políticas socialdemócratas el populismo volverá a ser marginal. Si sigue gobernando la derecha en España y en Europa, el populismo continuará.