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Tu padre sabe menos de finanzas que tú

Ayudar a nuestros padres a tomar mejores decisiones financieras es el mejor ejercicio para reducir el riesgo de que nos pase a nosotros cuando tengamos su edad

Unos niños aprenden a hacer cuentas con un juego de matemáticas.
Unos niños aprenden a hacer cuentas con un juego de matemáticas. Getty

Aquél dicho de “más sabe el Diablo por viejo que por diablo” funciona para muchas cosas, pero encontró su excepción en la educación financiera. De acuerdo con la encuesta Gallup de capacidades financieras los conocimientos en esta área funcionan como una campana: los jóvenes tienen baja educación financiera, esta alcanza su mejor punto entre los 36 y 50 años, y a partir de los 51 años vuelve a tomar una trayectoria descendente.

Esto es preocupante porque nos habla de que es altamente posible que tengamos pocos conocimientos al tomar nuestras primeras decisiones financieras-ahorrar cuando tenemos el primer trabajo, cómo usar nuestra tarjeta de crédito, elegir la primera hipoteca –, pero que aún si hemos aprendido algo en la etapa adulta y logramos formar un patrimonio, estará en riesgo cuando tengamos que disponer de él siendo adultos mayores.

En Estados Unidos a 20% de los adultos mayores les han vendido inversiones inapropiadas para su situación financiera o con comisiones más altas de las que deberían tener por productos similares, según datos del libro Pound Foolish de Helaine Olen, que trata sobre los conflictos de interés de los gurús de las finanzas personales en Estados Unidos y las malas prácticas de la industria financiera en general.

Y esto no pasa sólo en Estados Unidos. En España los mayores afectados por las preferentes también fueron los adultos mayores y en América Latina se llegan a ver fraudes con cajas de ahorro, falsas instituciones financieras, estafas piramidales o en los que dan créditos que no necesitan a personas de la tercera edad, que incluso les llegan a llevar los papeles al domicilio.

Está claro que además del cuidado afectivo y de salud que podamos tener con nuestros padres, también se abre una nueva rama: la financiera. Para esto se necesita más apertura para hablar de estos temas en familia y por supuesto que nuestra propia educación financiera mejore ¡si no flaco favor les estaremos haciendo!

Si la OCDE y la encuesta Gallup no se equivoca incluso toda una vida de ahorro y prudencia financiera no basta si en la etapa más crucial –cuando quizás ya no haya posibilidad de reponer ese patrimonio – tomamos malas decisiones o dejamos de prestar atención al dinero.

Esto también es una advertencia para nosotros: ¿qué decisiones podemos tomar que nos protejan cuando nuestros conocimientos financieros disminuyan? ¿Qué tenemos que aprender ahora para no caer en fraudes después? ¿Cómo podemos cubrir nuestros riesgos? ¿Cómo queremos vivir durante el retiro (incluyendo si la vivienda está adaptada a una persona mayor y qué ocupaciones podemos tener)?

En América Latina eso de los países de viejos nos parece una curiosidad europea, pero ya no somos tan jóvenes como creíamos: a partir del 2035 se acelerará nuestro proceso de envejecimiento demográfico, y nos llevará de poblaciones con sólo 7% de adultos mayores (el porcentaje actual) a 14%, con todas las implicaciones en salud, costos de vida y dinámica económica que conlleva.

Quizás empezar por ayudar a nuestros padres a tomar mejores decisiones financieras y evitar que caigan en fraudes es el mejor ejercicio para reducir el riesgo de que nos pase a nosotros cuando tengamos su edad.

Sofía Macías es especialista en educación financiera, periodista financiera y autora de la serie de best-sellers Pequeño Cerdo Capitalista, con versiones para México, España e Italia. Puedes encontrarla en Twitter como @PeqCerdoCap y en www.pequenocerdocapitalista.com

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