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Kutxabank seguirá bajo el control del poder político

La entidad no se deshace del control político que quería eliminar el BCE al autorizar el Banco de España a BBK, controlada por el PNV, a mantener el 57% del banco

Mario Fernández y Goyo Villalabeitia en la sede de la BBK
Mario Fernández y Goyo Villalabeitia en la sede de la BBK

El nacionalismo dejó hace ya años de reivindicar en sus programas un banco público vasco. Ahora el PNV tiene el control de un banco privado. Kutxabank será la excepción dentro de la gran reforma bancaria impulsada por la troika —la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI)— en España y cuyo objetivo central era que las cajas de ahorros, propietarias de bancos —solventes o no— perdieran el control de los mismos. El Banco de España comunicó esta semana que permitirá a la BBK, controlada por el PNV, mantener el 57% del banco que dirige Gregorio Villalabeitia, a cambio de dotarse de un fondo de reserva de 239 millones de euros que deberá estar completado, como muy tarde, en diciembre de 2020.

La solvencia demostrada por Kutxabank en las pruebas de estrés del Banco Central Europeo, BCE, en 2014, pero sobre todo las gestiones del lobby nacionalista ante el ministerio Economía que dirige Luis de Guindos, han acabado por superar las trabas de una normativa sobre fundaciones bancarias inicialmente mucho más duras. El fondo de reserva que inicialmente era de 700 millones, se ha rebajado hasta los 239.

Si a los demás bancos que nacieron de la transformación y fusión de las maltrechas cajas, la nueva normativa les obliga a salir a bolsa, Ibercaja, Unicaja y CaixaBank, el regulador autoriza a la fundación bancaria Bilbao Bizkaia Kutxa, a mantener esa posición a cambio de ingresar cada diciembre en ese fondo 48 millones de euros hasta completar esa cantidad de 239 millones.

Todo un reto para el banco vasco que cerró 2015 con un beneficio neto consolidado de 218,8 millones de euros, un 45,5% más que el ejercicio anterior. El problema es que solo puede repartir el 50% del resultado neto entre sus propietarios.

El 57% de la mitad del beneficio, que le corresponde a BBK según el dato de 2015, es de 62 millones. Poco, teniendo en cuenta que este diciembre ya tendrá que dotar ese fondo con 48 millones y el presupuesto de su Obra Social para este año es de casi 34 millones. Le faltan unos 20.

Pero el dinero no preocupa en demasía en una entidad que ha logrado superar la crisis financiera, la desconfianza regulatoria y lo que a todas luces suponía el principal peligro para el PNV, diluir o incluso perder el control del banco. Una línea roja que el PNV no ha tenido miedo en cruzar con la salida a bolsa de Euskaltel, la firma de telecomunicaciones que nació bajo su auspicio.

Cuando el anterior presidente de Kutxabank, Mario Fernández, apostó claramente en 2013 por seguir las pautas del regulador y propuso un gran pacto interno entre BBK, Kutxa y Vital para salir a bolsa en un plazo de cinco años, en el PNV saltaron todas las alarmas.

Fernández fue sustituido en noviembre de 2014 al frente del banco, en una operación relámpago, para evitar que su discurso de abrir la propiedad a terceros acabara calando. De nada sirvió su pasado como presidente de la BBK y sus logros, como el de consolidar para el PNV el control futuro del banco resultante de la fusión de las tres cajas, al garantizarse una posición dominante con la compra, en 2010, de la intervenida Caja Sur. Al aumentar su tamaño en vísperas de comenzar el proceso de fusión de las tres cajas, BBK y por tanto el PNV, mantuvo firme el timón de toda la operación.

Fruto de esa situación el PNV designó a diez de los quince miembros actuales del consejo de administración de Kutxabank. Tres fueron nombrados por el PP y dos por el PSE. Dos años después de echar a andar Kutxabank, Mario Fernández anunció que su entidad era la más solvente de todas las analizadas en las pruebas de estrés del sistema europeo.

Cuando en 2013 Mario Fernández dejó la presidencia de BBK por motivos de edad, pero siguió en la del banco, Xabier Sagredo tomó el testigo. El que fuera tesorero del PNV y miembro de la ejecutiva de Bizkaia, además de hombre de confianza del presidente del partido, Andoni Ortuzar, fue aupado a la presidencia de BBK. Una atalaya desde la que ha propiciado la entrada de Gregorio Villalabeitia, y ha ejercido, junto al grupo parlamentario del PNV en el Congreso, una fuerte presión ante el Ministerio de Economía y el Banco de España.

El próximo mes de junio Kutxabank tiene que renovar su consejo en base a los criterios del regulador europeo, que obliga a introducir independientes con un perfil financiero claro. El BCE se reserva, además, la capacidad de veto si los elegidos no acreditan experiencia en la materia y conocimientos suficientes en áreas como auditoria o control de riesgos. El PNV exige otro perfil, independientes sí, pero próximos a la Sabin Etxea.

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