Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Acción coordinada

Aunque la semana se ha caracterizado por una sensible recuperación en los mercados financieros, el pesimismo entre los inversores acerca de las perspectivas económicas sigue siendo elevado. Los vértices del pesimismo actual parten de la ausencia de aceleración en el crecimiento y de una inflación insuficiente para acomodar en el tiempo unos niveles de endeudamiento que, de forma global, siguen siendo elevados. Aunque las señales contemporáneas no apuntan a una fuerte desaceleración, la potencial contaminación de expectativas de los agentes en reacción a las fuertes caídas en los mercados financieros (efectos riqueza) puede llegar a materializar ese riesgo en próximos trimestres.

Especial importancia cobra el sector financiero y su capacidad de canalizar a la economía los estímulos monetarios que, de permanecer en el tiempo sin conseguir la ansiada recuperación del crecimiento económico, pueden comprometer seriamente su rentabilidad y viabilidad (impacto de tipos negativos en márgenes). Junto a la creciente presión regulatoria, esa potencial combinación de menor crecimiento y elevado endeudamiento amenaza con poner contra las cuerdas al sector, hasta el punto de poder volver a desempeñar un papel desestabilizador y amplificador de problemas.

Para asistir a una estabilización duradera de la mejora del sentimiento, más allá de sorpresas al alza en indicadores económicos (que no refrenden el actual pesimismo extremo), hay dos citas clave en el horizonte de las próximas semanas. La primera, la reunión del G20 en Shanghái los días 26 y 27 de febrero, en la que participarán los ministros de Finanzas y los gobernadores de los bancos centrales. Unos días más tarde, el 3 de marzo, será el turno del Consejo de Gobierno del BCE. La Reserva Federal no celebra el FOMC hasta el 15-16 de marzo.

Difícilmente un mayor estímulo fiscal derivaría en un castigo sustancial a los Gobiernos que lo acometan

Con los mercados poniendo en duda la efectividad de nuevas medidas de política monetaria cuantitativa, el BCE puede verse obligado a hacer más de lo esperado para frenar el deterioro de condiciones financieras que ya se está produciendo, vía mayores costes de financiación privados y apreciación del tipo de cambio efectivo del euro. Dados los daños colaterales para la estabilidad financiera derivados de la permanencia de tipos de interés negativos, el BCE posiblemente tendrá que alterar substancialmente su actual mix de medidas para tranquilizar al mercado.

En todo caso, consideramos la cita del G20 más importante aún que la reunión del BCE. Esto es así por la creciente percepción de insuficiencia de las acciones monetarias sin un acompañamiento de medidas de estímulo fiscal y reformas estructurales, pero sobre todo sin la suficiente coordinación a nivel global. No todas las áreas económicas ni países se encuentran en una posición fiscal lo suficientemente saneada como para acometer grandes estímulos, pero la situación actual recomienda iniciar esta vía cuanto antes allí donde sea posible. En un entorno de exceso de ahorro a nivel global necesitado de encontrar depósitos de valor, difícilmente un mayor estímulo fiscal (siempre que sea productivo y no gasto corriente) derivaría en un castigo sustancial a los Gobiernos que lo acometan.

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José Manuel Amor y Daniel Fuentes Castro son profesores de AFI Escuela de Finanzas.

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