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Fin de una crisis de caballo

La cría equina de raza autóctona remonta por el mercado extranjero. El abandono o el desplome de los precios durante la recesión frenaron su crecimiento

Cuadra de caballos de Antonio López, en Alcobendas (Madrid)
Cuadra de caballos de Antonio López, en Alcobendas (Madrid)

Pedro Nadales lleva 32 años dedicándose a la cría de caballos. Su yeguada de Alhaurín de la Torre, en Málaga, se ha situado durante los últimos años entre los tres primeros puestos de España en nacimientos. Un orgullo. No solo por la publicidad que implica el liderazgo sino por lo que significa en el contexto nacional: haber sobrevivido a una de las peores épocas sufridas por un sector que roza el 10% de la ganadería española, copada principalmente por la producción porcina (37%) y bovina (36,4%). “La crisis ha sido más letal que la peste equina”, reflexiona acariciando a Fatuo, una belleza negra de feroz envergadura que ha hecho campeona a su hija Gema una veintena de veces.

En los peores momentos, se vendieron ejemplares por 150 euros. Ahorra está entre los 3.000 y los 5.000 euros

Ganaderos equinos como él han vivido una década de turbulencias. El estallido de la burbuja paralizó el crecimiento en 2008: muchos intrusos procedentes del ladrillo adquirieron ejemplares por considerarlo un artículo de lujo. Cuando la burbuja reventó y sus arcas se vaciaron, no tuvieron más remedio que malvenderlos. El abandono, la venta a precio de saldo o el matadero fue el destino de miles de ejemplares. Y la cría se estancó. Solo a partir de 2012 comenzó a repuntar debido al ocio o el deporte. En los peores momentos, se anunciaban ejemplares por 150 euros. El precio medio en la actualidad está entre los 3.000 y los 5.000 euros.

También hay un factor clave: el mercado exterior. El caballo Pura Raza Española (mayoritario en la península, donde se crían también de raza árabe y portuguesa) ha conquistado decenas de países de Centroamérica o Europa. “Nosotros sobrevivimos gracias a estar en la Costa del Sol y junto al aeropuerto. Aquí se establecen muchos alemanes que ejercen de intermediarios. Son los que más compran. También he vendido a Rusia, Bali o México. Y el caballo español engancha”, asegura.

“Hay un repunte, pero destinado a ejemplares de mucha calidad”, aclara Antonio Franco Salas, profesor de la Universidad de Sevilla. “La demanda interior está muy limitada y hay que mirar fuera, donde han aprendido a apreciarlos. Si aquí, donde no hay subvenciones y se paga un IVA del 21%, se recondujera la cultura del caballo no como algo de élite sino como actividad rural o deportiva, incluso como clases extraescolares, se generaría una gran industria con hasta 700.000 puestos de trabajo”, sostiene.

Un estudio de 2013 sobre el impacto del sector equino en España de Deloitte indica que esta actividad mueve 5.303 millones. El 0,51% del PIB. Lejos, no obstante, del 2% europeo de media. Según Deloitte, en España hay 175.429 explotaciones, con 723.496 caballos de todas las razas y 61.247 empleados. La Asociación Nacional de Criadores de Caballos Españoles (Ancce) sitúa el último censo en 219.377 ejemplares, en diciembre de 2014, apenas 10.000 ejemplares más que dos años atrás. “Estamos en un proceso de recuperación, aunque la demanda ha cambiado”, cuenta el presidente de la agrupación, Juan Tirado Agudo. “Su futuro depende de la estabilidad económica, ya que el 90% es de uso recreativo, o del impulso al deporte de doma clásica, que es olímpico”, analiza.