Multinacionales para competir en un mercado global

España ha pasado de la autarquía a tener compañías líderes en numerosos sectores

Fachada de la tienda que Zara tiene en la Quinta Avenida de Nueva York
Fachada de la tienda que Zara tiene en la Quinta Avenida de Nueva YorkEVAN JOSEPH

Hace 30 años sería impensable lo que hoy es una realidad. En 1985 nadie hubiera imaginado que un grupo textil español (Inditex) conquistaría el mundo con 6.777 tiendas en 88 países; nadie hubiera pensado que una entidad financiera española (Banco Santander) sería el primer banco del área euro por capitalización; nadie hubiera imaginado que una constructora española (ACS) liderase el listado de los grupos de construcción e ingeniería con mayor negocio internacional del planeta; nadie hubiera imaginado, en definitiva, que el 64% de las ventas logradas por las compañías del Ibex 35 se obtendrían fuera de España. La internacionalización de las compañías ha sido un modelo de éxito que las ha permitido abrir nuevos mercados, diversificar sus fuentes de ingresos y capear mejor la crisis que estalló en 2008 y que dejó tiritando la demanda interna.

“Las compañías españolas han pasado de la adolescencia a la mayoría de edad muy rápidamente”, sostiene Mauro Guillén, profesor de The Wharton School. “España, antes de 1986 era una economía protegida y atrasada. La entrada en la UE y el posterior Tratado de Maastricht impuso una dinámica de liberalización y desregulación. En las manufacturas, el desarme arancelario significó que había que buscar oportunidades en el exterior, tanto para fabricar como para vender. En las infraestructuras y servicios (bancos incluidos) había que lanzase al exterior para ganar tamaño”, añade Guillén.

Las empresas del Ibex 35 ya generan el 64% de sus ventas en el exterior

La primera fase en el proceso de la internacionalización de las empresas españolas arrancó en la década de los años setenta del pasado siglo y se extendió hasta mediados de los ochenta. En este periodo se abrieron al exterior empresas manufactureras de tamaño medio, tales como Chupa-Chups, Nutrexpa, Pescanova o Tudor, entre otras. Posteriormente, se produce la entrada de España en la Unión Europea (1986) y arranca una segunda fase en la internacionalización, mucho más intensa que la primera, sobre todo en los sectores de construcción, energía, electricidad, gas, petróleo, aguas, telecomunicaciones y banca. El tercer periodo en este fenómeno se remonta a la introducción del euro en 1999. A partir de entonces, las empresas españolas disfrutan de tipos de interés muy bajos, lo que les permite realizar adquisiciones en el exterior de mucha más envergadura, como las protagonizadas por Repsol, Telefónica, Banco Santander y BBVA.

Banco de pruebas

En el mundo de los negocios, como en la vida, hay que estar en el lugar adecuado, en el momento preciso. En este sentido, el impulso exterior de los grupos españoles se produjo con un timing casi perfecto: por un lado, hubo un proceso de privatizaciones de empresas públicas en España —en la mayoría de los casos a través de salidas a Bolsa— que las dotó de recursos, profesionalizó su gestión y cambió su mentalidad; de forma casi paralela, en Latinoamérica se produjo una apertura al capital extranjero. Esta combinación, favorecida además por los numerosos lazos culturales, históricos e idiomáticos, convirtió América Latina en el desembarco natural de las empresas españolas y convirtió la región en el banco de pruebas ideal para coger tamaño y experiencia antes de irrumpir en otros mercados.

“En ese momento, las empresas españolas eran conscientes de que tenían que ganar tamaño y esa ventana de oportunidad estaba en Latinoamérica”, destaca Ramón Casilda, profesor del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB). “Tuvimos la suerte histórica de la apertura del Continente gracias a las propuestas de liberalización del Consenso de Washington. Sin esta coincidencia la aventura exterior de nuestras empresas no se podría haber logrado a la velocidad que se hizo. Mientras la construcción de las grandes multinacionales anglosajonas ha llevado décadas, e incluso siglos, en el caso de las españolas se ha hecho en tiempo récord”, añade Casilda.

Entre los últimos años del siglo XX y los primeros del XXI se producen una serie de adquisiciones clave en Latinoamérica que pusieron los cimientos de todo el desarrollo posterior en la región. En 1997 Endesa entra en el capital de la chilena Enersis, dos años más tarde Repsol toma una participación en la argentina YPF, a partir del año 2000 Banco Santander incorpora al grupo a Banespa (Brasil), Grupo Serfín (México) y Banco Santiago (Chile), por su parte BBVA se queda en 2000 con Bancomer (México), mientras que Telefónica gana el concurso en 1998 para hacerse con Telesp en Brasil.

“La internacionalización ha ampliado el horizonte de oportunidades empresariales”, destaca Xavier Mendoza, profesor de Esade. “Hasta principios de los años noventa la búsqueda de oportunidades estaba orientada al mercado doméstico. La apertura exterior, sin embargo, ha traído un cambio de mentalidad de los empresarios, que ya piensan en global”, añade Mendoza.

La presencia en Latinoamérica de los grandes grupos españoles se consolida en los primeros años del siglo XXI con nuevas adquisiciones. Además, se produce el desembarco al otro lado del Atlántico de nuevas compañías como Iberdrola, Gas Natural, Prosegur, Mapfre, Indra o Abertis, entre otras, que a su vez arrastran a sus proveedores. “La internacionalización de nuestras empresas llegó con retraso si lo comparamos con las compañías de otros países. Es cierto que en un primer momento este proceso estuvo muy centrado en Latinoamérica, pero es que era el único hueco que quedaba porque los intentos de las multinacionales anglosajonas en la región no acababan de cuajar”, argumenta Salvador Montejo, presidente de Emisores Españoles, la principal asociación de compañías españolas cotizadas.

La apuesta latinoamericana fue un aprendizaje de primer orden para los cuadros de mando de las compañías españolas. Además, proporcionó un tamaño óptimo para poder competir. Sin embargo, una región emergente como esta ofrece un gran potencial, pero también conlleva más inestabilidad. Por eso, las compañías españolas iniciaron en la última década una nueva fase en su proceso de internacionalización que consistió en la entrada en otros mercados desarrollados, economías más maduras, pero que también garantizan mayor estabilidad en sus ingresos.

Un punto de inflexión en esta diversificación internacional llega en 2004. Ese año el Banco Santander se hace con Abbey, el sexto banco británico, y un año más tarde adquiere un 20% del estadounidense Sovereign. Telefónica también da un golpe de timón en su estrategia al comprar la operadora británica 02 en 2005, mientras que el BBVA se queda con la entidad estadounidense Compass.

“Es lógico que el proceso arrancase por los países con mayores afinidades. Sin embargo, las empresas españolas son conscientes de que tienen que abrirse a nuevos mercados”, dice Joan Enric Ricart, profesor de IESE. “En todo plan de internacionalización la clave es saber cuál es la ventaja competitiva de la empresa y, en función de ella, establecer una estrategia. Si no tengo ninguna cualidad que me haga competitivo fuera, tengo un serio problema porque tarde o temprano vendrá alguien a mi mercado local y me expulsará”, añade Ricart.

El efecto de la crisis

El estallido de la crisis tuvo un doble efecto en la internacionalización. Hubo muchas empresas que se vieron forzadas a salir fuera debido a la caída del mercado doméstico. Sin embargo, muchos grupos que ya estaban en el exterior habían financiado su expansión con deuda bancaria y tuvieron que congelar sus planes o incluso desprenderse de activos. En el último año, sin embargo, han sido varias las empresas que han vuelto a realizar compras fuera. “El proceso de internacionalización es algo absolutamente irreversible. Las empresas han descubierto que salir fuera no es diversificar el negocio, sino algo estratégico”, destaca Miguel Ángel Bernal, profesor del IEB.

Uno de los retos pendientes en la internacionalización de las empresas españolas es tener mayor presencia en un mercado de gran potencial como el asiático. “Aunque hay centenares de empresas radicadas en China e India, no tenemos una presencia importante en esas economías emergentes”, advierte Mauro Guillén. Este experto cree que por número de multinacionales España ya puede mirar de tú a tú a otros países, aunque destaca que nuestras compañías son relativamente pequeñas y no son globales. “Las empresas holandesas, suecas, alemanas o japonesas son más internacionales que las nuestras”, matiza.

Sobre la firma

David Fernández

Es el jefe de sección de Negocios. Es licenciado en Ciencias de la Información y tiene un máster en periodismo por EL PAÍS-UAM. Inició su carrera en Cinco Días y desde 2006 trabaja en EL PAÍS, donde se ha especializado en temas financieros. Ha ganado los premios de periodismo económico de la CNMV, Citigroup, Aecoc y APD.

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