Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Austeridad en la Europa intervenida

El nivel de pobreza de los cinco países rescatados es superior a la media de la UE

El porcentaje de población en riesgo de pobreza o de exclusión social en los cinco países europeos intervenidos (con distintas fórmulas) durante la Gran Recesión es superior a la media de la Unión Europea, según Eurostat, la oficina de estadísticas de la Comisión. Grecia, con un 36%; Irlanda, con un 29,5%; España, con un 29,2%; Portugal, con un 27,5%; y Chipre, con un 27,4%, son estos casos. Además, cuatro de esos cinco países (excepto Portugal) están entre aquellos cuyo riesgo de pobreza relativa ha subido más en el periodo que va entre los años 2008 y 2014.

De todos ellos es Grecia la cobaya peor tratada en el laboratorio social del doctor Mengele de la austeridad. A sus problemas económicos ya conocidos (el riesgo de pobreza ha crecido casi ocho puntos durante la crisis y conserva un cuarto de la población activa en paro) se le suman ahora las dificultades para hacer frente al aluvión de refugiados que ha llegado a sus playas desde principios del año en curso. De los 710.000 inmigrantes huyendo de la muerte o de la hambruna que han entrado en Europa en 2015, casi 470.000 lo han hecho a través de Grecia. A estas alturas, la UE todavía no ha dado una respuesta colectiva a este asunto, lo que parece difícil de comprender en la parte del mundo con un modelo social más avanzado.

La ucronía consiste en preguntarse qué hubiera pasado si esos países no hubieran sido intervenidos y no hubieran tenido que aplicar medidas de austeridad tan fuertes como las que han sufrido sus ciudadanos. Lo que es seguro es que todos ellos fueron obligados, a cambio de los rescates macroeconómicos o financieros, a ejecutar políticas económicas de la familia de la “austeridad expansiva”(teorizadas por Alberto Alsina y Silvia Ardagna), que decían que, independientemente del nivel inicial de deuda, todo ajuste fiscal que base sus objetivos en reducir el gasto público y vaya acompañado de una moderación salarial y de un proceso de devaluación interna tendrá carácter expansivo.

La “austeridad expansiva” fue puesta en cuestión por el propio FMI cuando en 2012 hizo público un estudio que decía que se habían subestimado los multiplicadores fiscales negativos de la eurozona: los efectos de la austeridad llegaron a estar sobrevalorados en algunos casos en más de un 150% de lo previsto.

¿Por qué después de estos resultados en el incremento del riesgo de la pobreza, en el estancamiento secular, en el incremento de los niveles de deuda pública, en la lentísima reducción del paro, todavía hay quien defienden esas políticas de austeridad? El profesor de la Universidad de Brown (EEUU) Mark Blyth, autor del libro de referencia Austeridad. Historia de una idea peligrosa (Crítica), lo explica del siguiente modo: “A pesar de que el FMI haya perdido la fe en la austeridad, esto no significa que sus defensores no estén tratando de encontrar nuevos ejemplos de su (presunto) funcionamiento. Hay demasiadas reputaciones en juego y también es demasiado el capital político invertido como para permitir que unos simples e inoportunos hechos vengan a interponerse en el camino de esta ideología”.

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