El dólar, la obsesión de Argentina

La divisa estadounidense es la palabra más buscada por los argentinos en Google

Casa de cambio en el centro de Buenos Aires
Casa de cambio en el centro de Buenos AiresRICARDO CEPPI

“El día que tengamos todos los dólares del mundo, iremos a los Estados Unidos con la guita [el dinero] de ellos y van a tener que entregarnos el país”. Con esa humorada, el comediante argentino Tato Bores, fallecido en 1996, hizo una brillante parodia que pinta de cuerpo entero la obsesión de los argentinos por el dólar. El relato —que puede verse en Youtube— relaciona esa aprehensión a la moneda estadounidense con un potencial delirio de grandeza generalizado y hasta con el anhelo de ‘hacer guita’ sin trabajar demasiado.

Muchos años después, la parodia tiene la misma vigencia que el tango Cambalache. La agencia de información financiera Bloomberg señaló que los habitantes de Argentina están introduciendo la palabra “dólar” en el motor de búsqueda de Google a un ritmo sin precedentes. El país que le sigue es Venezuela.

El comportamiento revela que esa calma que el Gobierno argentino necesita para atravesar el período electoral y que está logrando a fuerza de controles, coincide con una ansiedad cada vez mas creciente de un sector de la sociedad por ver como hacerse de dólares y saber si conviene comprarlos antes o después de las elecciones presidenciales de octubre próximo.

ORÍGENES DE LA FIEBRE

Pero antes que eso, demuestra una vez más la relación de los argentinos con el dólar. Una fascinación que para muchos se remonta a 1975, en ocasión del Rodrigazo, un ajuste ordenado por el entonces ministro de Economía, Celestino Rodrigo, que duplicó los precios y provocó desabastecimiento de gran cantidad de productos de primera necesidad, combustibles y otros suministros para el transporte. La tasa de inflación llegó hasta 777% anual y los precios nominales subieron un 183% y se devaluó el peso. Así, el dólar para transacciones comerciales aumentó a 26 pesos, en tanto que el dólar en el mercado financiero pasó de 15 a 30 pesos, inventándose un “dólar turista” que se fijó en 45 pesos.

Los argentinos comenzaron a ser habituales de las casas de cambio y el rostro de Washington se instaló para siempre en el imaginario popular, incluso, a la hora de comentar un precio exagerado de un producto, la moneda elegida siempre será el dólar. En la actualidad, los valores de muchos bienes importantes como las propiedades continúan expresándose en dólares y muchas operaciones de mediana importancia se concretan, de ser posible, en esa moneda.

La relación entre el peso y el dólar continuó por un camino árido para los bolsillos de los argentinos. La tristemente célebre “tablita” del ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz durante el último Gobierno militar. En dicha tabla se explicaba el calendario de devaluaciones y, por ende, la futura cotización entre peso y dólar. La medida buscaba estabilizar la economía pero lo que hizo fue poner en evidencia la crítica situación de las finanzas argentinas. Más tarde, en los noventa, el gobierno del ex mandatario Carlos Menem inventó la convertibilidad (el uno a uno entre peso y dólar) y rápidamente la convirtió en el principal factor psicológico de sus campañas políticas.

El final de época del kirchnerismo también está signado por el comportamiento del dólar. El Gobierno de Cristina Fernández está intentando evitar por todos los medios una fiebre de divisas. Para lograrlo, ha intensificado los controles sobre entidades financieras ilegales, las cuales reciben el nombre de cuevas, y se dispuso a absorber parte de la liquidez del sistema financiero.

EN DEFENSA DEL PESO

El presidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Alejandro Vanoli, repite en cada aparición que “la situación del mercado único y libre de cambios es tranquilo” y que la entidad que dirige “adoptará las medidas que sean necesarias para mantener la estabilidad del tipo de cambio sin sacrificar el crecimiento de la economía”. No obstante, las operaciones de compra de dólares, las que se denominan compras de divisas para ‘ahorro’, en lo que va de julio de este año están cerca de duplicar a las de julio de 2014. Por ejemplo, el pasado 8 de julio se cerraron cerca de 460.000 operaciones por un total cercano a los 336 millones de dólares mientras que el mismo mes del año pasado adquirieron 205 millones dólares en 306.923 operaciones. El pronóstico de cómo evolucionará el tipo de cambio es es bastante incierto si se mantiene esta incipiente fiebre por el dólar “Es indispensable que el Banco Central demuestre que mantiene el control del mercado cambiario. Históricamente en los momentos previos a las elecciones hay sectores que intentan condicionar a los gobiernos con golpes de mercado”, expresó hace pocos días Vanoli.

El ministro de Economía, Axel Kicillof, desempolvó el argumento psicológico y afirmó que “la estabilidad económica molesta, por eso los medios hegemónicos empiezan a motorizar las famosas corridas cambiarias y a engañar a la gente para que se vuelque a la compra de dólares”. Pero mucho antes de eso fue otro ministro del área económica, Lorenzo Sigaut, lanzó una frase en 1981 que se hizo celebre en cada una de las crisis argentinas y que nunca deja de provocar alguna carcajada: “el que apuesta al dólar, pierde”.

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