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El lucrativo negocio de repartir suerte

Loterías del Estado recaudó 8.520 millones de euros en 2013 y se quedó con cerca del 40%

La ONCE elevó ese porcentaje al 50% de los 1.836 millones facturados

Tres mujeres celebran el premio Gordo del sorteo de Navidad en 2013 en Leganés.
Tres mujeres celebran el premio Gordo del sorteo de Navidad en 2013 en Leganés.

Los matemáticos dicen que, en la lotería, la ganancia esperada de cualquier jugador es siempre negativa: incluso aunque una persona comprase todos los boletos de un sorteo, una parte importante, entre un 30% y un 50%, nunca se repartiría. Si lo que uno quiere es ganar dinero y la estrategia es comprar lotería, “lo mejor es invertir cero euros”, razona Alfonso Gordaliza, catedrático del departamento de Estadística de la Universidad de Valladolid. “Claro que, como sospechábamos, lo anterior sugiere que jugar a la lotería tiene un componente irracional”, añade. Tan irracional que se suele decir que los juegos son un impuesto del Gobierno al desconocimiento en matemáticas o, como dijo Thomas Jefferson, es tan maravillosa que hace recaer los impuestos “sólo en aquellos que quieren pagarlos de buena gana”.

Sorteos como la Lotería de Navidad apelan a la tradición, a las relaciones sociales, a valores de cooperación y a un montón de cosas que no tienen tanto que ver con ganar dinero, aunque ese sea un elemento muy importante. Sin esos otros componentes, por ejemplo, no se entendería el éxito del anuncio televisivo de la lotería de Navidad de este año, donde un hombre se enfrenta al despiste de no haberle pagado a Antonio, el dueño del bar del barrio, el décimo que resulta ganador. Pero al margen de eso, ni todas las loterías son iguales, ni reparten los mismos premios, ni de la misma forma (porque hay distintos niveles de concentración de premios). Incluso en un mismo juego el porcentaje de premios sobre las cantidades jugadas varía, a veces de forma bastante significativa, según el año del que se trate, aunque el porcentaje destinado a premios sea siempre el mismo. Esto ocurre por el efecto del azar, porque nunca se venden todos los números de un sorteo o porque un pequeño porcentaje nunca se llega a cobrar.

En los sorteos de la sociedad del Estado y los de la ONCE, el porcentaje de premios repartidos sobre cantidades jugadas varió el año pasado desde el 66% en los sorteos de Lotería Nacional (incluido el de Navidad, al que se destina el 70%) hasta el 50% del cupón de los ciegos. La recaudación de Lotería Nacional ascendió a 4.661 millones de euros con un reparto de premios de más de 3.000 millones. Mientras que en el caso del cupón, los jugadores invirtieron 1.459 millones y “recibieron” a cambio 730 millones, según recoge la memoria la dirección general de Ordenación del Juego del Ministerio de Hacienda.

En la lotería Primitiva (Primitiva, Bonoloto, el Gordo), la recaudación ascendió a 3.544 millones y los premios repartidos se elevaron a 1.831 millones, un 51%. De estos últimos juegos se celebraron cerca de 500 sorteos con una distribución de 400 millones de premios.

La recaudación de Loterías y Apuestas del Estado ascendió en 2013 a 8.520 millones de euros y un 60,7% de esos ingresos, 5.170 millones, terminaron en el bolsillo de los afortunados. La ONCE, con 1.836 millones recaudados, benefició a sus compradores con 941 millones, el 51,3%. El resto, dado su carácter altruista, lo destinó a remunerar a sus vendedores y a programas sociales para personas con minusvalías. Lo anterior demuestra que, de esos grandes juegos (exclúyanse casinos, bingos, máquinas tragaperras y juego online), la Lotería Nacional es la que más dinero ha concedido en premios en función de las ventas frente a los cupones de la ONCE. También es la que más dinero destina a priori: un 70% para la lotería de Navidad, El Niño y la Semanal y un 55% en la Primitiva, según recuerda en su libro Anatomía del Juego el profesor de la universidad CEU San Pablo Miguel Córdoba Bueno.

Los premios consignados por la ONCE, se reflejan en sus cuentas anuales: el cupón diario ofrece un 48% de la emisión a “remunerar” a sus jugadores, el Cuponazo, que se celebra los viernes, dedica a premios la mitad de la recaudación y el Cupón del fin de semana el año pasado destinó entre el 44% y el 46% a premios. Esas cantidades finalmente variarán en función del azar en pequeños porcentajes.

La lotería instantánea de la ONCE, los llamados “rasca”, que pueden tener otros nombres (Tres en raya, Ruleta, Paraíso, Adiós hipoteca, Dados locos, Diamantes…) suben algunos puntos la cantidad destinada a premios (ver gráfico), lo mismo que ocurre con las apuestas hípicas, que en 2013 proporcionaron un retorno de 6,6 de cada diez euros jugados. En el caso de las apuestas hípicas, la variación entre lo retornado en 2013 y 2012 alcanza los 30 puntos.

Saber cuántos sorteos repartieron sus primeros premios o, si por el contrario, si se los queda el organismo emisor (para acumularlos a otros sorteos posteriores o no) es mucho más complicado. Ni Loterías del Estado ni la ONCE desglosan, en sus estadísticas, esta información. El organismo dependiente de Hacienda tampoco había hecho pública, hasta este viernes, su memoria anual con los datos del último sorteo de la madre de las loterías, la de Navidad. Este año se espera que las ventas remonten (en 2013 descendieron casi un 4%, hasta los 2.362 millones). El próximo 22 de diciembre se pondrán en circulación billetes por valor de 3.200 millones de euros y se destinarán a premios 2.240 millones, el citado 70%.

La corrupción entra en juego

No hay que confundir la proporción que se destina a premios con la probabilidad de que nos toque “el gordo” o “el cuponazo”. Dentro de cada uno de esos juegos la probabilidad de ganar es proporcional a la cantidad de números distintos que uno juega, y todos los números, todos los cupones, tienen la mismas cualidades: tienen la misma probabilidad de salir premiados.

“¿Qué posibilidad hay de que el número de “el gordo” de la Navidad se repita dos años seguidos? Un sorteo no tiene nada que ver con otro, pero la probabilidad es de una entre 10.000 millones de sorteos”, reflexiona en su libro el profesor de Teoría de Juegos en el CEU, Miguel Córdoba. Jugar siempre a un mismo número no ofrece ninguna ventaja, como tampoco la ofrece comprar en una administración más “premiada”. Nadie tiene estrategias ganadoras, como explica el catedrático Alfonso Gordaliza para desmontar tópicos. Por ejemplo, la buena suerte del expresidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, que se terminó tras la investigación judicial que lo ha llevado a la cárcel por tráfico de influencias y cohecho. Fabra había ingresado hasta siete veces premios importantes en un periodo de 11 años. “No traten de hacer las cuentas de la probabilidad de este suceso, necesitarían recurrir casi a la computación cuántica en busca de una precisión de cálculo suficiente para obtener un resultado que no fuera cero”, advierte Gordaliza. Si Fabra hubiese jugado un solo número, la probabilidad de que le hubiese tocado el gordo al menos tres veces (no ya siete) en 10 sorteos sería de una entre más de ocho billones. “Necesitaríamos que jugaran todos los habitantes de más de 1.000 planetas como la tierra para poder encontrar a una persona tan afortunada”.

Más allá de la corrupción, la única diferencia entre un jugador y otro en un mismo sorteo es lo que se llama “función de utilidad”, en relación con el dinero. “Para entendernos, la utilidad de lo que cuesta un décimo no es igual para un ciudadano medio que para un consejero de un banco con tarjeta black”. 

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