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ANÁLISIS

¡Que venga el gigante asiático!

El Gobierno de España apuesta por la entrada de inversión china con la energía, el turismo y el sector alimentario a la cabeza de las preferencias

España va a echar el resto en China para atraer inversores. Forma parte de los nuevos retos. Hasta la fecha, España ha sido una casi desconocida en el gigante asiático y la crisis no ha ayudado mucho a que los grandes grupos de aquel país mirasen a este. Durante los últimos meses, sin embargo, se han detectado movimientos que mostraban un creciente interés por España. Se esgrimían como razones que las grandes corporaciones chinas querían utilizar España como plataforma para saltar a Latinoamérica, un mercado que empiezan a dominar, e incluso analizar el mercado europeo. Pero ahora parece que las cosas empiezan a cambiar.

Parece que la labor llevada a cabo por los responsables de Comercio, con el secretario de Estado, Jaime García Legaz, al frente, empieza a dar frutos. Las fuentes consultadas aseguran que ese interés de China por España es creciente y que cada año aumenta el número de empresas chinas que invierte en el país. “Se nota que España empieza a contar. Hasta hace muy poco estábamos fuera de su radio de acción”, sostienen fuentes de ese entorno.

En la actualidad, China ocupa el decimotercer lugar como inversor exterior mundial, lo que representa en torno al 2% del total. En comparación con otros países europeos que reciben inversión de China, España está en novena posición. En primer lugar, figura Luxemburgo, lo que evidentemente tiene una explicación: la normativa en imposición sobre capitales. Pero el líder real es Francia, donde se han implantado casi 300 empresas chinas.

China, que se caracteriza en sus operaciones en hacer asociaciones estratégicas, se ha centrado en África, donde es dominador, y luego ha saltado a Latinoamérica, principalmente a Brasil, Argentina, Venezuela y Cuba, donde, por distintas razones (terrenos fértiles, petróleo...), ha desarrollado en los últimos meses una expansión imparable. Su reto ahora es Europa, interesada sobre todo por la energía, las materias primas y la seguridad alimentaria.

En ese campo, precisamente, irrumpieron en España con la compra de Campofrío por parte del grupo Shuaghui y acaba de hacerlo Fosun con la entrada en Osborne. Ambas operaciones permiten conocer la alta tecnología del sector alimentario, una de sus obsesiones. Otro hito está en el sector hotelero, en el que HNA tomó el 25% de NH, que tiene presencia en toda Europa, y destaca la reciente venta por el Banco Santander del Edificio España en Madrid al multimillonario Wang Jianlin, propietario de Wanda Group. A ello ha contribuido la creciente afluencia de turistas chinos, lo que probablemente se complete pronto con vuelos directos entre los dos países. En ese sentido, HNA está viendo si monta un enlace directo entre Madrid y Pekín, con la posibilidad de transportar carga, además de pasajeros.

Además, hay varias firmas que se han instalado en España, aunque el único banco que ha abierto ha sido el Industrial and Commercial Bank of China (ICBC), con oficinas en Madrid y Barcelona. La presencia de más bancos chinos facilitaría el crecimiento de las inversiones. También se ha instalado la firma de telecomunicaciones Huawei, que tiene un acuerdo global con Telefónica; la química China National Bluestar o la de la naviera China Shipping, especializada en el tráfico de contenedores, con base en Barcelona, donde la nueva terminal la gestiona Hutchison.

Parte del interés por un país que “hasta hace poco era para los chinos desconocido” se atribuye, sobre todo, a la posibilidad abierta por la Ley de Emprendedores de conseguir un visado a cambio de una inversión inmobiliaria superior a 500.000 euros —lo que ha supuesto un fuerte impulso— y que España presentó en China. Ahora, vienen a España tanto fondos enfocados en invertir en Real Estate como inversores particulares a título individual. España ha concedido en 2013 más de 85.000 visados a ciudadanos chinos.

El proceso consiste en que pueden solicitar un visado de inversor para un año. Una vez transcurrido ese tiempo, si dicha inversión ha llegado a España, los trámites para acceder a la tarjeta de residencia son menores y se pueden completar en el plazo de un mes. También es requisito que la misma se mantenga durante un periodo mínimo de cinco años. Pasado ese tiempo, la residencia será “renovable mientras mantenga la inversión o la vivienda en España”.