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ANÁLISIS

Todo lo que hay detrás de un 0,1%

De no producirse algún evento externo, la recesión de la economía española puede darse por acabada

Por fin, tras nueve trimestres de caídas continuadas, la economía española volvió a crecer en el tercero del año un 0,12% respecto al trimestre precedente (0,5% en tasa anualizada). En realidad, la variación es tan exigua que más bien habría que hablar de estabilización y lo mismo podría decirse de la caída del 0,1% del segundo trimestre, ya que el margen de error supera holgadamente la décima porcentual. Más que la variación del 0,12%, lo importante es la tendencia y el análisis global del contexto en el que se produce esta tímida recuperación. Eso nos lleva a concluir que, de no producirse algún evento externo a la economía española, la recesión puede darse por acabada y que se ha iniciado la recuperación. Ahora bien, la caída ha sido tan fuerte (pérdidas del 7,5% de PIB real y un 19% de empleos desde el inicio de la crisis) y la situación de las familias y empresas está tan deteriorada que difícilmente van a notar una mejora porque el PIB haya crecido una décima. Por otro lado, sigue habiendo muchos ajustes y tareas por terminar, tanto en España como en la zona euro, lo que debe hacernos cautelosos sobre la intensidad inicial de la recuperación. Digamos que la recesión ha terminado, pero la crisis no puede darse por superada en absoluto. Como se ve en el gráfico superior izquierdo, en la eurozona la pérdida de PIB ha sido la mitad que en España y ya llevan dos trimestres con crecimientos, pese a lo cual todos los países siguen hablando de crisis.

Los gastos ya son inferiores a las rentas que generamos y tenemos superávit frente al exterior

El aumento del PIB se ha obtenido con una evolución de los componentes de la demanda que denota por sí misma el cambio de fase cíclica. Hasta ahora el gasto interno en consumo e inversión había estado ajustándose a la baja, corrigiendo el exceso que se generó en los años de expansión. Este ajuste ya se ha completado y llevamos varios trimestres en los que la demanda interna es inferior al PIB. Es decir, nuestros gastos ya son inferiores a las rentas que generamos y tenemos superávit frente al exterior [gráfico inferior izquierdo], lo que nos permite reducir el elevado endeudamiento, causa de nuestros males. Esta situación da margen para que el gasto en consumo e inversión empiece a crecer y eso es lo que hemos visto en este trimestre. En resumen, el periodo recesivo, caracterizado por el fuerte ajuste del gasto interno, está dando paso a una nueva fase de recuperación en la que todos los componentes de la demanda contribuyen equilibradamente al crecimiento. Así, podemos observar avances significativos del consumo privado y la inversión de las empresas en equipo y otros productos. Solo se mantiene el ajuste en el gasto en construcción. Incluso puede hablarse de cambio brusco en el trimestre, ya que la demanda interna es la única que ha contribuido positivamente al crecimiento del PIB, mientras que la demanda externa neta lo ha hecho negativamente [gráfico superior derecho]. Esto hay que valorarlo como algo puntual que se corregirá en próximos trimestres.

También puede calificarse como un signo adelantado en el tiempo, que posiblemente no se producirá en próximos trimestres, el comportamiento del empleo. El empleo total, medido en unidades equivalentes a tiempo completo, no ha variado en este trimestre. Digamos que con un crecimiento anualizado del PIB de solo el 0,5% ha dejado de destruirse empleo [gráfico inferior derecho] y el empleo asalariado en estos mismos términos ha crecido siete décimas porcentuales por primera vez en más de cinco años. Ello está muy relacionado con la excelente temporada turística y con el hecho, un tanto sorprendente en función del ajuste fiscal en marcha, de que el sector público vuelve a crear empleo.

Si tenemos en cuenta la variación de los precios (deflactor), que disminuyeron por segundo trimestre consecutivo, el PIB nominal se mantuvo estable respecto al trimestre anterior. Dado que, como se ha señalado, el empleo asalariado aumentó y que también lo hizo el salario medio, la parte del PIB destinada a remunerar a los asalariados aumentó un 1,6% en tasa anualizada. Esto, y la mejora de la confianza, podrían explicar el repunte del consumo. A pesar de ello, el excedente bruto de explotación y las rentas mixtas también aumentaron un 5,7%. Ello fue posible porque la parte restante, los impuestos sobre la producción e importación que se lleva el sector público, disminuyó un 28%.

Déficit público

Entre la numerosa información conocida en la última semana, destacan los datos de la ejecución presupuestaria del Estado hasta octubre y los ingresos y gastos públicos en términos de contabilidad nacional de las Administraciones públicas (AA PP) —excepto las corporaciones locales— hasta septiembre. El déficit del Estado acumulado en los 12 últimos meses hasta octubre asciende a 47.400 millones de euros, bastante por encima de los 40.400 con que tiene que llegar a diciembre. En los dos meses que quedan hay factores que harán disminuir o aumentar la cifra acumulada hasta octubre, pero hay un riesgo claro de que el objetivo se sobrepase. Por su parte, las comunidades autónomas registraron entre enero y septiembre un déficit del 1% del PIB anual. Teniendo en cuenta que en el último trimestre es cuando se produce el mayor déficit, el objetivo del 1,3% para el conjunto del año también está en riesgo. Según el Ministerio de Hacienda es posible que el superávit de las corporaciones locales compense las desviaciones del resto de AA PP, pero no está claro que lo haga en su totalidad.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS).