Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
OBITUARIO

Mauricio González-Gordon, el embajador del jerez

El marquesado que donó permitió fundar el Parque Nacional de Doñana

Mauricio González-Gordon y Díez, en 2009.
Mauricio González-Gordon y Díez, en 2009.

El vinatero Mauricio González-Gordon y Díez (Hampton Hill, Reino Unido, 1923) ha fallecido en Jerez a los 89 años. Presidió la bodega González Byass, la casa del Tío Pepe, a la que dedicó la mitad de su vida. Figura indiscutible de la época dorada de los caldos jerezanos, fue uno de sus grandes embajadores. Y deja otro gran legado: el Parque Nacional de Doñana. Destacado conservacionista, donó parte de sus tierras para fundar esta reserva natural, Patrimonio de la Humanidad.

Mauricio González-Gordon hablaba despacio, tranquilo, con la misma calma con la que se crían los vinos en Jerez. Tampoco elevaba el tono, como si no quisiera importunar a los caldos que reposaban en las botas de las bodegas en las que pasó tantos años.

En una reunión, destacaba, además de por su altura física, por su porte. Siempre erguido, vestido con trajes de sastrería británica, muchas veces con chaleco, que él llevaba con estilo propio.

Cuando charlaba sobre vinos, a pesar de sus vastos conocimientos, no alardeaba ni demostraba que fuera uno de los grandes enólogos del mundo. Era muy pedagógico. En sus ademanes también era muy comedido, fruto quizá de su educación británica.

Nació en una aldea inglesa. Con tres años, llegó a Jerez. De familia vinatera, no fue hasta 1946, en California, cuando inició sus estudios de enología. Acababa de licenciarse en Ciencias Químicas en la Universidad de Sevilla y fue entonces, en Norteamérica, cuando decidió dedicarse al vino.

Trabajó en todos los departamentos de la jerezana González Byass, la empresa familiar. Tomó de su padre una próspera firma vinatera y la convirtió en una multinacional reconocida en cualquier rincón del mundo. Catador de vinos, miembro del Consejo Regulador durante 24 años y referencia en la Denominación de Origen más antigua del país, convirtió sus bodegas en las más emblemáticas y señeras de España, las más visitadas de Europa.

“Jerez pierde a una persona

irrepetible”, afirma la alcaldesa

Fue un avezado ornitólogo. Cedió muchas de sus tierras del marquesado de Bonanza, entre Sanlúcar de Barrameda y Matalascañas, para impulsar, a mediados del siglo XX, la creación del Parque Nacional de Doñana. La Junta lo reconoció con el Premio Andalucía de Medio Ambiente en 2005.

Entre sus distinciones destacan la Cruz del Mérito Naval, la medalla de oro de la Cruz Roja, la medalla de oro al Mérito Enológico o la Gran Cruz al Mérito Agrario. Fue reconocido por la Embajada británica como miembro de la Gran Orden de Caballeros del Vino, nombrado por la reina de Dinamarca caballero Dannebrog y nombrado hijo predilecto de Jerez en 2009.

Desde hacía tres años apenas salía de casa por su delicado estado de salud.

La alcaldesa de Jerez de la Frontera (Cádiz), María José García-Pelayo, en nombre del Ayuntamiento, expresó el “profundo pesar” de la Corporación por el fallecimiento de Mauricio González-Gordon y Díez, “gran jerezano, hijo predilecto de Jerez, una figura con un enorme peso específico en el ámbito de la industria vinatera de nuestra ciudad en el siglo XX y pionero de la defensa del medio ambiente en nuestro país”.

“Con su desaparición, Jerez pierde a una persona irrepetible, que mantuvo de forma ejemplar su patrimonio empresarial y que ha sabido continuar con éxito, afán y espíritu de superación, la labor de su familia, participando de la creación de la firma bodeguera y vinatera más emblemática y próspera de nuestra ciudad que ha llevado el nombre de Jerez a todos los rincones del mundo”, relata un comunicado municipal en el que se destaca “que inculcó a sus dos hijos el sentido de la responsabilidad, de la humildad, del trabajo serio y concienzudo”.

El empresario de orígenes británicos también fue uno de los fundadores de la ONG SEO / Birdlife en 1954, quien ayer lamentó la pérdida del último de sus fundadores. La organización conservacionista también coincidió en destacar “su carácter afable y cercano, su exquisito trato, su talla intelectual y su espíritu humanista”.