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Merkel mete presión al BCE para que no baje los tipos de interés

El Gobierno alemán se salta la supuesta independencia del instituto emisor del euro

“El Gobierno alemán no se inmiscuye en las competencias del Banco Central Europeo”, según el ministro de Economía Philipp Rösler. Quién lo diría, comentaban los periodistas tras su rueda de prensa en el centro de Berlín: apenas un par de horas antes, la canciller Angela Merkel había afirmado que el BCE “seguramente debería, en realidad, subir algo los tipos de interés”. Acto seguido apuntó Merkel que “es cierto que también tendría que tomar medidas para que llegue más liquidez a otros países”. Pese a que “la independencia del BCE” en asuntos monetarios es una de las letanías preferidas por el Gobierno alemán, las declaraciones de Merkel suenan a toque de atención a los burócratas del euro en Fráncfort: Alemania prefiere que no se recorten los tipos de interés en la Eurozona. Merkel lo plantea como si el banco emisor del euro estuviera ante una encrucijada. Que casi nadie ve fuera de Alemania.

El grueso de los analistas internacionales augura un nuevo recorte de tipos de interés tras la reunión del Consejo de Gobierno del BCE el 2 de mayo. La tenacidad de la recesión en países como España y las bajas tasas de inflación lo recomiendan así.

La insistencia alemana en el respeto a la autonomía del BCE choca con las declaraciones de la canciller y también con las del antiguo secretario de Estado de Hacienda, Jörg Asmussen. El ahora directivo del BCE dijo el jueves en Londres que, “teniendo en cuenta los problemas en los canales de transmisión de la política monetaria, una nueva rebaja de tipos tendría escasos efectos en la periferia, que es donde más falta hacen”. Alemania respeta la independencia del BCE, pero Merkel dice que se beneficiaría de una subida de tipos y Asmussen añade que, total, una nueva rebaja no se iba a notar en los países en crisis. En resumen, Alemania sugiere que el BCE haría bien en usar su independencia para dejar los tipos como están.

Los economistas de la ortodoxia monetaria alemana —casi un pleonasmo— creen que el dinero barato disparará los precios más allá del 2% considerado límite por el Banco Central alemán (Bundesbank). Consideran que Europa no necesita este tipo de estímulo. Los datos recientes señalan lo contrario: en marzo, la inflación interanual alemana se midió en un raquítico 1,4%, mientras su economía se enfría y las exportaciones retroceden por culpa de la grave recesión en la periferia de la Eurozona. Pero los líderes de Alemania no se dejan cegar por la evidencia e insisten en que el actual 0,75% (el mínimo histórico) es un tipo de interés demasiado bajo. Recortarlo más sería contradecir a la canciller.

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