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ANÁLISIS

Dónde están las políticas activas de empleo en España

Acabamos de conocer que en el mes de diciembre el paro registrado bajó en 59.094 tras cuatro meses consecutivos de subidas, según los datos que ha publicado esta mañana el Ministerio que dirige Fátima Báñez. Las contrataciones derivadas de la campaña de navidad realizadas en el sector de los servicios han sido los principales propulsores de este descenso en el número de parados. Sin embargo, si bien este dato nos ofrece un respiro frente al reguero de malas noticias de los meses anteriores, el balance del año 2012 es claramente negativo, con un aumento de más de 420.000 personas desempleadas y un descenso en el número de cotizantes a la Seguridad Social que nos sitúa en el mismo nivel de cotizantes de 2003 pero con la diferencia de que España cuenta con cuatro millones más de habitantes.

Un aspecto que no alcanzo a comprender es cómo después de cinco años en los que se han destruido más de tres millones de empleos, donde la tasa de desempleo es sin duda el problema más agudo y diferencial al que nuestro país se enfrenta, las políticas ACTIVAS de empleo no se han instalado como eje fundamental de las políticas de empleo. El subsidio de desempleo, como eje central de las políticas pasivas, debe servir para garantizar al trabajador una renta digna una vez que ha sido despedido de su empleo anterior. Pero esta renta debe ir necesariamente acompañada de un proceso de activación del trabajador desempleado para volver a encontrar un empleo adecuado a sus capacidades en el menor tiempo posible.

Hay que apostar por falicitar la información y la actualización de los trabajadores cualificados

Las políticas activas destinadas a los desempleados constan fundamentalmente de dos ejes de actuación: Para los trabajadores cuyo capital humano está actualizado, las medidas deben ir destinadas a poner en contacto al trabajador con el máximo número de empresas con vacantes en los puestos de trabajo adecuados a la capacitación del trabajador. No puedo alcanzar a comprender cómo en pleno siglo XXI, con las enormes posibilidades tecnológicas a nuestro alcance, los trabajadores desempleados no disponen de esta información en el momento en el que se registran como desempleados en el Servicio Público de Empleo.

El segundo eje de actuación se centra en trabajadores parados cuyo capital humano debe ser actualizado para aumentar su empleabilidad. Para que este segundo eje sea eficaz es crucial que la formación de los desempleados sea adecuada a las necesidades de las empresas y sea evaluada y actualizada permanentemente. Necesitamos cambios estructurales en el diseño y funcionamiento de estos cursos de formación, pero el acometerlos se antoja fundamental para avanzar en la dirección correcta. Las políticas pasivas, como el subsidio de desempleo, si no van acompañadas de unas políticas activas eficaces, abocan al trabajador a un claro riesgo de marginalidad y exclusión social.

Cuanto más se tarde en capacitar a los parados de larga duración, más difícil será recolocarlos

¿En qué situación se encuentran las políticas activas en nuestro país? A pesar de la tasa de paro a la que nos enfrentamos, en 2012, la partida destinada a las políticas activas ha disminuido en un 21% con respecto a la del 2011 —y eso que España cuenta con más de 400.000 desempleados más que el año pasado—. El argumento dado por el Gobierno para tal descenso fue que estas políticas no eran eficaces. Pues bien, si no son eficaces, cambiémoslas, modernicemos el diseño y funcionamiento de las mismas, aprovechemos el desarrollo tecnológico, aprendamos de otros modelos de activación de parados, como los desarrollados en Suecia, Austria o Francia, pero por favor, no las dejemos de lado porque existen casi 5 millones de trabajadores que quieren trabajar y no pueden.

Más de la mitad de los parados en nuestro país son de larga duración, lo que significa que nos enfrentamos a una situación compleja para su activación y reincorporación en el mercado laboral. Pero cuanto más se tarde en capacitar a estos trabajadores, más difícil será su empleabilidad. El objetivo no es sencillo, pero es absolutamente necesario —no veo otra elección—. La activación de los parados debiera ser prioritario para nuestro Gobierno, quien en un contexto de austeridad como el actual, podría utilizar fondos bien del Fondo Social Europeo o de otros fondos públicos provenientes, por ejemplo, del adelgazamiento de las Administraciones locales. Será la única manera de que estos parados puedan volver a un empleo en cuanto la situación de la demanda interna y externa se estabilice.

* Sara de la Rica es catedrática de Economía de la Universidad del País Vasco e Investigadora de FEDEA