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Londres pide apoyos a los países con problemas y que Grecia salga del euro

El ministro británico del Tesoro defiende también los eurobonos, la unión bancaria y la unión fiscal

El titular británico de Economía, George Osborne.
El titular británico de Economía, George Osborne. ANDY RAIN (EFE)

El ministro británico del Tesoro y canciller del Exchequer, George Osborne, defendió anoche que Grecia abandone el euro y puso sobre la mesa un propuesta con cuatro patas para acabar con la crisis del euro: solidaridad, recursos comunes, unión bancaria y, como corolario, unión fiscal. Naturalmente, todo eso entre los países de la zona euro y ofreciendo garantías a los demás de que las decisiones que afecten al mercado interior sean tomadas por el conjunto de la UE y no solo por los países del euro.

A menudo las declaraciones tanto de Osborne como del primer ministro, David Cameron, han sonado en el continente más a presión que a ayuda. El canciller del Exchequer, sin embargo, insistió en la tradicional cena anual organizada en Mansion House para los banqueros y comerciantes de la City, en la importancia que para la economía británica tiene la estabilidad en la zona euro.

"La solución en la zona euro no tiene por qué ser el completo desarrollo de unos Estados Unidos del euro pero si quiere tener éxito ha de incluir la mayoría de los mecanismos que hacen que funcionen otras monedas en países como Reino Unido y Estados Unidos", dijo.

Y pasó a enumerar esos mecanismos:

1. Más apoyo de las economías más fuertes para ayudar al ajuste de las más débiles.

2. Más puesta en común de los recursos, bien sea a través de eurobonos u otros mecanismos.

3. Una barrera compartida para el sistema bancario para fortalecer a los bancos y proteger los depósitos, que más adelante definió como unión bancaria en la zona euro.

4. Y, como consecuencia de todo eso, una mucho más estrecha supervisión colectiva de las políticas fiscales y económicas.

Osborne defendió la política de ajuste presupuestario puesta en marcha por la coalición de conservadores y liberales-demócratas

La declaración de Osborne es políticamente muy significativa y se suma a las voces que desde otros países están presionando a favor de medidas de ese tipo. Pero no deja ser al mismo tiempo un brindis al sol: primero, porque todo eso depende casi exclusivamente de la voluntad de Alemania y, segundo, porque la posición británica no dejan de ser solo buenas palabras porque Reino Unido no quiere participar en esas transferencias de recursos de las economías ricas a las que tienen dificultades ni quiere tampoco participar de todos esos mecanismos que propone para homogeneizar la zona euro: la unión bancaria, los eurobonos, la coordinación de las políticas económicas y fiscales.

En línea con anteriores declaraciones, aunque de forma más explícita que nunca, defendió la conveniencia de que Grecia abandone el euro. "La paradoja política que afronta Europa ahora mismo es esta: algunas o todas esas cosas se necesitan para que los países de la zona euro consigan que funcione su moneda, pero quizás Grecia tenga que salirse para que eso pueda ocurrir. Esa es una decisión de la zona euro y de Grecia". "Ha llegado el tiempo de tomar decisiones", añadió.

Osborne defendió, por otro lado, la política de ajuste presupuestario puesta en marcha por la coalición de conservadores y liberales-demócratas, a la que cada vez más voces críticas consideran un factor importante en el retorno de la economía británica a la recesión. Él atribuyó el mal comportamiento de la economía a la combinación de tres factores: el impacto "mayor de lo esperado" de la crisis financiera; el aumento del precio de las materias primas, exacerbado por la debilidad de la libra; y, "por supuesto, la actual incertidumbre en la zona euro".

El canciller del Exchequer destacó también la presentación este jueves del libro blanco sobre la reforma bancaria, que recoge el grueso de las propuestas planteadas meses atrás por sir John Vickers. Este, sin embargo, ha criticado que se hayan rebajado algunas de las más importantes. Por ejemplo, aunque el Gobierno mantiene la separación de las actividades de banca de negocios y banca comercial, ha abierto las puertas a que ciertas actividades se queden fuera de ese "anillo de seguridad" que las segrega.

O el hecho de que las exigencias en reservas de capital sean menos severas que lo que proponía Vickers. "Lo que hemos hecho es buscar el necesario equilibrio entre los intereses de los contribuyentes británicos y la necesidad de que Reino Unido siga siendo competitivo y atraiga a los bancos globales", explicó el secretario de Estado de Finanzas, Mark Hoban, a un grupo de corresponsales europeos.