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El futuro pasa por las ciudades

En cien años, la relación entre los habitantes en zonas urbanas y rurales se invertirá

Ambiente en Tokio, una de las ciudades más pobladas del mundo.
Ambiente en Tokio, una de las ciudades más pobladas del mundo.

La vida pausada y bucólica con que los urbanitas asocian el campo y el mundo rural pasará a ser casi un recuerdo en color sepia. En algo menos de 30 años, hacia 2050, un 70% de la población mundial vivirá en ciudades, una relación opuesta a la que se daba cien años antes, en 1950, cuando apenas el 30% de los habitantes del planeta vivían en zonas urbanas. Son datos del Instituto de Análisis de Mercado Emergente de Credit Suisse, basados en proyecciones de Naciones Unidas que apuntan que fue en 2009 cuando se superó el umbral del 50% y por primera vez en la historia hubo ya más personas viviendo en las ciudades que en el campo.

Las cifras son abrumadoras, y las consecuencias de la urbanización masiva del planeta, también. Solo en 2012 habrá 65 millones de personas viviendo por primera vez en un área urbana, una cifra equivalente a toda la población de Francia. El 90% de esa cantidad se producirá en economías emergentes, que son las que lideran el proceso de urbanización. De hecho, para 2025, solo dos de las que previsiblemente serán las 15 mayores ciudades del mundo están en países industrializados: Tokio y Nueva York. África e India serán las regiones donde se produzcan las mayores tasas de crecimiento de la población urbana en los próximos 13 años.

La urbanización se mantendrá, pues, como uno de los principales motores de la economía global, lo que tendrá consecuencias evidentes sobre la distribución del PIB —“el creciente peso del consumo privado sobre el PIB cobrará especial relevancia en China”, señalan Giles Keating y Stefano Natella, de Credit Suisse—, la educación y el medio ambiente. El informe recuerda que, tradicionalmente, cuando la población urbana de un país aumenta en cinco puntos porcentuales hay una ganancia en la actividad económica per capita del 10%. Y cuando la urbanización de un país supera el nivel del 30% al 50% de su población total, ese salto va acompañado de un repunte del PIB por habitante. El nivel de urbanización medio de los países emergentes ronda el 45%, frente al 75% de los países desarrollados. La proyección del estudio es que esas ratios alcancen el 66% y el 86%, respectivamente, en 2050. En total, 2.800 millones de nuevos urbanitas. En 25 años, la mitad de la población mundial vivirá en ciudades de países emergentes.

En 2050, el 70% de la población mundial vivirá

en ciudades

Se trata, pues, de un cambio “estructural” e “irreversible” que afectará al modelo de crecimiento global del futuro. La urbanización provoca un descenso del empleo agrícola en favor de la industria, los servicios y el sector financiero, que son los que priman en las zonas urbanas y que demandan a su vez, un capital humano más formado y adaptado al uso de las tecnologías. Asimismo, el auge de las ciudades exige un desarrollo paralelo de servicios esenciales, como el abastecimiento de agua, de electricidad, gas y alcantarillado, así como servicios sociales como la educación o la sanidad para atender a la población. El éxito de la urbanización depende de que todos esos factores se den de forma simultánea y equilibrada.

“Es decisivo que los Gobiernos de países con rápida urbanización que apliquen de forma efectiva la necesaria conjunción de políticas, desde la planificación urbanística con niveles apropiados de inversión en infraestructuras, pasando por vivienda asequible y programas sociales para reequilibrar la distribución de la renta, todos ellos necesarios para asegurar que el nivel de crecimiento potencial no se frene con la migración de la población a las ciudades”, advierten Keating y Natella en sus notas introductorias.

Porque si bien es cierto que un mayor grado de urbanización va ligado a una mayor formación de la población del país, también se observan algunas excepciones que deberían alertar a sus responsables. En Brasil, México, Marruecos y Arabia Saudí, el incremento en la renta per capita no ha provocado un mayor número de universitarios en el país. Y los expertos aseguran que “el crecimiento en capital humano, vía inversión en infraestructura intangible —educación e I+D—, es tan crítico para el éxito último de una ciudad como la inversión en infraestructura física”.

La preeminencia de las ciudades condicionará tanto la actividad económica como las oportunidades de inversión

La preeminencia de las ciudades condicionará tanto la actividad económica del futuro próximo como las oportunidades de inversión que surgirán especialmente en las regiones de mayor crecimiento, objeto último del informe de Credit Suisse [Oportunidades en un mundo urbanizado]. Por un lado, la persistente migración del campo a la ciudad significa mayor demanda de viviendas, con más metros cuadrados por persona, comunicaciones telefónicas y de Internet, más carreteras, aeropuertos, ferrocarriles... En función de la inversión, el cemento, el acero y todo lo relacionado con material de construcción, telecomunicaciones, infraestructuras y energía tienen garantizada su demanda futura.

Por otro, el aumento de la urbanización, especialmente en países en desarrollo, va unido a un aumento de la renta personal y, con ello, del consumo privado. Todos los negocios relacionados con esa área (desde alimentación hasta vestido, calzado, tecnología, cuidado personal...) serán negocios en auge, especialmente en los países en desarrollo. Entre estos, China, Egipto, Indonesia, Nigeria, Pakistán, Filipinas, Tailandia y Vietnam lideran aquellos que ofrecen mayores oportunidades de negocio, según los expertos de Credit Suisse.

Pero no todo son ganancias. En un mundo lleno de ciudades, la emisión de gases contaminantes se dispara. Las ventas de coches particulares en China ya superan a las de Estados Unidos, y para frenar esa tendencia, Credit Suisse propone subir la fiscalidad sobre la gasolina. De hecho, Estados Unidos, sin apenas impuestos sobre los hidrocarburos, tiene dos veces más emisiones per capita que Reino Unido y tres veces más que Francia. “Las perspectivas sobre las emisiones globales de CO2 estarán determinadas en última instancia por la densidad urbanística de las crecientes ciudades de China, India y otros países emergentes”, auguran.