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Empresas brasileñas emigran en busca de mano obra barata

Los sindicatos alertan sobre la desindustrialización del país

Algunas empresas brasileñas están trasladando sus fábricas a otros países de Latinoamérica donde la mano de obra es más barata. Esto puede convertirse en un arma de doble filo: por un lado, el traslado a otras naciones, donde los trabajadores ganan menos, es un síntoma de país rico y desarrollado; pero, por otro, puede suponer la pérdida de miles de puestos de trabajo.

Rio Grande do Sul, uno de los Estados más ricos y desarrollados de Brasil, ha empezado a cerrar algunas de sus fábricas para trasladarlas a otros países. Schmidt Irmãos ha mudado algunas de sus fábricas en Rio Grande do Sul a Nicaragua, a pesar de que su centro en una zona franca nicaragüense necesita recibir maquinaria de Brasil debido a la escasa estructura industrial del país centroamericano. La empresa Paquetá, dueña de marcas como Ortopé, con 12.000 empleados, cerró en agosto una fábrica en Sapiranga y se la llevó a República Dominicana. También Argentina está recibiendo empresas brasileñas, si bien, en este caso, el motivo es otro: se debe a las barreras que sus vecinos argentinos suelen poner a la entrada de productos brasileños.

Abicalçados, asociación de industrias del sector del calzado, ha confirmado que otras 10 empresas han decidido emigrar al extranjero. Según Heitor Klein, director ejecutivo de dicha asociación, en Brasil esa internacionalización en curso se debe a la búsqueda de mano de obra más barata. Paradójicamente, en los años cincuenta, la industria del calzado de Alemania y de Inglaterra se trasladó a Argentina, México y Brasil en busca de lo mismo.

En algunos casos, el traslado de estas empresas brasileñas se debe al interés de aprovechar los acuerdos comerciales de estos países con Estados Unidos y crear así centros volcados al mercado norteamericano.

Brasil ya forma parte de los nuevos países en desarrollo cuyas empresas deslocalizan su producción porque la mano de obra brasileña está mejor pagada que la de muchos de sus vecinos.

La Federación de Trabajadores del Estado de Rio Grande do Sul, donde la salida de empresas, sobre todo de calzado, está siendo más visible, alerta sobre el peligro de una desindustrialización del país. Algunos expertos en economía comentan que es el precio que Brasil paga por haber entrado en el club de los ricos.