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Crítica:

El ala Oeste del deporte

"Hay 18 jugadores con los que uno parte a la guerra, pero luego se crean vínculos de confianza. Es como la familia. Así que puede ocurrir que uno pierda la lucidez necesaria para juzgar el valor de un jugador, y eso es un gran peligro". Palabras de Alex Fergusson, mítico entrenador del Manchester United. Guerra. Vínculos. Familia. Juicios. Peligros. Lucidez. ¿Tan importante es el fútbol y, por extensión, el deporte? Más que la vida porque... acaso no es la vida. Cambien fútbol por béisbol, Europa por Estados Unidos, a Fergusson por Billy Beane, mánager general de los Auckland Athletics, y, encerrada en esa gran sentencia, tendrán Moneyball. ¿Una película sobre deporte? No solo eso: una película sobre los pioneros, sobre los que más sangran porque son los primeros que se dan contra el muro; sobre el modo de experimentar el aliento del triunfo y del fracaso; sobre la constancia, la nobleza y la profesionalidad; sobre la vida, porque todo es extrapolable a ella. Una obra extraordinaria que sin ser solo una película deportiva es una de las mejores películas sobre deporte de la historia. Y, atención, sin secuencias de partidos; apenas uno, y entrecortado.

MONEYBALL

Dirección: Benneth Miller.

Intérpretes: Brad Pitt, Jonah Hill, Philip Seymour Hoffman, Robin Wright, Chris Pratt.

Género: drama. EE UU, 2011.

Duración: 133 minutos.

Talento al guion

Quizá todo tenga una explicación. Dos nombres: Steven Zaillian y Aaron Sorkin, reputadísimos guionistas. El primero creó en 1993 otra de las grandes películas de deporte (pero no solo de deporte): En busca de Bobby Fischer. El segundo, que comenzó su carrera en televisión con una serie sobre periodismo deportivo, Sports night, es el hombre de las historias de equipo, de los valores conjuntos, del esfuerzo, de la brillantez, de la gloria, de la tumba; ¿qué son, si no, El ala Oeste de la Casa Blanca, Studio 60 y La red social?

Ambos, con la excelente complicidad formal de Benneth Miller, han creado un libreto para Moneyball que trasciende el deporte. Donde una reunión de trabajo puede ser una clase de economía para la crisis; donde una compra-venta de jugadores por teléfono, más emocionante que la Bolsa; donde detalles, casi beckettianos, como ese protagonista que vive para los partidos pero luego no los ve, se dan la mano con enseñanzas de gran psicología: "No podemos fichar a ese, tiene una novia fea"; "¿Y eso qué tiene que ver?"; "Eso revela inseguridad".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de febrero de 2012