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Reportaje:

Alimentos españoles sin fronteras

Las ventas en el exterior compensan la caída de la demanda interna

Más de 30.000 empresas, de las que el 96% son firmas pequeñas o medianas; cerca de medio millón de trabajadores directos, que suponen el 17% del empleo industrial; unas ventas en los últimos años por encima de los 80.000 millones de euros (el 16% del total de las ventas de toda la industria), y una aportación del 7,5% al producto interior bruto (frente al 10,3% del turismo o el 6,2% de la automoción) constituyen algunos de los datos que figuran en la carta de presentación de la industria agroalimentaria.

Al igual que en el resto de los sectores económicos, la industria agroalimentaria también se ha visto afectada por la crisis de la demanda, con caídas entre el 1,5% y el 3% en volumen en los hogares y en la restauración, respectivamente, así como en los niveles de gasto a pesar de la bajada de los precios acometida por la gran distribución para mantener las ventas.

Los países asiáticos son una de las principales salidas para el futuro

Las exportaciones han crecido un 30% en los últimos cinco años

Pese a ello, se trata de una actividad que ha mantenido en este tiempo los niveles de facturación por encima de los 80.000 millones de euros. Y la causa más importante de este comportamiento se halla fundamentalmente en el comercio exterior, gracias al cual se ha compensado la caída del consumo interno, con un crecimiento de las exportaciones del 30% en los últimos cinco años, según los datos manejados por la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB). Como consecuencia de este fuerte crecimiento, España ocupa ya el tercer puesto entre los países exportadores comunitarios en el sector alimentario, con 16.776 millones de euros, por detrás de los 18.525 millones de Italia y de los 33.927 millones de Francia. Esta creciente presencia en el exterior tiene sus bases en el desarrollo de políticas comerciales en las que el sector invirtió 642 millones en 2010, una cifra cinco veces superior a la ejecutada el año anterior.

La mayor presencia en los mercados mundiales constituye uno de los objetivos prioritarios de las industrias, a través de la FIAB. Esa posición es compartida en medios de la propia Administración con competencias en materia agroalimentaria, donde el nuevo responsable del departamento de Agricultura, Miguel Arias, ha considerado las exportaciones agroalimentarias como uno de los ejes prioritarios de su actuación para esta legislatura.

En la actualidad, del total de las exportaciones agroalimentarias, el 79% se dirigen a los países de la Unión Europea, donde, por este orden, Francia, Portugal, Italia, Alemania y Reino Unido acaparan el 65% del total; el 7% se destina a los países latinoamericanos; otro 7% tiene como destino Asia; un 6%, Estados Unidos y Canadá, y el 5% restante, a los demás países de Europa.

De acuerdo con este mapa, el sector desarrolló una estrategia basada en el mantenimiento de las ventas en los países comunitarios, con el objetivo de consolidar y aumentar mercados importantes en volumen y precios -como EE UU y Canadá- y seguir abriendo mercados en Latinoamérica y, sobre todo, Asia, donde los niveles de crecimiento en los últimos años, aunque aún cortos en volumen, son muy importantes en porcentajes. En el último año, los mayores crecimientos -en torno al 50%- corresponden a China-Hong Kong, Brasil y Rusia, seguidos de otros como Japón, Corea del Sur y México, con aumentos entre el 20% y el 30%. Ha funcionado el Plan China y hoy está en marcha otro similar para India.

En los últimos años, junto al mantenimiento de las ventas en productos como carnes, todo tipo de bebidas o productos de la pesca, destacan las exportaciones históricas logradas en vinos, con 21 millones de hectolitros, y las 828.000 toneladas vendidas en aceite de oliva.

Junto al apoyo a las políticas de exportación, desde la industria agroalimentaria se hace una llamada a las autoridades nacionales para el desarrollo de una política más justa, que apoye un mayor equilibrio en la cadena alimentaria siguiendo las advertencias de la propia Comisión Nacional de la Competencia. Para la FIAB, el creciente peso de la gran distribución en la cadena alimentaria y la imposición, cada día más, de sus exigencias supone una rémora para la actividad de miles de pequeñas y medianas empresas hasta el punto de poner en peligro su supervivencia.

Basta señalar que seis grandes grupos de distribución suponen ya hoy el 60% de todas las ventas frente al 48,7% que representaban en 2003. Y hay más datos. Más del 83% de los fabricantes tienen más del 10% de sus ventas en manos de un solo distribuidor, mientras la marca blanca ha pasado de suponer una media del 22% de las ventas en 2003 a cerca del 40% en 2009, con el consiguiente impacto negativo en materia de precios o gastos de investigación e innovación.

Los diez mandamientos

Para consolidar y potenciar el papel del sector agroalimentario como motor para la recuperación económica y del empleo, desde la FIAB se reclaman a la Administración una serie de medidas encaminadas a lograr un sector más potente, con capacidad de liderazgo mundial, que conjugue el turismo, la gastronomía y la alimentación, y con el desarrollo de una cadena alimentaria equilibrada. Estas peticiones se concretan en el siguiente decálogo:

1. Una administración más eficiente y efectiva con un rango superior al actual, vía una Secretaría de Estado.

2. Relaciones equilibradas en la cadena alimentaria frente a los abusos de la gran distribución.

3. Un plan director de internacionalización a corto, medio y largo plazo.

4. Aunque la alimentación española es una de las más seguras del mundo, se reclama el desarrollo de una nueva normativa sobre seguridad alimentaria para proteger al consumidor, pero también a las industrias y evitar situaciones de inseguridad como el episodio de la bacteria E. coli.

5. Mayor impulso en alimentación y salud entre la iniciativa privada y la Administración.

6. Una Política Agrícola Común para toda la cadena alimentaria.

7. Un nuevo enfoque en la política de apoyo a la industria.

8. Creación de un nuevo fondo para fomentar la innovación y la investigación.

9. Una política de información que evite el confusionismo al consumidor.

10. El desarrollo de una política macroeconómica, reforma laboral, reactivación de la demanda, políticas de crédito y energéticas que faciliten el desarrollo de un sector competitivo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de enero de 2012

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