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Reportaje:FERNANDO VALLEJO | CREADORES

Los adjetivos del hijo pródigo

El escritor, gramático, científico y cineasta colombiano, premio FIL (antes, Juan Rulfo) de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México).

Fernando Vallejo, el escritor, el gramático, el científico, el cineasta, el amante de los perros, el colombiano que ama y repudia a Colombia, el hijo pródigo de su país y de la vida, el azote del Papa y de la Iglesia, el fustigador de Castro y de Chávez y de dictadores y de reyes (incluido el de España), es un hombre orgulloso, pero humilde, que pasea con su perra por el barrio de La Condesa, en México, donde vive desde hace cuarenta años con su pareja, el escenógrafo mexicano David Antón. Ese personaje con tantos adjetivos, al que este año se une el de premio FIL (antes, Juan Rulfo) de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, es en realidad, en la intimidad de su casa y de sus paseos, un hombre humilde que combate su mala vista con una lupa enorme y que nubla su nostalgia escuchando la música de José Alfredo Jiménez, a quien él considera mejor que Mozart. Su libro más conocido es La virgen de los sicarios, una excursión alocada por lo peor de la colina más difícil de Medellín, su pueblo, aunque quizá su obra más honda es un retrato de la madre (¿o de Colombia?) titulado El desbarrancadero. Un adjetivo para él lo halló su amigo Carlos Monsiváis, muerto este año: es una tarta llena de dinamita.

Juan Cruz es periodista de EL PAÍS.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de diciembre de 2011