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Reportaje:JOSÉ MARÍA MANZANARES | CREADORES

Nobleza y emoción

El alicantino bordó el arte del toreo durante una faena legendaria en la Feria de Sevilla. Fue el triunfo de la fiesta, el triunfo del toreo moderno.

Sábado de preferia en Sevilla. Día 30 de abril. Lleno en la Maestranza en tarde soleada. Cartel de lujo. Julio Aparicio, Morante y Manzanares, tres figuras de la modernidad taurina. Y una ganadería de postín, Núñez del Cuvillo.

Arrojado es el nombre del tercer toro, negro de capa, bonito de hechuras, cómodo de pitones y 500 kilos de peso. Y pronto expresa la calidad de su embestida, su nobleza extraordinaria, su alegría, su casta y su sedosa suavidad. Manzanares, su lidiador, un torero elegante, hecho de empaque y embrujo, henchido de ese misterio insondable que poseen los artistas.

Toro y torero se funden en una armonía de destellos. Arrojado es codicia, cadencia incansable y bondad infinita; Manzanares, la torería elevada a los altares, la solemnidad majestuosa, el son... Y surge el suceso del arte, una faena sublime, la emoción, el instante inexplicable y envolvente, el prodigio de la belleza. La felicidad irradia los tendidos de la plaza. Un pañuelo naranja decide que aquella escena deslumbrante figure en la historia.

Arrojado, paradigma del toro de hoy, se gana la vida, y Manzanares se erige en la figura del año. Es el triunfo de la fiesta; el triunfo del toreo moderno.

Antonio Lorca es crítico taurino en EL PAÍS.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de diciembre de 2011