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Reportaje:ELENA ANAYA | ESTRELLAS

La fuerza de la libertad

Aquella niña que debutó en cine a finales de los años noventa es hoy la arrebatadora mujer de La piel que habito, la última película del oscarizado Pedro Almodóvar.

Pequeña como un gorrión, pero fuerte y rápida como un águila. Pocas actrices de su generación tienen el arrojo de Elena Anaya. La niña que debutó en 1996 con África, de Alfonso Ungría, y Familia, de Fernando León de Aranoa, es hoy la mujer de La piel que habito, el desgraciado personaje de la última película de Pedro Almodóvar. Generosa, alegre y positiva, Anaya (Palencia, 1975) es de esas personas a las que le cuesta poner mala cara. Se pasó la infancia subida a un árbol y con un parche en la cara. Una malformación tiñó sus ojos de diferentes colores y así nació su expresividad única. Ya no es el momento de trepar por las ramas, pero cuando intuye que algo no funciona saca el delantal (también estamos ante una dotada cocinera) y se pone manos a la obra. Lo tiene todo y no se cree nada. Prefiere vivir a pie de calle para regalarnos su libertad dentro y fuera de la pantalla.

Elsa Fernández-Santos es periodista de EL PAÍS.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de diciembre de 2011