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Editorial:

Fundido en negro

La desesperanza define el estado de ánimo de los españoles tras el 20-N, tal como refleja la encuesta que este diario publica hoy. Un 96% considera que la situación económica es mala, un 94% entiende que falta aún mucho para salir de la crisis y, lo que explica mejor el desasosiego, un 74% teme que aún no se haya tocado fondo.

Mariano Rajoy llega al Gobierno con un incuestionable apoyo mayoritario que le facilitará tomar las difíciles medidas que la coyuntura exige. La encuesta confirma que la mitad de los españoles están dispuestos a realizar mayores sacrificios (entre sus votantes, la cifra alcanza el 65%). Un margen amplio para aplicar cualquier terapia de choque, que deberá repartir las cargas para evitar la desconsoladora impresión de que siempre pagan los mismos.

Los encuestados son severos con la supuesta apropiación indebida de fondos públicos por parte de Iñaki Urdangarin, pero siguen confiando en la Corona y aplauden masivamente la decisión del Rey de apartarle de los actos oficiales. Con todo, para un 59%, la justicia trata con deferencia al duque de Palma. Mala señal: las instituciones deben, y más en tiempo de zozobra, transmitir confianza.

Zapatero se va de La Moncloa con mala nota: el 53% desaprueba su gestión, y entiende que tampoco la historia le avalará. Y aunque la mayoría de los encuestados cree que Alfredo Pérez Rubalcaba debe abandonar, lo cierto es que los votantes de su partido quieren que les lidere y saque del pozo. Estos últimos, que apoyaban que Amaiur tuviera grupo parlamentario, han sufrido la primera decepción: el PSOE se abstuvo y dejó hacer al PP.

Aunque más de la mitad se sientan más españoles que europeos, apoyan mayores poderes para Bruselas. Lo que se exige es mayor liderazgo. Actuar, y hacerlo ya, es el mensaje implícito a Rajoy. Esta semana toma las riendas del país: no puede combatir el abatimiento demorando sus políticas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de diciembre de 2011