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Análisis:ANÁLISIS
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Londres cree en una UE fuerte y unida

En la última semana se ha escrito mucho sobre por qué David Cameron ha decidido no dar su apoyo a las propuestas de Alemania y Francia de crear un nuevo Tratado Europeo, y en qué posición deja esto a Reino Unido en relación con la Unión Europea.

En el discurso que pronunció el pasado 12 de diciembre ante la Cámara de los Comunes (ukinspain.fco.gov.uk/es), el primer ministro hizo hincapié en que el Gobierno británico no pretendía impedir u obstaculizar los intentos de salvar el euro, ni mucho menos exigir una compensación a cambio de dar su conformidad a un paquete de medidas de rescate. Para Reino Unido, al igual que para el resto de los Estados miembros de la UE, es muy importante que se consiga la estabilización del euro. Siendo la eurozona el destino de más del 40% de nuestras exportaciones, la prosperidad de los ciudadanos británicos y de las empresas británicas depende de ello. Es evidente que los mercados quieren garantías de que el cortafuegos de la eurozona es suficientemente amplio, que los bancos europeos se están recapitalizando de forma adecuada y que los problemas en países como Grecia se han abordado correctamente. También está claro que esto requiere una mayor integración fiscal de los países de la eurozona. Pero, al igual que los demás, tenemos unos intereses nacionales legítimos que proteger, en especial, los principios y el funcionamiento del mercado único europeo.

Para Reino Unido es vital la estabilización de la zona euro, destino del 40% de nuestras exportaciones
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Entonces, ¿qué es lo que pedía David Cameron la semana pasada?

Lo primero, una garantía de que las nuevas medidas de gobierno económico y fiscal no tengan como consecuencia que los países de la eurozona actúen entre ellos en temas que son de la competencia de todos los países miembros y que podrían perjudicar al Mercado Único. Esto no es solo de interés para Reino Unido, tal y como pusieron de manifiesto Van Rompuy y Barroso a principios de esta semana en el Parlamento Europeo.

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En segundo lugar, una garantía de que la integración fiscal de los países de la eurozona no derive en una regulación financiera en la que nosotros no tengamos ni voz ni voto. Las instituciones financieras generan el 10% de nuestro PIB, el 11% de la recaudación tributaria y un millón de puestos de trabajo. Son un pilar para nuestra economía y es normal que queramos protegerlas. También estamos convencidos de que va en el interés común de todos los países de la UE el que lo hagamos. Los servicios financieros no solo benefician a Reino Unido: son un imán para atraer capital procedente de fuera de nuestras fronteras comunes, capital que se invierte en proyectos que generan empleo y crecimiento en toda la Unión Europea.

Cualquier sugerencia de que el Gobierno británico pretendía impedir que se regulen las instituciones financieras ignora la realidad. Tras la Comisión Vickers sobre banca, se están diseñando en Reino Unido nuevas normativas más estrictas y el Gobierno británico se ha comprometido a introducir un nivel de capital por encima de la cantidad requerida por el acuerdo de Basilea. No queremos que unas medidas de la eurozona obstaculicen una regulación más estricta en Reino Unido.

Reino Unido seguirá siendo un miembro activo y de pleno derecho de la Unión Europea y su pertenencia a la UE continúa siendo crucial para el interés nacional. Tenemos plena intención de continuar estando a la vanguardia del impulso de la reforma económica a nivel europeo. Les hemos presentado a nuestros socios europeos un proyecto de reforma ambicioso, cuyos objetivos son: la conclusión del Mercado Único a través de una mayor liberalización del sector de servicios y del mercado digital europeo; reducir el coste de hacer negocios para facilitar a la empresa su creación, desarrollo, inversión y generación de empleo; hacer que Europa sea el número uno en innovación; y liberalizar el comercio internacional. Existen estudios que demuestran que la conclusión del Mercado Único implicaría un ahorro anual de 4.200 euros en cada hogar medio europeo. Si abrimos nuevos mercados y reducimos las barreras al comercio entre la UE y el resto de mercados dinámicos, la UE podría generar 5,2 millones de puestos de trabajo, más de los que se perdieron en la recesión. Esto, creemos, es lo que quieren los ciudadanos europeos.

Giles Paxman es embajador de Reino Unido en España

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