Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:

Segregación de parque temático

El chismorreo y una anécdota escatológica, que abre un enigma en el relato antes de desvelarse y propulsar el clímax final, se revelan eficaces armas de concienciación en la lucha por los derechos civiles en Criadas y señoras, ambiciosa women's picture con evidente hambre de Oscar. La película tiene su talón de Aquiles en la extremada estilización que aplica sobre un proceso histórico que el director prefiere reciclar a través de una muy contemporánea épica de la autoafirmación. En el primer tramo del metraje, una frase casual sobre la futura consideración del tabaco delata, sin querer, esa debilidad que condiciona la credibilidad del conjunto: la película no transcurre en Jackson (Misisipí) en los años sesenta, sino en algo parecido a su transformación en parque temático para uso y disfrute del visitante contemporáneo.

CRIADAS Y SEÑORAS

Dirección: Tate Taylor.

Intérpretes: Emma Stone, Viola Davis, Octavia Spencer, Sissy Spacek, Jessica Chastain, Bryce Dallas Howard.

Género: drama. EE UU, 2011.

Duración: 146 minutos.

Adaptación del best seller publicado por Kathryn Stockett en 2009, la película de Tate Taylor dibuja un mapa de la segregación y el racismo en colores pastel, colocando, en un extremo, a su elenco de criadas afroamericanas con el dolor grabado en sus miradas sufrientes y, en el otro, al correspondiente grupo de arpías que se dirían cultivadas a partir de un injerto de la Sharpay Evans de la saga High School Musical. Sería injusto no mencionar que Bryce Dallas Howard protagoniza un espectacular cambio de registro en este último apartado, encarnando al personaje más desagradable de la función, y que, en el equipo golpeado (pero, finalmente, triunfante), Viola Davis y Octavia Spencer libran un pulso por la estatuilla a la mejor actriz de reparto.

Con todo, lo más interesante está en las caracterizaciones que logran trascender el arquetipo. Resulta curioso que, en una película que hace bandera de su conciencia racial, los matices no beneficien a ningún personaje afroamericano. Por su parte, Jessica Chastain confirma su liderazgo como gran actriz revelación del año -tras su labor en El árbol de la vida y la aún inédita en España Take shelter-, dando vida a una vulnerable figura marginada en el seno de su comunidad; y Sissy Spacek paladea con contagioso placer uno de esos papeles que espolean la identificación catártica del respetable.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de octubre de 2011