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Tres estudiantes, heridos en los ojos por una novatada en Santiago

A los jóvenes les arrojaron detergente en la cara durante una fiesta

Santiago de Compostela

El Código Penal las contempla como un delito contra la integridad moral. Pueden llegar a considerarse tortura. Sin embargo, esto no evita que las novatadas, la terrible costumbre de recibir a los nuevos de los colegios mayores con mofas, pruebas y juergas de todo tipo, estén aún arraigadas. Esta semana, esta práctica ilegal alcanzó un extremo intolerable y peligroso en Santiago de Compostela. La madrugada del jueves, tres estudiantes recién instalados en el Colexio Maior San Agustín, una residencia privada del casco histórico de la ciudad, fueron atendidos en el Complexo Hospitalario Universitario de Santiago por lesiones en los ojos causadas por el contacto con un detergente muy tóxico que alguien les arrojó en plena calle en una novatada.

Dos de los chicos tuvieron que ser operados para evitar daños irreversibles

Uno de los chicos fue dado de alta la misma noche, pero los otros dos, con lesiones más graves, tuvieron que ser operados para evitar daños irreversibles en la vista. Ambos se recuperan en sus casas junto a sus familias. Por el momento no consta que ninguno haya denunciado los hechos.

Este es el primer curso en el que las novatadas están prohibidas dentro de las instalaciones de San Agustín. Obligar al nuevo a pasearse con ropa interior en la cabeza o a beber un mejunje de misteriosos ingredientes puede acarrear la expulsión. Pero al cruzar la puerta de la calle la cosa cambia. "Lo que se hace fuera del colegio la dirección no lo puede controlar", admite Alejandro Rodríguez, decano de los colegiales.

Todos los años, los estudiantes suelen reunirse en la Plaza do Irmán Gómez para festejar a cuenta de los nuevos. Allí pueden juntarse hasta unas 400 personas. Al encuentro del miércoles acabó llegando la Policía, alertada por las llamadas de los vecinos, incapaces de conciliar el sueño con tanto ruido. En plena calle, veteranos y novatos celebraban una batalla, un verdadero combate entre nuevos y experimentados que básicamente consiste en regar al novato con leche, huevos, salsa de tomate o harina. "No hay ninguna maldad en el acto. Nunca se había llegado a este tipo de situaciones", se escuda Rodríguez, una de las personas que acompañó al hospital a los tres jóvenes heridos. El decano de los colegiados explica que los médicos colocaron a los dos chavales con lesiones más graves una especie de telilla orgánica que favorece la cicatrización. Asegura que nadie se dio cuenta de que entre los alimentos usados para la pelea, aparentemente inofensiva, había un producto corrosivo que contenía sosa cáustica y en cuya etiqueta se informa de que su uso irresponsable puede ocasionar daños en piel y ojos. "No sabemos a quién se le ocurrió usar el detergente. Fue un descerebrado", esgrime Rodríguez mientras muestra uno de los envases que los propios estudiantes encontraron mientras recogían los restos de la juerga paralizada por los agentes.

Fue también al final de la fiesta cuando los heridos empezaron a notar las primeras molestias en los ojos. Los tres lesionados estudian su primer año de carrera en la Universidad de Santiago y se alojan en el colegio mayor, gestionado por la Compañía de Jesús, desde hace tan solo unas semanas. El Hospital ya ha abierto un parte judicial por lo ocurrido, aunque todavía se desconoce si la residencia emprenderá alguna acción legal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de octubre de 2011