Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
CARTAS AL DIRECTOR

Tortura cómplice

La propuesta de abolición taurina de Cataluña fue el resultado de la recogida de 500.000 firmas. Sí señor, medio millón de personas firmaron que no querían ser cómplices de la tortura de esos animales. Y la ley dice que con ese cupo de firmas se puede presentar una ILP al Parlamento para que se procese, si así es aprobado, por el Parlamento, como ley.

Si después hay personas que desean convertir este paso adelante en la civilización en un triste enfrentamiento entre nacionalismos (catalán versus español), pues solo conseguirán demostrar que seguimos inmersos en nuestras tristes pequeñeces de seres incapaces de pensar que no somos los amos del planeta. Que otros animales lo habitan como especie desde antes que nosotros y que no tenemos ningún derecho a utilizar su tortura y muerte como espectáculo.

Consideramos que estamos más civilizados que los romanos, aquellos que echaban cristianos a los leones. Pero, la única diferencia es que ahora hacemos lo mismo, con seres de otra especie. ¿Quién nos ha dado ese derecho? - Juan Casanova. Badalona, Barcelona.

A propósito de la prohibición de los toros en Cataluña, me gustaría llamar la atención sobre el hecho de que sus opositores suelan emplear el término "tortura" como uno de sus principales argumentos. En mi opinión, la tauromaquia tiene mucho más de combate equitativo aunque cruel -y no exento además de arte y de nobleza-, que de tortura. Lo que sí es una tortura sin paliativos, por ejemplo, es el cobarde lanceo del toro de Tordesillas por una turba de primates que se autodenominan humanos.

Y no digamos ya el modo espantoso y generalizado que los humanos tenemos de tratar a millones de pollos, terneras, o cerdos de granja, condenados a vidas y muertes auténticamente espantosas y que nos tendrían que avergonzar a todos. Antes que prohibir hipócritamente la fiesta de los toros deberíamos reflexionar sobre el trato ignominioso que dispensamos a millones de animales cuyo atroz sufrimiento preferimos ignorar, pues solo nos interesa consumir su carne perfectamente troceada y empaquetada. - Alejandro Paradis . Castelldefels, Barcelona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de septiembre de 2011