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El Ayuntamiento liquida la villa romana de la Sagrera entre críticas

Jordi Hereu y Jordi Portabella reprochan las "prisas" por tapar el hallazgo

Mientras la destrucción de la villa romana de la Sagrera avanzaba inexorable, con los operarios desmochando muros con pasión de cohors fabrorum (los ingenieros de las legiones) oppido expugnando (asaltando ciudades), ayer surgieron nuevas voces desde la arqueología y la política para deplorar que se arrase el yacimiento, condenado por las obras de construcción de los accesos a la nueva estación del AVE. Y también para criticar que se haya "minimizado" su importancia e, incluso, que se haya "engañado" al ciudadano acerca de las ruinas. En sorprendente contraste con la opinión expresada por las autoridades municipales y sus arqueólogos, que manifestaron el miércoles que los restos no precisaban ser conservados salvo unas pocas excepciones trasladables como el gran mosaico, y relativizaron hasta casi el sonrojo el valor patrimonial de la villa, una arqueóloga de tanto prestigio como Isabel Rodà, directora del Instituto Catalán de Arqueología Clásica (ICAC), declaró sin ambages a este diario lo contrario, haciéndose eco del sentir de muchos otros profesionales.

Preocupación por la falta de transparencia con los restos

"Es la villa romana del llano de Barcelona, la única que se puede ver", recalcó. "Un yacimiento importante, con baños, muy goloso. No se puede menospreciar. Sin duda, se tenía que haber conservado si se hubiesen hecho bien las cosas y se hubiera previsto un hallazgo que, en realidad, no ha sido una sorpresa".

Rodà explicó: "Se sabía que tenía que haber algo, por la topografía: una zona llana junto al río, excelente para la agricultura, con los buenos vinos que se hacían aquí. Y, además, nos habían alertado algunos hallazgos concretos. Hace tiempo que se sabía lo del AVE y se tendría que haber excavado entonces, cuando aún podía haberse modificado el proyecto. Ahora, por supuesto, es tarde. No podemos permitirnos los millones que costaría cambiar las cosas. La villa está condenada. Cuando pienso que se podía tener una villa romana junto a la estación, ¡vaya lujo! Ha de servir de escarmiento. ¡Prevención, prevención, prevención!".

A la pregunta de si podemos permitirnos perder la villa romana de la Sagrera, la arqueóloga respondió con meridiana claridad: "No, no nos lo podemos permitir, pero nos lo tendremos que permitir. Las cosas están como están". Rodà opina que no hay que ser maximalistas, "talibanes", dijo, "por ninguno de los dos lados, ni por el de destruir ni por el de conservar a ultranza, pero el valor de la villa, pese a que no sea algo unicum, digno de figurar en el patrimonio de la humanidad, es incontestable".

Las "prisas" con las que se ha anunciado que el mosaico se trasladará y que las obras proseguirán -en realidad no se han parado- no han gustado nada a dos partidos de la oposición municipal: PSC y UpB.

Jordi Hereu, uno de los más firmes defensores de la estación de la Sagrera y el menos dispuesto a que se alarguen más las obras, considera que se ha producido "cierta precipitación y oscurantismo". Los socialistas mantienen que en ningún momento han sido informados por el gobierno de Xavier Trias del hallazgo y que han actuado para justificar la decisión ya tomada. "No quiero decir que hubiéramos llegado a la misma conclusión, pero no estamos de acuerdo en que se minimice el hallazgo", expresó la portavoz del grupo socialista, Assumpta Escarp.

Jordi Portabella, presidente de Unitat per Barcelona (UpB), va más lejos y cree que se podría mantener el yacimiento haciéndolo compatible con la futura estación. El líder independentista afirma que se ha actuado mal, que es necesario pedir más opiniones de expertos y plantea una segunda fase de las excavaciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de septiembre de 2011