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Editorial:

Impuestos de campaña

El PP cree que bajarlos crea empleo y el PSOE lleva meses amagando con una reforma

Lo peor del patinazo del portavoz del PP, Esteban González Pons, anunciando que Rajoy aspira a crear 3,5 millones de empleos, es la argumentación que lo sostiene. Rajoy ya prometió en 2008 crear 2,2 millones de puestos de trabajo. En 2008, es decir, cuando los síntomas de la crisis que no supo reconocer Zapatero tampoco fueron bien valorados, a juzgar por ese compromiso, por el candidato popular.

La única explicación es que pensara que si él ganaba, la crisis que agobia a la economía mundial no afectaría a la española. Su propuesta contra ella fue muy pronto la convocatoria de elecciones anticipadas, que le permitieran reeditar las recetas de 1996: bajar impuestos para estimular el crecimiento. La realidad fue distinta: el crecimiento, que se había iniciado antes de la victoria de Aznar, aumentó los ingresos y ello permitió bajar los impuestos. Pese a lo cual, el mito ha seguido formando parte del discurso del PP: reducir la carga fiscal es la condición para estimular la iniciativa empresarial, y además contribuye a reducir el déficit.

Pero es un argumento más ideológico que técnico. En crisis como la actual, en que lo urgente, reducir el déficit, compite con lo necesario, estimular la recuperación, hay que encontrar un equilibrio entre ambos objetivos. Centrar todo el esfuerzo contra el déficit en el recorte del gasto puede resultar inviable socialmente, como ahora están comprobando las Administraciones autonómicas. Una alternativa sería aumentar los ingresos subiendo los impuestos, para lo que España, con menor carga impositiva que sus vecinos, tiene margen. Además, la subida de impuestos puede aventajar a la reducción del gasto en que los ingresos adicionales aumentarán la demanda pública en medida mayor a lo que disminuirá el consumo privado, pues una parte de la reducción de dinero en manos de las familias se traducirá en menos ahorro.

El Gobierno lleva meses amagando con una reforma de la fiscalidad, pero estaba dividido sobre el momento de hacerlo y sobre qué tributos modificar. Zapatero, Salgado, Blanco, y también Rubalcaba, han exhibido matices distintos sobre el rescate del impuesto del patrimonio: cuándo, desde qué nivel de riqueza. Blanco avanzó que se aprobaría en el Consejo de esta semana, en lo que estaría de acuerdo Rubalcaba. Ya está en la agenda.

A falta de conocer el mínimo exento, la recuperación del impuesto de patrimonio para los patrimonios más altos deja pendiente la reforma que nadie aborda por temor a deslocalizar empresas y capitales: reducir la excesiva diferencia entre los tipos del impuesto de la renta (IRPF) y sociedades sin más precisión, lo que permite a contribuyentes de mayor renta utilizar sociedades patrimoniales para tributar menos que trabajadores por cuenta ajena con ingresos muy inferiores. Seguramente habrá que subir los impuestos, pero mejor dentro de una reforma de conjunto que aumente la eficiencia y equidad de todo el sistema.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de septiembre de 2011